Templo cívico. México: su pasado, presente y futuro (Cuadragésima primera parte)


 
Cartaz Lunes, 30 Abril, 2018 12:00 PM

El 4 de marzo de 1929, durante la convención organizadora del Partido Nacional Revolucionario, Calles impuso como primer candidato a la presidencia del nuevo partido, a Pascual Ortiz Rubio, quien había estado por varios años fuera de México, debido a que fue comisionado de la Secretaría de Fomento para los estudios de los sistemas de irrigación de Europa, Asia y África. Vivía en España sin cargo alguno, hasta que en 1925 representó a México ante Alemania y en 1926 en Brasil.

El 5 de febrero de 1930, al ganar las elecciones con la ayuda de Calles, el día de la toma de posesión, Ortiz Rubio abordó con su esposa y una sobrina, el automóvil que los llevaría al Palacio Nacional; cuando llegaba al patio principal, surgió un individuo que detonó su pistola en el interior del carro. La esposa recibió un tiro arriba de la oreja izquierda, el proyectil rebotó para luego darle al Presidente en la mandíbula derecha; mientras que la sobrina sufrió heridas causadas por trozos de vidrios.

Daniel Flores, de 23 de años, el frustrado magnicida, fue detenido. Jamás se aclararon sus móviles. Lo sentenciaron a 19 años de cárcel, castigo que no cumplió, pues un día apareció muerto en su celda.

Después del atentado, Ortiz Rubio pasó tres semanas recluido en la alcoba del Castillo de Chapultepec. Se recuperó él y sus familiares, sin graves complicaciones, pero no lograron, por mucho tiempo, deshacerse de una especie de delirio de persecución.

Desde todo lo anterior, Plutarco Elías Calles jugó un papel clave en la política de México. Pues desde entonces se conoció como el Jefe Máximo de la Revolución y de allí empezó el Maximato.

En sus memorias escribió el propio Ortiz Rubio, que Calles le había pedido aceptar ser candidato a la presidencia de la República y que él estaba en condiciones excepcionales para encabezar el partido, por su ausencia de muchos años que había pasado lejos de su tierra y sin ningún compromiso político con las facciones reinantes. “Me entregaba en caso de mi triunfo, un grupo completo adicto a él, más bien dicho, servil a Calles, y era de presumirse lo difícil de manejarlo. Pero no había más remedio: acepté ser candidato de su partido y tenía que cumplir mi compromiso”.

El 20 de enero de 1932, Cales obligó a Ortiz Rubio a entregar las secretarías que despeñaban Luis Montes de Oca, Genaro estrada y Aarón Sáenz. La manifiesta subordinación de Rubio a Calles provocó la burla popular, apodándolo el “Nopalito” (por baboso) y hacían mofa del mismo, diciendo: “el que vive en esta casa, es el señor Presidente, pero el que manda, vive en la casa de enfrente”.

Pascual Ortiz Rubio renunció a la presidencia, después de no soportar más la intromisión de Calles en su gobierno. En su lugar y por la imposición de Calles, se nombró al General Abelardo L. Rodríguez, presidente interino que se ocupaba de los asuntos administrativos, al tiempo que Calles de la política nacional. En esa época se modificó el Artículo 3ro., de la Constitución, referente a la enseñanza socialista. Además, para manejar el proceso de sustitución, Calles nombró presidente de la Cámara de Diputados a Melchor Ortega y al presidente del Colegio Electoral, Luis L. León.

Abelardo Luján Rodríguez nación el 12 de mayo de 1889, en Guaymas, Sonora, y murió el 13 de febrero de 1967, en la Jolla, California, Estados Unidos. Sus padres, una familia pobre, fueron Nicolás Rodríguez y Petra Luján que se trasladaron a Nogales, donde el pequeño Abelardo realizó sus estudios primarios.

En 1906 emigró a Estados Unidos y ahí residió seis años, en los que desempeñó trabajos de ayudante industrial, conociéndose desde entonces como Abelardo L. Rodríguez. A fines de 1912 regresó a México y encontró al país en plena lucha revolucionaria.

Luchó en la Revolución Mexicana a partir del 1 de mayo de 1913, cuando se enlistó en las fuerzas de Álvaro Obregón, en el Ejército Constitucionalista, que combatía al presidente Victoria Huerta, acusado de usurpar la presidencia y asesinar a Francisco I. Madero. Rodríguez participó en varias batallas, como la toma de Culiacán; estuvo en la campaña del Bajío; suprimió en Sonora un levantamiento yaqui y combatió al Ejército Zapatista. A lado de Obregón, combatió en Celaya contra Pancho Villa y ascendió a Teniente Coronel. El general lo obtuvo después de adherirse al Plan de Agua Prieta. Entre 1923 y 1929 fue gobernador del territorio de Baja California y luego pasó a ser subsecretario de Guerra y secretario Industrial, Comercio y Trabajo, de donde ascendió a la presidencia.

Él mismo decía que no era político ni le interesaba la política, lo cual pareció haber determinado su nombramiento presidencial, pues Calles que lo elogió, había dado por considerar a México como una hacienda suya y al presidente como el administrador, siendo Rodríguez, un grado superlativo. En su breve actuación como jefe del Ejecutivo, realizó importantes obras urbanistas en el Distrito Federal y promovió la apertura de lujosos casinos en la capital y Cuernavaca.

Mientras tanto, Calles se ocupó de trazar la política que debía seguir el sustituto de Rodríguez. El PNR elaboró un “plan sexenal” que debía comprometerse a seguir el candidato a ocupar el codiciado puesto; los callistas podrían acusarlo de violaciones al plan, en el caso de tratar de independizarse, y presionarlo para que renunciara. Ya se había restablecido la “no reelección”, aunque se conservó el periodo presidencial de seis años.

Continuará…

 

Guillermo Zavala

Tijuana, B.C

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