“Los Hijos También Lloran” conectó con el público

Fotos: Jorge Dueñes/La historia autobiográfica se ubica en 1985
 
Espectáculoz Lunes, 9 Julio, 2018 12:00 PM

Conectar a un nivel muy personal con el público, reflejar una historia particular y encontrar la resonancia en la historia propia de cada quien, es el objetivo principal de la puesta en escena “Los Hijos También Lloran”, un trabajo biográfico del actor Andrés Zuno que, a lo largo de hora y cuarenta minutos, cuenta qué sucedió el día que se quedó sin padre cuando él tenía 5 años de edad, qué sucede durante el hecho, el entorno familiar que se vivía en ese momento y el impacto que dejó en la vida del histrión.

“Es el punto de partida de un actor que se planta en un escenario y a manera de monólogo va a repasar este episodio (la muerte de su padre), en la puesta teatral se planta en el escenario y al empezar a contar la historia descubre que para contarla, la tiene que transitar, tiene que volver a emprender ese viaje”, comentó Zuno.

1985, el interior de la casa, el hijo de 5 años está solo en su hogar, en una pequeña estancia donde hay un tocadiscos, una televisión, discos de acetato, casetes, juguetes, etcétera. El hijo enciende el tocadiscos y coloca un LP que arranca en una revolución acelerada y se escucha como la música de “Las Ardillitas”: lo apaga y lo vuelve a colocar, esta vez de manera correcta. El disco gira, la música inicia, el hijo baila y canta la música ochentera que sale de las bocinas, completamente entregado a la emoción.

Y es entonces que su madre, una mujer de 24 años, llega para darle la impactante noticia. De alguna manera busca hablar con el pequeño que en ese momento solo  dibujaba una sonrisa en el rostro, pero en segundos eso cambió: “Tu papá se murió”, dice la madre. “No es cierto, no estaba enfermo, nunca me llevaste al hospital, la gente muere cuando está enferma y va al hospital”, le responde el hijo.

Con este inicio, la gente comienza a engancharse en una historia conmovedora con pasajes reales, en un México de los años ochenta, entre imágenes icónicas de ese tiempo, canciones representativas, telenovelas populares, grupos y artistas, de los cuales algunos siguen vigentes, y una narrativa real. Tan real como el terremoto que azotó Ciudad de México en 1985.

Después de buscar la razón por la cual el padre había muerto, si en un accidente, si lo habían asesinado o si lo confundieron con otra persona, el hijo sigue haciéndose la misma pregunta: “Cómo se muere la gente”, obteniendo la misma respuesta de su madre: “Cierran los ojos, y dejan de respirar”.

La obra cerró su primera temporada en Tijuana, a fin de brindar un descanso a sus actores, entre estos Montserrat Marañón, Pablo Perroni y Hamlet Ramírez, quienes adentraron al público fronterizo en un vaivén de emociones, entre la risa y la reflexión, con momentos intensos que se suavizaron cuando a través de la historia se hizo referencia a alguna telenovela, o pasando de la actuación al baile y después al canto.

Cabe destacar el trabajo de Ludwika Paleta, que pasa de un personaje a otro en cuestión de segundos, de ser la mamá, a alguna actriz y sentirse sumamente triste, para luego mostrarse alegre sin perder la esencia del personaje.

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