Una madre


 
Cartaz Lunes, 14 Mayo, 2018 12:00 PM

Este poema dedico

a la mujer que hoy es madre,

-porque no es tarea fácil-

y por serlo da la vida.

 

Una madre cariñosa

hasta se queda con hambre,

para que coman sus hijos

a los que ama con el alma.

 

Mientras está embarazada

sufre náuseas y fatigas,

pero gustosa las sufre

por la ilusión tan divina.

 

Tener un bebé en los brazos

sueña de noche y de día,

y poder besar su frente

mientras toca sus mejillas.

 

Algunas adoptan niños

y con el alma los aman,

porque al verlos tan pequeños

se acuerdan de Dios del Cielo.

 

Madres lo son de verdad

aunque no les den la vida,

pues se dedican enteras

a lograr que vivan bien.

 

Hay padres que quedan solos

y se convierten en madres,

porque aman a sus hijos

y les brindan su ternura.

 

Son las madres y los padres

el mundo de los pequeños,

cuando éstos son amorosos,

y muy sabios les dan guía.

 

Y al paso de muchos años

crecen y se van los hijos,

dejando sola a esa vieja

que les dio vida y consejo.

 

Ya no corren a sus brazos

como cuando eran pequeños,

van por senderos distintos

mientras su madre suspira.

 

Le ven miles de defectos

y deja de ser su reina,

se quieren comer al mundo

y se alejan presurosos.

 

Un día llega noticia

que su corazón conmueve,

una lágrima les brota

y tristes miran al cielo.

 

Su madre cerró los ojos

mirando por el camino,

con la esperanza profunda

que regresaron sus hijos.

 

Hoy por eso les dedico

estos versos tan humildes,

para ensalzar a las madres

que tanto aman a sus hijos.

 

Lourdes P. Cabral

(De su libro “Amor al Amanecer”)

San Diego, California. EE.UU.

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