“La de José Emilio Pacheco es quizá la mejor versión de los ‘Cuatro cuartetos’ del idioma español”: Jorge Ortega

Foto: Cortesía Daniel Martínez-CECUT
 
Cultura Lunes, 11 Junio, 2018 12:00 PM

Durante la reciente Feria del Libro de Tijuana fue presentada la obra “T.S. Eliot. Cuatro cuartetos”, publicada en 2017 por Ediciones Era y El Colegio Nacional

Una obra fundamental de traducción de poesía estadounidense es indudablemente “T.S. Eliot. Cuatro cuartetos”, publicada en 2017 por Ediciones Era y El Colegio Nacional, con aproximación, edición y notas de José Emilio Pacheco.

La obra que ocupó a Pacheco casi tres décadas, ha sido presentada en escenarios como la Feria Internacional de la Lectura de Yucatán (FILEY), y recientemente en la Feria del Libro de Tijuana.

Por cierto, en octubre de 2011, cuando recibió el Premio “Alfonso Reyes” por El Colegio de México, José Emilio Pacheco expresó a ZETA que los “Cuatro cuartetos” fue un proyecto de traducción que duró por lo menos un cuarto de siglo.

“En la traducción que he hecho de los ‘Cuatro Cuartetos’ de T.S. Eliot, me he tardado 25 años; y que no hubiera terminado si no me pide Enrique Krauze para este número último de Letras Libres, eso es lo que quiero terminar.

“He trabajado 25 años en esto y hasta el momento no he cobrado un centavo. Claro, he tenido dinero, pero he hecho otras cosas, he dado clases, he dado conferencias. De esto de que hay un dinero directo de esto, no, para nada. Me ha costado todos los libros que he comprado. Y además, yo creo que el acarreo de los libros ha sido malísimo para mi salud.

“Lo de Letras Libres se llevó prácticamente la mitad de la revista, por las notas. Entonces, he tratado de hacer un tipo de notas que sean legibles en sí mismas, entonces espero que sean divertidas porque saltan de Marte, a un cangrejo del que habla Eliot y de lo que es el Río Mississippi”, expuso en su momento.

 

LA PRESENTACIÓN EN TIJUANA

 

Durante la presentación editorial en la Feria del Libro de Tijuana, participaron Marcelo Uribe, editor de Era; y los escritores Alfonso René Gutiérrez, Mario Martín y Jorge Ortega.

 

En la tertulia literaria, Ortega leyó un ensayo titulado “Cuatro cuartetos”, mismo que se reproduce a continuación:

 

En un artículo de 1987 acerca de Enrique Munguía, el primer traductor de T.S. Eliot en nuestra lengua, Octavio Paz juzgaba de ejemplar la versión que José Emilio Pacheco acometía de los Cuatro cuartetos, pieza suprema del hijo predilecto, aunque tránsfuga, de la ciudad de San Luis Misuri, corazón del Medio Oeste de Estados Unidos. Pacheco había ido compartiendo por entregas su traducción de ese poema que hasta 1989 hace íntegramente pública, con el apoyo de El Colegio Nacional, en la serie Cuadernos de la Gaceta auspiciada por el Fondo de Cultura Económica.

 

La versión que ahora recoge Ediciones Era no sólo permite encontrar diferencias en el texto de 1989, sino que confirma la aguda exigencia del traductor para obtener una versión más consumada, y tal vez perfecta, del poema eliotiano, y ratifica el secreto a voces según el cual José Emilio llevaba trabajando ya tres décadas y media en la traducción y glosa de los Four Quartets. Su entrañable relación con dicho poema bien puede ser un símil del vínculo regenerativo que Pacheco mantuvo con su propia poesía a través de la revisión y la corrección continuas.

 

Efectivamente la de José Emilio Pacheco es quizá la mejor versión de los Cuatro cuartetos del idioma español. La respaldan los lustros dedicados al proyecto y la información que fue capaz de reunir y entretejer para disponer de un amplio contexto cultural que facilitara un ejercicio de traducción más confiado en sus medios y, por ende, más libertario. Me refiero, entre variadas cosas, a las licencias que Pacheco adopta para utilizar ciertos giros conversacionales que de otro modo comportarían una sintaxis rígida y poco desahogada. Julio Trujillo ofreció recientemente una muestra con la línea ‘We shall not cease from exploration, que si José Emilio la tradujo antes como ‘No cesaremos en la exploración’, la trasladaría después como ‘No dejaremos nunca de explorar.

 

Asimismo, Pacheco asume decisiones tan minuciosas como la de situar una conjunción al inicio de un verso en cuyo original no la hay a fin de suavizar el encabalgamiento y evitar la cacofonía. Un ejemplo: ‘Towards the door we never opened / Into the rose-garden’, que José Emilio traduce como ‘Hacia la puerta que no llegamos nunca a abrir / Y da al jardín de rosas.

 

En este sentido, la determinación a mi parecer más visible tomada por José Emilio Pacheco en su versión de los Four Quartets radica en las variantes que aplica en algunos bloques de texto, ora pasando doble espacio donde no lo posee el poema de Eliot generando de esta suerte otro módulo, ora partiendo el verso en hemistiquios y aumentando por lo mismo, en numerosos casos, la longitud de la estrofa.

 

Así, el pentámetro yámbico de la obertura de la sección ‘East Coker transita de los trece renglones a los diecinueve en verso libre de múltiples medidas que patentan la labor de descomposición rítmica que desarrolló Pacheco para aclimatar el texto a la dicción castellana. José Emilio se concedió entonces ejecutar cambios de forma o de tipografía, inclinándose desde siempre, en la traducción, como lo quería Haroldo de Campos, por una transcreación, o sea, una pasión trenzada por el gusto de la traslación lingüística y el impulso de la invención verbal. Para José Emilio Pacheco la traducción representa una conquista que desemboca necesariamente en una apropiación.

 

Prueba de ello la ausencia de la inequívoca advertencia del traductor en el umbral de estos Cuatro cuartetos. Pacheco considera un poema suyo, una empresa de composición personal, su versión de la pieza maestra de Eliot. No precisa justificarse porque un libro de poesía no precisa de justificaciones. Las notas tampoco reservan al respecto una exposición de motivos sobre la elección de tal o cual procedimiento de índole prosódica.

 

No obstante, José Emilio reproduce fielmente a la vez el repertorio métrico de diversos episodios de los Four Quartets, como sucede con el soneto y su correspondiente rima que destapa el segundo fragmento tanto de ‘Burnt Norton como de ‘East Coker este último con estrambote, los quintetos aconsonantados del cuarto pasaje del mencionado ‘East Coker, la sextina en verso blanco del también segundo fragmento del apartado ‘he Dry Salvages las asonantadas octavas de pie quebrado y, acto seguido, los tercetos a la manera de la terza rima dantescaen el segundo movimiento de la sección ‘little Gidding, tramo final de la obra y que T.S. Eliot prefería a los tres que le preceden.

 

“Sin optar por esa traducción que aspira ingenuamente a una imposible literalidad, José Emilio Pacheco se mantiene equidistante al imperativo ético de replicar para el lector hispano los artificios del original y, a la par, aprovechar el margen de reelaboración poética que consiente la disparidad entre el inglés y el español, incorporando modificaciones que a criterio del traductor mejorarían la asunción del poema en un idioma ajeno y una época distinta.

 

“Pacheco actualiza los Cuatro cuartetoscon la naturalidad de una formulación conversacional que no soslaya la tensión del lenguaje figurativo ni la complejidad de la reflexión metafísica, a lo que habría que añadir la sintonía con un estilema del poema finisecular que vio en las sangrías, los cortes estróficos y el espacio en blanco recursos no textuales de la respiración visual, gráfica del poema, un aspecto que, por lo demás, el poeta conservador que fue Eliot no alcanzó a sopesar antes de la posvanguardia de los cincuenta y sesenta en los Four Quartets, aparecido ya en conjunto en 1943, en plena Guerra Mundial, como lo atestigua la escena del Blitzkrieg que consigna Little Gidding, segmento que a decir de José Emilio es el gran poema de la ofensiva aérea nazi de 1940 y 1941.  

 

La versión de José Emilio Pacheco de los Cuatro cuartetosque ha cobijado Ediciones Era resulta, por otro lado, doblemente valiosa por su cuerpo de notas, su entrelazada cronología y su bibliografía mínima que despliegan toda una lección de historia, religión, filosofía y literatura que salta entre la sociedad medieval, el período isabelino y la edad moderna. Pacheco es un clásico iberoamericano que se ocupa de un clásico angloamericano. Ambos coinciden en la universalidad de una visión humanista del mundo atraída por verdades imperecederas, pero arraigada en un lugar y una hora concretos: Now and in England, escribe T.S. Eliot en Little Gidding. Esa universalidad los une y honra mutuamente en torno a unsemejante perfil poético e intelectual, estético y moral.

 

Los Cuatro cuartetosde José Emilio no son una edición crítica de la quintaesencia de la poesía Eliot sino una traducción anotada; sin embargo, las acotaciones que aporta el autor de Las batallas en el desierto favorecen un discernimiento más fructífero del poema eliotiano y constituyen un excepcional simulacro de filología rendido por un poeta mayor a otro poeta mayor, una tarea comparable, en nuestro presente, a las Anotaciones de Fernando de Herrera a la poesía de Garcilasoestampadas en el lejano año de 1580.

 

‘Dicho lo anterior, la máxima expectación de los Cuatro cuartetosde José Emilio consiste en que se trata de un poeta traducido por un poeta, lo cual reitera el principio de fiabilidad que sostiene que la poesía debe ser idealmente traducida a otra lengua por quien cultive el ministerio del verso, sabedor más que nadie, por razones de sensibilidad artística y empatía profesional, de las pulsiones de un poema y su engranaje por encima de las fronteras del idioma.

 

No es casual en consecuencia que las más solventes traducciones al español de los Four Quartets, o de una de sus partes, la haya realizado un puñado de poetas: Vicente Gaos, en 1951; José María Valverde, en 1978; Jordi Doce y Juan Malpartida, en 2001. En otra esfera colocaría la del académico Esteban Pujals Gesalí, de 1988, no menos valiosa, acompañada de un didáctico y sesudo estudio sobre el sinfónico poema de Eliot; y la del editor Andreu Jaume, de 2016, arropada de un espléndido prefacio y un notable cúmulo de notas. Cotejando las entregas parciales de su quehacer en revistas y suplementos, lo mismo que la edición de 1989, lo singular de la versión de José Emilio Pacheco es su proyección en el tiempo que invita a visualizar la evolución de un proceso de traducción comparable a la construcción gradual de una summa poética como un paciente work in progress.

 

Juan Ramón Jiménez, León Felipe, Octavio Barreda, Bernardo Ortiz de Montellano, Ángel Flores, Rodolfo Usigli, Agustí Bartra, José Antonio Muñoz Rojas, Alberto Girri, Jorge Hernández Campos, Jaime Gil de Biedma, Isabel Fraire, Claudio Rodríguez, Miguel Ángel Flores, José Luis Rivas, Luis Miguel Aguilar y Tedi López Mills vertieron al castellano otra poesía o ensayos de T.S. Eliot.

 

Por falta de condiciones o de sincronía histórica, o simplemente por cuestiones de predilección, ninguno se encargó o ha encargado aún de los Cuatro cuartetos, una operación demandante por, digamos, causas de naturaleza técnica y estructural y que, dado esto, requiere de nociones y perseverancia. Supongo que uno de los principales argumentos por los que Pacheco se volcó a ese propósito desde los setenta fue el de haberlo concebido una apuesta particular, un empeño íntimo, similar al férreo compromiso del propio autor de los Four Quartets con la consecución de su magno poema, corona de su esfuerzo poético en palabras de Ted Hughes.

 

Ya en 1990, al reseñar la versión propalada por José Emilio en los Cuadernos de la Gaceta, Anthony Stanton señalaba en Vuelta que Pacheco ha logrado crear en español un poema independiente que se puede apreciar y que funciona como un poema autónomo, sin exigir forzosamente un conocimiento previo del poema de Eliot. El texto de Ediciones Era es otro, pero la voluntad de estilo, la encomienda poundiana del make it new permanece incólume.

 

Poema o ensamble de poemas de los cuatro puntos cardinales, los Cuatro cuartetos son, en efecto, un destino primordial en la trayectoria literaria y vital de T.S. Eliot. El vínculo geográfico de los cuadrantes de Burnt Norton, East Coker, The Dry Salvages y Little Gidding sugieren la cruz identitaria de un poeta que trasciende el laberinto de la fatalidad para remontarse a la fuente del origen, el manantial de los ancestros, en el que anida su axis mundi y concilia los vértices de la dispersión. Es la aspa de cuatro brazos que halló y abrazó Eliot en su conversión de 1927 y que a partir de 1934, cuando empieza la redacción de los Four Quartets tras el impacto que le produce una visita a Burnt Norton, lo conducirá a procurar con fervor el legado del místico Juan de Yepes, cuya Subida del monte Carmelo –traducido magistralmente al inglés por el hispanista Edgar Allison Peers tendrá no sólo un eco sino una sustanciosa paráfrasis en el tercer fragmento de East Coker.

 

“Sin sospecharlo, T.S. Eliot pagaba su tributo a una tradición poética –la de Berceo, Cervantes y Garcilaso– que decenios más tarde le devolvería ese gesto, ese conmovedor homenaje, en la espléndida traducción de José Emilio Pacheco hecha para México e Hispanoamérica”.

 

 

 

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