Cómo nacen las banderas

Foto: Internet/Elba Esther Gordillo
 
Opinionez Lunes, 7 Mayo, 2018 01:26 PM

Están así hasta hoy nuestras banderas.

El pueblo las bordó con su ternura,

cosió los trapos con su sufrimiento.

Clavó la estrella con su mano ardiente.

Y cortó, de camisa o firmamento,

azul para la estrella de la patria.

El rojo, gota a gota, iba naciendo.

Pablo Neruda

 

Para los militantes conscientes de nuestra Organización, aquellos que no sólo luchamos por una demanda inmediata para mejorar las condiciones de vida propias o de nuestras familias, es decir para los que tenemos clara la necesidad de construir una Patria más fuerte y soberana, más democrática y sobre todo más justa, y que además hemos concluido -por nuestra experiencia propia y por el análisis de lo ocurrido en la historia reciente y lejana de México- que ninguno de los partidos oficiales ni de los personeros de la clase política que detentan y usufructúan los diferentes puestos públicos en los tres poderes y niveles en que se divide, tienen el más mínimo interés en impulsar y realizar los cambios necesarios para levantar ese México nuevo, para todos nosotros no hay duda de que la tarea más urgente, y necesaria es la de lograr que el pueblo educado políticamente y organizado en las filas antorchistas aumente su fuerza numérica hasta sumar al menos diez millones de mexicanos, y que incremente de igual manera su grado de comprensión de la realidad social mexicana y mundial y, por tanto, su capacidad de orientarse en las coyunturas políticas y tomar las decisiones correctas a fin de que sea el pueblo trabajador y sus representantes auténticos los que gobiernen nuestro país.

En efecto, los que han controlado las posiciones de los poderes ejecutivo, judicial y legislativo durante décadas, a nivel federal, estatal o municipal, son los mismos que hoy aparecen como candidatos a diversos puestos en las elecciones de 2018. Son los mismos, algunos con más arrugas, con menos pelo o con más barriga, a veces no exactamente los mismos sino sus hijos o hasta sus nietos, pero los apellidos se repiten, los rostros se reconocen, aunque a veces cambie el color de la camisa o de la blusa y, por supuesto, cambien igualmente las siglas. La incongruencia abunda y llega a extremos tan fétidos y repulsivos como las imágenes de Manuel Espino, ex dirigente del PAN, levantando la mano al panista Calderón en 2006, al priista Peña Nieto en 2012 y al morenista López Obrador en 2018. Nauseabundos son también los cambios de opinión de López Obrador sobre Elba Esther Gordillo, de quien dijo en 2006: “Quería la cacique sindical llegar a un acuerdo conmigo y le dije no”; en 2011 volvió a descalificarla: “Salinas, Elba Esther, Fox, todos son de la mafia del poder”; todavía en mayo de 2017 se desmarcó de ella cuando se dijo que Elba Esther apoyó a Morena en las elecciones del Estado de México, diciendo “no calumnien”; pero para estas elecciones ya la califica de víctima del sistema, pide que no se haga leña del árbol caído e incorpora a gordillistas destacados como el nieto de “la maestra”, René Fujiwara, que renunció al PANAL para ser candidato morenista, a su yerno Fernando González y al ex secretario general del SNTE Rafael Ochoa y a una sobrina, Erika Hernández. Estos gordillistas están en las candidaturas de Morena a pesar de que AMLO dijo iniciando febrero de este año “no daré cargos a familiares de Elba Esther”. En las diversas entidades se repite la misma falta de escrúpulos en aras de no quedarse sin cargo, de no dejar de vivir del presupuesto y continuar así en la élite de los que tienen “el privilegio de mandar”. Un ejemplo, para no cansar de más: la diputada federal bajacaliforniana Cinthya Gissel García, quien en dos años llegó a la cámara por la vía plurinominal representado al Movimiento Ciudadano, se afilió al PES, se declaró diputada independiente y a la hora de escribir estas líneas anunció en su Facebook que va de candidata de Morena al Senado: no aguanta ni un año por partido.

Por eso y muchas cosas más que no caben en el espacio de este escrito, y a propósito del Bicentenario del Natalicio de Carlos Marx, quien escribiera en los Estatutos de la Asociación Internacional de los Trabajadores en 1864 que “la emancipación de la clase obrera debe ser obra de la clase obrera misma” y que, por tanto, a ese fin deben subordinarse todos los movimientos políticos como medio, me permito la temeridad de parafrasearlo: la emancipación del pueblo mexicano debe ser obra del propio pueblo mexicano y todo movimiento político debe estar subordinado a este objetivo preponderante. Ningún salvador llegará a nuestro sufrido pueblo, bajando de las nubes elitistas de la clase del poder, por más que se cambien de ropaje o que se disfracen de corderos como el lobo de la Caperucita, con los cambios y las soluciones que el pueblo requiere; no se construirá ese futuro que anhelamos y necesitamos sólo con ungir mediante el voto al que se proclame todo verdad y todo moral para que desde las alturas alcanzadas con nuestros sufragios derrame abundancia, justicia, amor y bondad, dejando atrás inseguridad, corrupción, abusos, injusticias y explotación económica. Quien pretenda seriamente cambios en el modelo económico y político para favorecer a ese inmenso mar de pobreza en que ha convertido a México el neoliberalismo, el capitalismo de hoy, más salvaje, intenso, eficiente y desigual que nunca, quien busque la emancipación de los trabajadores, debe saber que si es leal y sincero en ese propósito tendrá que enfrentar fuerzas tan poderosas que requerirá de la participación activa y decidida de esa inmensa mayoría en favor de la cual pretenda poner en marcha medidas y mecanismo que afectarán intereses igualmente poderosos. Una participación popular de ese calibre, con ese nivel de masas y de convicción, no se puede improvisar ni empezar a construir una vez que se tenga el poder político, ya no digamos solamente el control del aparato de gobierno, se tiene que levantar con infinita y amorosa paciencia. Es deslumbrante para un pueblo que ocupa los últimos lugares en lectura en el mundo y entusiasma a los sufrientes desesperados de las políticas públicas, el discurso que promete lo que quieren oír: no hay que esforzarse mucho, basta votar, elegir bien, o cuando mucho garantizar que se respete el voto el día de las elecciones, para que todo empiece a marchar sobre ruedas, sin necesidad de mayores sacrificios ni peligros. Pero quien esto diga, quien esto prometa, simplemente quiere endulzarnos el oído, enamorarnos con falsas promesas, sencillamente es un demagogo sabedor de que promete imposibles o un irresponsable que arrastra al pueblo a batallas para las que no lo ha armado, preparado ni organizado. Es un demagogo, aún cuando tuviera buenas intenciones. Para qué decir mucho, mejor lo que pretendo, me auxiliaré de Lenin, quien escribiera en su obra ¿Qué Hacer? A propósito de una situación similar a la que vivimos en el México de hoy: “¡Y no se apresuren a poner el grito en el cielo a propósito de mis “métodos” polémicos “exentos de camaradería”! Ni siquiera se me ocurre poner en tela de juicio la pureza de sus intenciones; he dicho ya que la ingenuidad política también basta para hacer de una persona un demagogo. Pero he demostrado que han caído en la demagogia, y jamás me cansaré de repetir que los demagogos son los peores enemigos de la clase obrera. Son los peores, porque excitan los malos instintos de la multitud y porque a los obreros atrasados les es imposible reconocer a estos enemigos, los cuales se presentan, y a veces sinceramente, como amigos. Son los peores, porque en este período de dispersión y vacilaciones, en el que la fisonomía de nuestro movimiento está aún formándose, nada hay más fácil que arrastrar demagógicamente a la multitud, a la cual podrán convencer después de su error sólo las más amargas pruebas.”

Compañeros antorchistas, hermanos de lucha:

Que a nadie lo confundan los cantos de las sirenas electorales, apresuremos el paso en la tarea de crecer al uno por uno por uno, aumentemos nuestro esfuerzo por leer, reflexionar y entender cada día mejor y más fondo los problemas políticos y económicos. Así reforzaremos el arma y el escudo indestructible del pueblo de México, hasta hacerlo invencible: El Movimiento Antorchista Nacional.

Hoy, más que nunca: Unión, Fraternidad y Lucha.

 

Profr. Ignacio Acosta Montes

Coordinador del regional Noroeste del Movimiento Antorchista

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