Muere el escritor mexicano Sergio Pitol, ganador del premio Miguel de Cervantes


 
Cultura Jueves, 12 Abril, 2018 09:24 AM

Familiares del escritor confirmaron la muerte del escritor mexicano Sergio Pitol, a la edad de 85 años, en la Ciudad de Xalapa, a causa de una afasia progresiva.

“¡Hasta siempre Sergio Pitol! La UNAM lamenta el fallecimiento del gran escritor, egresado de la UNAM y ganador del Premio Cervantes en 2005”, detalló la Máxima Casa de Estudios.

Junto con Octavio Paz, José Emilio Pacheco, Carlos Fuentes, Elena Poniatowska y Fernando del Paso, Sergio Pitol es de los únicos mexicanos que ganó el Premio Cervantes, mismo que obtuvo en 2005.

Sergio Pitol nació en Puebla, Puebla, el 18 de marzo de 1933 y actualmente radicaba en Xalapa.

El Fondo de Cultura Económica (FCE) congrega la obra de Sergio Pitol en cinco volúmenes: “Obras reunidas I. El tañido de una flauta, Juegos florales”, “Obras reunidas II. El desfile del amor, Domar a la divina garza, La vida conyugal”, “Obras reunidas III. Cuentos y relatos”, “Obras reunidas IV. Escritos autobiográficos” y “Obras reunidas V: Ensayos”.

Su obra ha sido traducida al francés, alemán, italiano, polaco, húngaro, holandés, ruso, portugués y chino.

Además, tradujo al español a autores como Henry James, Joseph Conrad, Robert Graves, Jane Austen, Witold Gombrowicz, Alexander Zeromsky, Kazimierz Brandys, Jerzy Andrzejewski y Bruno Schulz.

En “El arte de la fuga” (Anagrama, 1997), una de sus obras maestras, Sergio Pitol sentenció sobre los políticos:

“Reírse de ellos, ridiculizarlos, hacerlos sentir desamparados; sólo así podría cambiar algo. Una labor de Sísifo, sí, pero vale la pena emprenderla y, además, reduce la monotonía de la vida. Si resulta imposible humanizar esos rostros de hormigón armado que los políticos aspiran a adquirir desde su primer pinche puestecito, al menos se podría lograr hacer visibles algunas craqueladuras. Los jóvenes están hasta la madre de tanta tontería, ya ni siquiera se asoman al Museo de Antropología para no ver reproducidos en la Coatlicue los hieráticos gestos de sus dirigentes. Es necesario que todo el mundo aprenda a reírse de esos monigotes ridículos y siniestros que dirigen a la nación como si por su boca se expresara la historia, no la viva, eso nunca, sino la que ellos han embalsamado. Cualquier novedad los amedrenta”.

 

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