En la farmacia


 
En Zerio Lunes, 2 Julio, 2018 12:00 PM

Una mujer medio llenita llega a una farmacia y pregunta al dependiente:

— ¿Tiene remita Lamisil, para ponerme en la cola?

“Sí tengo, pero se pone en los pies”.

— Ya sé tonto, ¡pregunto si tiene para formarme en la fila!

Autor: Boticario.

 

Marido observador

Una chica con una falda muy ajustada intenta subir al autobús, pero la prenda se le sube y deja a la vista su ropa interior.
Una mujer que esperaba en la parada dice a su marido:

¿No te parece lasciva y obscena la forma en que los hombres miran a la chica que se está subiendo al autobús?

“¿Cuál autobús?”, responde el hombre.

Autor: Chofer de autobús.

 

Solicitud de empleo

Soy una persona seria, responsable, emprendedora, altruista, trabajo en equipo…

“Usted dibujó una casita con un árbol en el currículum…”.

¡También pinto!

Autor: Desempleado.

 

Asociación de preguntones

— Hola, ¿esta es la Asociación de Preguntones?

“Sí, ¿por qué?”.

¿Por qué, qué?

“¡Qué crack! ¡Pasa!”.

— No sé. ¿Paso?

“Eh?”.

¿Eh?

Autor: ¿Alguien sabe?

 

Cena en Palacio Real

En la mesa de la cena de celebración del cumpleaños del rey, se encuentran personalidades de la realeza, la política, la nobleza y dos parejas de mexicanos invitados: José Antonio Meade y Ricardo Anaya, con sus respectivas esposas.

Deslumbrada por el lujo de la mesa, Juana dice a su marido:

Pepe Toño, mira qué cubiertos más monos, de oro puro con brillantes y esmeraldas. ¡Anda, por fa, guárdame uno de recuerdo! Debo tener uno de esos para nuestra casa.

“Pero, por favor…”.

¡Ni por favor ni qué nada! Tú agarras un cubierto ahora mismo.

“Bueno, bueno, no te pongas así”.

Así que disimuladamente, el priista agarra un cuchillo y lo guarda en el bolsillo interior de su saco. Justo enfrente del matrimonio Meade, se encontraban Anaya y su esposa Carolina, quienes atestiguaron la hazaña. Ella ordena a su marido:

A ver Ritchie, cariño, agarra tú uno para mí.

“Pero por el amor de Dios, ¿cómo voy a hacer eso?”.

Tú también. Y no me discutas…

“Bueno, lo que tú digas”.

Con el mismo disimulo que Meade, Anaya se dispone a tomar el cuchillo, pero su mano tonta le traiciona, con la mala suerte que el cuchillo golpea varias veces una copa. Clin, clin, clin…

Se hace un silencio y, sonrojado sin saber que hacer, el del PAN se levanta y para salir del paso, alza la copa y dice:

“Brindemos por Su Majestad el Rey de España, porque cumpla muchos más. ¡Felicidades, Majestad!”.

Todos brindan y Mariano Rajoy se siente aliviado.

La esposa de Anaya  reprocha:

De verdad, Ricky, qué torpe eres, pero no me quedo sin mi cuchillo, así que ya lo puedes ir buscando, ¿eh? A ver qué tan canallín eres.

“Pero cariño, ya ves que no puedo. Déjalo ir”.

— ¡No, no, y no! Si la Juana tiene su cuchillo, ¡yo también quiero uno!

“Vaya que te pones pesadita, pero en fin”.

Lo cierto es que el cubierto es valioso, así que de nuevo se dispone a robarse el cuchillo, pero nuevamente su mano le traiciona y golpea la copa. Suena “clin, clin, clin…”.
Una vez más se percibe un silencio sepulcral, por lo que Anaya tiene que ponerse de nuevo en pie y hacer otro brindis, esta vez por Su Majestad la Reina, por lo cual se siente aliviado.

Su esposa insiste:

Si no me consigues el cuchillo ahora mismo, ¡te haré un escándalo aquí!

“No seas así, ¡¿no ves que no puedo?!”.

Ni así, ni nada. Agárralo ya, y, si vuelves a meter la pata, gritaré aquí mismo que me divorcio de ti.

Ante la furia de su mujer, Ricardo Anaya lo intenta oootra vez, pero ¡clin, clin, clin! Silencio total, sudores fríos recorren su frente. Se pone de pie y viendo la cara de furia de su Carolina, opta por decir:

“Permítanme que les haga un truco de magia. ¿Ven este cuchillo que tengo en mi mano? Pues lo voy a desaparecer. Lo introduzco en mi saco, doy unos pases mágicos… Flus, flis, flas y…Meade, ¡¡¡ESCÚLCATE EL SACO!!!

Autor: AMLO, quien no fue invitado a la cena real.

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