El submundo al sur de Ensenada

Foto: Internet/Jornadas extenuantes de sol a sol
 
Opinionez Lunes, 7 Mayo, 2018 12:00 PM

A los niños indígenas y mestizos de San Quintín

 

Molesta y a su vez duele el título, pero es la dura realidad en los pueblos sureños que se agravan cada 30 de abril. Un panorama cruel que golpea cada minuto a miles de familias, donde el 80% son muy pobres porque aún viven en la adversidad cultural, social y económica, igual o peor que en el porfiriato. En un marco de supuesta democracia, que está en el inventario de las 14 economías menos débiles del mundo y que arrastra injusticias, especialmente con los pueblos originarios y primeros propietarios de esta nación, que no son tratados como seres humanos con sus derechos constitucionales, sino como cosas, maquinaria o bestias de carga. En un régimen de ALTERNANCIA, que desde 1989 se dice gobernar BC con rostro humano, como presumen y se les llena la boca en el Partido Acción Nacional.

Una comunidad de lucha y resistencia estoica; indígena, exportadora, agrícola, de clase mundial, con 20 colonias dispersas en 188 kilómetros de municipio, enorme en territorio y problemas. Ahí está la población que viene del interior o sur de México, fundamentalmente de Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Zacatecas, Jalisco y Veracruz, que conviven con una delgada clase media comerciante, profesional, técnica, empresarial, política y militar que hacen posible ese emporio de alimentos que cada minuto salen en tracto camiones a California, dejando como costo, una estela de miseria a su paso.

Estimo que si una partida de esa gran riqueza se reinvirtiera en esta región sudensensadense, sería una potencia en infraestructura, vivienda, salud, educación, servicios públicos, gobierno eficiente y calidad de vida, como en EUA. Lamentablemente no es así. La franja productiva padece carencias desde escuelas bilingües, guarderías, drenaje; un urgente Hospital General, clínicas equipadas con camas, especialistas y cirugías del IMSS que es indispensable y de absoluta justicia.

La institución de salud pública que prevenga y atienda las graves enfermedades, provocadas por la irresponsabilidad criminal de los empresarios agrícolas y la complicidad del Estado en los tres niveles. No es el tema, pero sucede la misma historia de insalubridad y enfermedades profesionales serias en las maquiladoras de la frontera norte, solo que se lo callan en las oficiosas áreas de ecología y medicina del trabajo del IMSS.

Padecimientos que derivan del contacto directo de decenas de miles de jornaleros agrícolas de todas las edades, incluyendo infantes, con pesticidas y agroquímicos pesados agresivos que causan directamente cáncer, enfermedades respiratorias y descendencia con anormalidades o mal formaciones serias, de las que tenemos  casos concretos  de denuncia que viven en condiciones inhumanas.

No se toman medidas contra las inclemencias del sol, viento, contaminación, desnutrición, ausencia de escuelas, centros recreativos que agravian al factor humano, clave de la cadena productiva. La fuerza de trabajo indígena, cuyo esfuerzo hace posible las fortunas tontamente distribuidas en una minoría rapaz, inmoral que en pleno siglo XXI trata como esclavos a hombres, mujeres y niños migrantes, que para sobrevivir venden desde pequeños sus limitadas energías en jornadas extenuantes de sol a sol para sostener a su familia generalmente prolija.

Familias con un cuadro de complejidad que es un reto a la salud general, ya que la mayoría de las veces es numerosa (“los hijos que Dios quiera”) por usos y costumbres atávicos. Los adolescentes se casan para reproducir el mismo esquema de trabajo, poco o nada calificado. El trabajador no conoce pensión, tampoco de derechos laborales o de elemental respeto a la dignidad de las personas.

Las jornaleras aún siguen bajo el yugo de los capataces, sometidas a abuso sexual del que pueden resultar embarazadas, quedando impune el delito. Si escarbamos un poco, en esta región no existe el Estado de Derecho; el Estado Mexicano no aterriza, sino solo como policías, espías, instancia punitiva de las manifestaciones de la inconformidad justificada por la explotación.

En el trayecto de una carretera con luces y sombras técnicas, los camiones de carga son una amenaza a la seguridad de los viajantes; en extensos tramos, la carretera no ha sido mejorada, ampliada, modernizada y no es extraño que con el alcohol sucedan accidentes fatales.

En este Día del Niño, el Frente Indígena de Organizaciones Binacionales auspició un taller de autogestión para aplicarlo en negocios de las mujeres de la comunidad originaria; coronaron con alegría a los niños y niñas dándoles ropa, juguetes, comida, dulces, piñatas, música y una feliz convivencia. Las carencias de estas familias hacen que una pelota, un sencillo juguete, constituya una gran alegría a quienes carecen de mucho casi siempre.

 

M.C. Héctor Ramón González Cuéllar es Académico del Instituto Tecnológico de Tijuana.

Correo electrónico: profe.hector.itt@gmail.com

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