Para no perder la ruta, leamos la historia


 
Cartaz Lunes, 9 Abril, 2018 12:00 PM

Los migrantes ingleses que salieron de su país a finales del siglo XVI para colonizar América del Norte, no fueron impulsados por el espíritu de conquista tan en boga en aquellos tiempos, ni su rey aspiraba a la gloria de descubrir nuevas tierras para sujetar pueblos extraños a su gobierno, ni tampoco la de cristianizar a los idólatras de aquel nuevo continente. El único fin que los sedujo para llevar a cabo aquella empresa fueron dos cosas: el negocio y la libertad individual, sello característico que imprimieron los fundadores de las colonias a sus dependientes y que los distingue hasta la época actual.

La intolerancia religiosa y política de Enrique VIII, de su hija Isabel  y de sus sucesores en el trono, dieron origen al pensamiento de los descontentos, aquella de formar una sociedad sobre las bases del liberalismo. Para llevar a la práctica aquella idea, formaron en Inglaterra dos sociedades mercantiles que se denominaron Compañía de Londres “y compañía de Plymouth”, para colonizar en la América del Norte, dos porciones de terreno. El Rey Jacobo I les dio a esas compañías, unas constituciones muy amplias que les garantizaban gozar de todos los privilegios políticos y civiles que gozaban en Inglaterra los ingleses libres. Muy lejos de imitar a España en su propósito de formar un pueblo con razas naturales, quisieron, y casi lo lograron, exterminar todo rastro de los antiguos pobladores.

¡Cuán diferentes fueron las intenciones y los procedimientos de colonización adoptados por la católica España! El propósito de este país conquistador fue formar un solo pueblo con el español y el indio, por eso los naturales de América quedaron incorporados a la Corona de Castilla y se prescribió el matrimonio entre indios y españoles.

Continuará.

 

Atentamente,

Vicente Martínez Méndez

Tijuana, B.C.

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