Libertad de prensa

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Opinionez Lunes, 9 Abril, 2018 12:05 PM

Escribir en un país con dificultades inenarrables es, además de tarea ardua, un compromiso con aquéllos que por condiciones económicas y culturales, viven desplazados de la realidad y sus concepciones políticas, sociales y culturales, las cuales carecen de sustento antropológico, lo que nos lleva a juzgar la realidad, basados en conceptos anquilosados e incluso falsos y por tanto, fallidos en la tarea de juzgar determinada realidad. A esto debemos sumar que no estamos acostumbrados a sujetarnos a la crítica y por ende a la respuesta desfavorable de un comentario, gobierno, partido político o a ciudadano, por lo que es motivo de un ejercicio violento, físico o moral. Esta es una realidad ineludible, “no te pago para que me pegues”, decía un presidente a un periodista que lo criticó reiteradamente por sus fallas al gobernar. Don Julio Scherer, quien fuera director de la Revista Proceso y del periódico Excélsior, luchó incasablemente en contra de aquellos periodistas que se dedicaban a vender halagos para malos gobiernos que fracasaban en sus acciones políticas, administrativas o sociales. Nada sirve para los fines de un gobierno, los aplaudidores políticos que consideran que con porras y tambores pueden generar en la sociedad, la percepción de un gobierno trabajador y honrado, aunque éste sea a todas luces, un visible fracaso, principalmente en tiempos de crisis en que el hartazgo predomina en la percepción de las clases bajas, por desatención y falta de cuidado en el manejo de las finanzas públicas. Es importante que quien gobierne, esté en contacto permanente con la ciudadanía, muchas veces se llevan a cabo acciones importantes que la sociedad desconoce. Los medios deben ser seleccionados para publicar decisiones políticas de gobierno verdaderamente importantes y no constituyan pozo sin fondo o simplemente, difusores en beneficio de tal o cual político, tarea que se da sin ningún beneficio social. La publicación de boletines, revistas y periódicos costeada por el Estado, debe redituar beneficios públicos en un pueblo pobre como el nuestro. El número de lectores y el número de ejemplares publicados deben ser base para la contratación y pago de publicidad, y que no resulte como se da en la realidad, la publicación con base en criterios de amistad o de conveniencia política.

En síntesis:

I. La inversión en publicidad por parte del gobierno municipal, estatal y federal, debe ser útil para la sociedad y no para beneficiar políticamente a un partido, candidato o precandidato político.

II. El número de ejemplares o apariciones en televisión debe estar condicionado a las preferencias sociales.

III. Hay que admitir que soterradamente se promueven campañas en contra de periodistas críticos, auspiciadas por los gobiernos y el crimen organizado, lo que es un error, pues este tipo de miembros de la prensa, al volverse más crítico, se convierte en un comunicador con las mayores preferencias del público, y en el caso de empleo de violencia física o moral, muchas veces transforma en mártires a miembros de la prensa que, de otra manera, solo por ese medio podrían adquirir relevancia profesional.

Debemos de cuidar el respeto absoluto a la difusión de las ideas a través del cine, radio, televisión, prensa escrita, etc., que son los instrumentos adecuados para enterarnos de lo que sucede en la comunidad.

Un pueblo sin medios de comunicación es un pueblo ciego condenado a cometer errores.

Nota: Para mejorar la calidad de la información que exigimos, no hay mejor instrumento que la lectura y la atención en los medios. Leer no solo bastante, sino con afanes críticos hacía lo que leemos.

 

Arnoldo Castilla es abogado y catedrático de la UABC.

 

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