La caída

Foto: Internet/Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas
 
Opinionez Lunes, 2 Julio, 2018 12:00 PM

El punto de quiebre fue la sucesión presidencial de 1988. Aquella fue una disputa por la nación y el futuro económico de los mexicanos, que se dio en el seno del partido de Estado, entre el bando nacionalista, encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas, y el bando neoliberal, dirigido ya con toda claridad, por CSG. Dicha disputa fue hasta las últimas consecuencias, que se actualizaron cuando el régimen se vio obligado a realizar un fraude para evitar el sorprendente triunfo de Cárdenas.

Ganaron los neoliberales, pero mermados después de la fragorosa batalla política, debido a la carencia de legitimidad por la forma fraudulenta del arribo. CSG tuvo que conceder que el bando nacionalista, escindido del PRI, formara su propio partido, el de la Revolución Democrática, y la abolición del régimen político de partido de Estado que tanto le habría servido para la implantación inmediata del neoliberalismo. Fue entonces cuando se dio paso al surgimiento del régimen de partido hegemónico, que poco a poco fue cediendo espacios de poder en esa búsqueda de legitimidad a un nuevo actor, que por concertación se incorporaba al bando neoliberal con propia marca, el PAN.

Al PRD le toco palo y fraude en esa etapa. Elección tras elección se le hacía trampa y se le demonizaba desde las plumas y las cámaras del régimen; su consolidación fue realmente heroica, pues arrancó de ese enfrentamiento desigual, la defensa de los recursos petroleros y el incremento de los estándares democráticos mexicanos.

La oposición que el PRD protagonizó en defensa de los intereses nacionales, de 1989 a 2012, permitió que el fin de la historia no llegara a México en forma de condena perene de un régimen neoliberal castigador de las esperanzas de permeabilidad social. Durante esos años, el sol azteca conquistó espacios de poder importantísimos: ganó gobiernos de estados de la República, entre ellos el de la capital mexicana, evento que permitió la renovación generacional exitosa del grupo encabezado por Cárdenas que ya había fracasado en dos intentos presidenciales más. Dicha renovación llegó como vendaval político en la figura sui generis de un político provinciano, provisto de una determinación titánica; de una capacidad comunicacional inimaginable en el colectivo político nacional; de un carisma muy asimilado a lo mexicano y de una eficacia para gobernar y mandar, basada en la frugalidad, la claridad de objetivos sociales y el pragmatismo.

Andrés Manuel López Obrador encabezó en 2006, la segunda oportunidad real del bando nacionalista de conquistar el poder y redireccionar el rumbo económico del país, pero nuevamente el fraude electoral neoliberal se impuso, sin que floreciera de este segundo fraude, ninguna esperanza como había sucedió con el surgimiento del PRD, después de 1988; sino, más bien, tiempos brumosos que se distinguieron por la consolidación de un régimen oligárquico que multiplicó la pobreza en México y como consecuencia, la inseguridad de los mexicanos; que se apoderó de los políticos y sus partidos, incluyendo a un PRD reconvertido en espacio de burócratas partidistas, envilecidos por las mieles del poder y el cansancio de la lucha.

Después del fracaso amlista de 2012, las elites del sol azteca se descararon y echaron de él, a los gigantes que lo habían formado. Esos fueron los años más obscuros para el bando nacionalista que se había quedado sin partido que le diera vida electoral y con una figura política poderosa, pero desgastada después de años de disputas electorales, marcadas por la inequidad y la difamación mediática orgánica. Pero como sucede en las grandes narrativas épicas de la historia y la literatura, de los escombros, AMLO reconstruyo las expectativas electorales del bando nacionalista, que después de 30 años de caminar sobre fuego, con un nuevo partido unifica transversalmente a la sociedad, y se apresta sorprendentemente a derrotar categóricamente a un régimen neoliberal envuelto en escándalos de corrupción y violencia sin precedente. Tiempos de cambio nos han alcanzado con una lección de vida. La perseverancia es la madre de todo éxito personal o colectivo. ¡Viva Morena! ¡Viva ya sabe quién! ¡Viva México!

 

Jesús Alejandro Ruiz Uribe es Doctor en Derecho Constitucional, ex diputado local, rector del Centro Universitario de Tijuana en el estado de Sonora y coordinador estatal de Ciudadanos Construyendo el Cambio, A.C. Correo: [email protected]

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