Vox populi, vox dei.- Concluyendo con que no debemos ser aduladores


 
Cartaz Lunes, 30 Abril, 2018 12:00 PM

Los analistas de los países avanzados que señalan, uno de los problemas de nuestro México como país subdesarrollado es que la gente lee muy poco, hay baja cultura, y sufrimos de ser muy excitables y poco capaces de hacer comparaciones serenas y detenidas para tomar decisiones lógicas y sensatas, cayendo en decisiones solo por creer chismes, ver tele-vi-zteca o ver tweets; en consecuencia actuamos de improviso como unos tontos.

A la vez que somos muy propensos a caer en el absurdo de esperar que todo nos caiga de gratis y que algún “profeta” nos lleve como por arte de magia, triscando los dedos o con vara mágica, a tener abundancia; junto a esto que seguir siendo muy cómodos, corruptos e indisciplinados, sin pagar ninguna causa de nuestros actos y vivir en un mundo de color rosa.

O no quiero creerlo tan así, mucho menos que “todo mundo se la trague” que algún candidote sea el elegido de los dioses del Olimpo y en los próximos seis años, nos eleve por encima de Japón o EE.UU. (o Alemania); ni siquiera que nos devuelva a estar como durante el Milagro mexicano, en los 50 y 60, porque así lo cacarean en su demagogia; ni porque lo prometen sus partidistas seguidores e incondicionales que, claro, esperan que ahora serán los nuevos “otros” que van a agarrar “huesos” y puestos, igual que la triste historia de siempre.

Serenos. Tranquilos. Seamos conscientes. Pensemos. Analicemos. Utilicemos la lógica. Veamos las trayectorias y los antecedentes históricos reales de todos y cada uno de estos tipos que en esta otra campaña de 2018, nos prometen el cielo, la luna y las estrellas, ¿realmente hay alguno que no traiga una colototota que pisarle?

El señor Meade, quien fue parte del indigno Fobaproa; el “joven” Anaya con un colmillo de morsa fósil; el señor López que apadrinó a los narco-corruptos Ayala que masacraron a los 43 estudiantes normalistas; el señor “El Bronco” Rodríguez que es un priista títere de Salinas; la señora Zavala que carga con la sombra de Calderón; el señor Ríos Piter, un perredista con piel de oveja. En fin, no seamos tan ingenuos de llevarnos por sus retóricas.

En 1933, en una Alemania maltratada por las onerosas deudas de pagos a los aliados tras la Primera Guerra Mundial, eligieron de canciller en su país al señor Adolf Hitler con solo el 35% de los votos, y el presidente mariscal Paul von Hindenburg, anciano en quien sí confiaban los ciudadanos, lo contrató. Jamás le dieron votos de mayoría y menos ciegamente a su partido -contrario a la propaganda de Hollywood- y los alemanes en la elección de 1935, recáspita, lo castigaron a solo 33%. Tristemente murió entonces el venerado mariscal y el señor Hitler se enquistó.

Otro penosos ejemplo (que recuerdo con claridad) es que en 1971, en la hermana República de Chile, ganó el señor Salvador Allende, izquierdista de tendencia comunista con solo 37% de votos -apenas poco más de la tercera parte de sufragios- y se lanzó a “comunizar” a su país (con dos terceras partes de la población desaprobando a él y eso). Tristemente acabó en un golpe de Estado y por necio, en vez de dimitir se puso a pelar y cayó muerto en el Palacio de Gobierno de su capital. No fue un mártir, fue un suicida que orilló a su país a hundirse en una dictadura militar.

En los EE.UU., acabamos de ver cómo el populismo atizar las paranoias de las clases frustradas y de menos educación; ha resultado en la elección de un individuo hábil, demagógico, astuto y discutiblemente un necio pedante.

Por ende, otra cosa como útilmente ha ocurrido, si vota el 70% o 75% del electorado y algunos se lleva el 40% de esos votos, solo representará el 28% o máximo el 30% de la preferencia o confianza de la población total del país y eso de ningún modo construirá un “mandato”, de modo que el victorioso pretenda imponer sus antojos o caprichos.

Entonces, gane quien gane, en nuestro México, este 2018 no debemos tener otro megalómano que imponga sus necedades o terquedades, creyéndose ya sea profeta izquierdista o gurú neoliberalista porque, recáspita, al no tener ni de lejos una preferencia representativa de mayoría de votos, causaría terrible divisionismo. Cordura es lo que necesitaremos y no arrogancia ni euforia de algunos para desilusión de las mayorías. Amablemente. Continuará.

 

Atentamente,

José Luis Haupt Gómez

Tijuana, B.C.

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