Ella


 
Cartaz Lunes, 30 Abril, 2018 12:00 PM

Era tan bella, tan bella,

que su ser resaltaba

lo que a los hombres dejaba

boquiabiertos, la doncella.

 

A mí me quitaba el hipo

al mirarla, lujurioso

por su caminar, deseoso

de probar algo tan rico,

extra grande, nada chico,

muy lindo y muy delicioso.

 

Las mujeres la envidiaban

con destellos de tristeza

y rencor por su belleza,

al pasar lo demostraban;

y unas miradas le echaban,

con unas ojos saltones,

cuchicheando borbotones

de palabras lisonjeras,

murmurantes,

lastimeras,

azoradas por sus dones.

 

¡Qué hermosura! ¡Qué detalle

del señor!, al otorgarle

tal elegancia y dotarle

un maravilloso talle,

además de su figura,

porque de haberlo querido,

él mismo habría conseguido

una venus de verdad,

redondeando sus caderas

y moldeando su cintura.

 

José Miguel Ángel Hernández Villanueva.

Correo: jomian1958@hotmail.com

Tijuana, B.C.

 

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