Mexicali: Otro Acapulco

Foto: Internet/Camioneta donde viajaba Manuel Díaz Lerma y escoltas
 
Dobleplana Lunes, 16 Julio, 2018 12:00 PM

Los jefes de las policías en Mexicali ni guardaespaldas traían. Cuando mucho su chofer y a veces ni tal. A unos les gustaba traer fajada la pistola. A otros les bastaba el uniforme o se les respetaba simplemente por su estampa de harto conocidos. Viví 10 años en Mexicali. Hasta 1974. Entonces puro experto encabezando la Policía Judicial del Estado. Empíricos. Hechos hasta lo capaz desde “…choferes del señor gobernador o el Comandante”. Y en la municipal personas muy serias. Sin antecedente en la corporación pero nada de andar “faroleando” colgándose tantas insignias como Porfirio Díaz. Solamente uniforme modesto y además respetado. Los jefes policíacos eran muy conocidos. También sus familias. Entonces la esposa ni los hijos tenían guardaespaldas ni choferes. Si acaso alguno vigilando la casa pero no pasaba de allí. Por eso no se sabía sobre relaciones con los delincuentes. Entonces el narcotráfico navegaba en total discreción hasta el punto de no saberse quiénes eran los protagonistas. Pero todo fue cambiando. Ahora en Mexicali los mafiosos rompieron con esa tradición de tranquilidad. Y el ataque al Secretario de Seguridad Pública, Manuel Díaz Lerma, resulta un hecho jamás visto en la República Mexicana: Aproximadamente 20 sicarios disparándole a su camioneta y escoltas a lo largo de cuatro cuadras. Ametralladoras, granadas y bazuka. Los mexicalenses estremecidos durante este sexenio elorduyista por las ejecuciones, siempre consideraron a Tijuana la Ciudad más violenta de Baja California. Pero ahora y en los hechos resaltó sorpresivamente el impresionante ataque de la mafia.

Manuel Díaz Lerma

Poco después de la balacera debí viajar a la Ciudad de México. Mis compañeros de ZETA me mantuvieron informado. Detalle a detalle. Pero expertos en la Capital del país con quienes platiqué comentaron insistentemente sobre el hecho. Conocedores del movimiento mafioso consideraron como primer motivo una posibilidad: La de no haber cumplido el Gobierno del Estado o particularmente el Secretario en tratos con la mafia. Me hicieron la siguiente observación: Los narcotraficantes se han dedicado en los últimos meses a matar policías o jefes de corporaciones. Sucedió en Michoacán. Muchos en Nuevo Laredo. No tantos en Monterrey y, lo más impresionante, Acapulco. Entonces me dijeron: Casi en todos los casos se trataba de policías en acuerdo con los narcotraficantes. Pero desgraciadamente para ellos, no habían cumplido con el pacto. Quedé sorprendido al oír: En los telediarios se vio a un policía de Acapulco rematar a un narcotraficante herido. Pues tal oficial estaba también en arreglos con los mafiosos. “Por eso le cortaron la cabeza”. Y la interpretación a tal decapitación fue: Así como el disparo fue en ese lugar, entonces le desprendieron tal parte del cuerpo. Y el cartón donde escribieron “…para que aprendan a respetar”, tiene su significado real: Los policías fallaron al acuerdo con los narcotraficantes hasta el punto de excederse. Prácticamente les pagaron con la misma moneda. Y el motivo del agente para rematar al mafioso se tantea como una forma para silenciarlo. De haber sido llevado al hospital y de recuperarse, entonces declararía sobre los acuerdos con los policías.

Hay otros episodios donde los jefes policíacos son honestos. No quieren nada con la mafia. Así pasó en Monterrey y con algunos de Nuevo Laredo. El caso del Licenciado Federico Benítez en Tijuana es ejemplar. Su rechazo al pacto le costó la vida. También por eso mataron al comandante de Michoacán. Pero en estos casos los expertos me dijeron: Seguramente agentes apalabrados con los narcotraficantes, les dijeron haber recibido órdenes de sus jefes. Esto a pesar de las advertencias de no enfrentarse a los mañosos. Así, en muchas partes del país la mafia se ha empeñado en ejecutar a comandantes de las policías. Y en algunos casos los asesinatos son simplemente una advertencia para los demás o quienes vayan a suplirlos.

Las referencias me estremecieron. Pero también consideré. El Gobernador del Estado debe solicitar la renuncia a Manuel Díaz Lerma y Antonio Martínez Luna, Secretario de Seguridad Pública y Procurador de Justicia del Estado. Esta consideración tiene su razón:

Foto: Archivo/Antonio Martínez Luna

1.- Ninguno de los dos ha podido frenar el narcotráfico y secuestros en Baja California en los últimos años.

2.- Eso es una muestra evidente de incapacidad. Sus continuas declaraciones de “no vamos a bajar la guardia”, es expresión de indudable devaluación. Tantas veces dicha y jamás cumplida ha dejado de ser creíble.

3.- Ahora Díaz Lerma y Antonio Martínez Luna, incluyendo al Gobernador del Estado, estarán más preocupados por no ser atacados. Esto indudablemente los desgastará y su rendimiento será menor en las oficinas. El miedo les abrazará.

4.- El Gobierno del Licenciado Eugenio Elorduy, a estas alturas y con ataques tan impresionantes como el de Díaz Lerma, sólo causan mayor desconfianza popular. Y esto puede reflejarse indudablemente en las próximas elecciones.

5.- Sigue siendo urgente una “limpia” en las policías. El propio Díaz Lerma reconoció ante ZETA la existencia de corrupción en las corporaciones. No es la primera ocasión cuando lo dice. Pero nunca ha ido de las palabras a los hechos.

6.- Supongo: De no solicitar la renuncia a Díaz Lerma y Martínez Luna, seguirá el peligro de más ataques. Pero lo más peligroso: Tijuana y Mexicali pueden convertirse en otros Nuevo Laredo o Acapulco.

7.- Dejar las cosas como están y realizar una investigación sin capturar, como siempre a las cabezas, no solucionará en nada la peligrosa situación de Baja California.

Foto: Internet/Eugenio Elorduy Walther

8.- No tiene caso solicitar la presencia de la Policía Federal Preventiva. Ya hemos visto en otras ocasiones el resultado. Se necesita en este caso de mayor inteligencia y menos fuerza. No dudo de la inteligencia. Pero de nada sirve cuando hay un acuerdo de por medio con los mafiosos.

Indudablemente éste es uno de los momentos más delicados en el gobierno del Licenciado Eugenio Elorduy. Y en este caso necesita dos cosas: Primero, dejar de pedir auxilio para buscar a los culpables. Está visto: Lo ha hecho muchas veces y lejos de tener una solución verdadera, los problemas han ido en aumento. Aparte se demostró claramente la incapacidad de las policías bajacaliforniana.

Segundo, buscar a los cómplices en las mismas corporaciones a sus órdenes. Así se acabará el motivo y no la consecuencia. De otra forma, si las condiciones siguen como hasta la fecha, crecerán las sospechas de un gobierno entrampado con el narcotráfico. Y paralelo a esa creencia, la imparable y mortal acción de sicarios y secuestradores. Elorduy necesita ser decisivo y mostrar la energía antes afamada. Tener la posibilidad de pedirle ayuda al Presidente por ser amigos desde el pasado refleja una realidad: El gobierno federal no ha podido enfrentar los problemas de Acapulco y Nuevo Laredo. Entonces menos para Baja California.

 

Tomado de la colección “Dobleplana” de Jesús Blancornelas, publicado el 28 de abril de 2006.

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