Los idus de marzo mexicanos

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Opinionez Sábado, 31 Marzo, 2018 12:00 PM

Los idus de marzo son recordados por ser la fecha que en el 44 (antes de nuestra era), asesinaron a Julio César. Los idus eran días buenos. El 23 de marzo de 1994 era también una fecha especial, Colosio se había reunido con su principal antagonista, Manuel Camacho en Sinaloa, llegando a acuerdos. Después de una gira exitosa y del pacto político alcanzado con Camacho, quien finalmente se sumaría a su campaña, pusieron a Colosio feliz.

La gira de Baja California, aunque de rutina, era el punto final de una etapa. Se comentaba entre el círculo íntimo, que en Semana Santa se iría a Magdalena de Kino, para reflexionar sobre los cambios que quería hacer. Se decía que iba a nombrar a José Francisco Ruiz Massieu como su coordinador de campaña. Colosio nunca salió vivo de Baja California. Mi tierra siempre le había dado problemas, desde que era coordinador de campaña de Carlos Salinas a la presidencia de México. Sí, en 1988 había ganado Cuauhtémoc Cárdenas. Fue el primer trago amargo. El segundo fue en 1989, reconoció que las tendencias electorales no le favorecían al PRI en Baja California. Por el anuncio el enojo contra Colosio y el Comité Nacional del PRI, fue mayúsculo, casi una rebelión; en Mexicali casi linchan a Fredy Chablé, tabasqueño y delegado del CEN en Mexicali. Fue necesario sacarlo por la puerta de atrás para que la turba priista no lo lastimara.

Pasó mucho tiempo y muchas medidas se tuvieron que tomar para restañar las heridas y que se perdonara a Colosio. Baja California se identificaba mucho con él. Seguramente, porque a él le dolió mucho la derrota y se había propuesto recuperar Baja California. Nunca lo logró. Un loco, un asesino solitario, con una pistola brasileña, marca Taurus, con tan solo tres balas, le quitó la vida. Muchas investigaciones y fiscales desfilaron. Muchas hipótesis se formaron. Se detuvieron y se soltaron a personas. Desde el principio, la investigación estuvo mal hecha.

Mi amigo y compañero de la facultad de Derecho de la UNAM, Juan Antonio Carbajal González ya fallecido, era el director de Averiguaciones Previas, muy brillante y talentoso, pero sin experiencia en la ciencia penal. Nunca llamaron a testificar a actores que estuvieron cercanos al  homicidio. Por ejemplo, Marcelino Hidalgo, quien se arrojó contra Aburto y lo pateó en el suelo. Nunca se explicó tampoco qué fue a hacer a Tijuana, el entonces Gobernador de Sonora, Manlio Fabio Beltrones, quien acompañado de autoridades policiacas de ese Estado, se llevó a Aburto a la playa para interrogarlo. ¿Quién le autorizó dicha diligencia? ¿Qué le dijo Aburto? Son hasta ahora preguntas sin respuestas.

En el hospital General era la locura. No había mando ni control. Todo mundo hacía propuestas. De todo tipo. Por ejemplo, Alejandro de la Vega, muy amigo de Colosio y Carlos Bustamante, quiso traer un helicóptero de San Diego para trasladarlo a un hospital de allá. La idea fue descartada de inmediato, no había condiciones para el traslado. Mandaron traer entonces, a la prestigiada doctora Aubanel, cuñada de Carlos Bustamante, para que lo asistiera. Este acto después causaría muchas confusiones por las declaraciones posteriores de la Dra. El General Domiro, coordinador de la seguridad de Colosio, deambulaba en la sala como un fantasma, totalmente perdido y la mirada extraviada, hasta que le grité: “ponga orden General, todo mundo da instrucciones”. “Tiene razón Licenciado”, me contestó avergonzado y empezó a dar instrucciones. Desde la oficina de la Doctora Rosalinda de Guerra, entonces directora General del Hospital, le informé primero al presidente nacional del PRI, Fernando Ortiz Arana. “No es cierto, me dijo, estás bromeando”. “No”, le contesté secamente, “recibió un tiro en la cabeza” (aún desconocíamos el del abdomen). “Ya está clínicamente muerto”, le expresé tajantemente. La doctora Guerra y el Dr. José Ramírez Román, a la sazón diputado federal, estaban conmigo en esa oficina y me dijeron: “avísales que no saldrá de esta. El daño fue terrible”. Más tarde, el anuncio de Liévano Sáenz al confirmar su muerte, les dio la razón a ambos.

Así se cumplieron los idus de marzo mexicanos.

¿Fue realmente un asesino solitario? ¿Fue un complot? Y si fue, ¿quiénes participaron?

¿Por qué inmediatamente las autoridades americanas le dieron asilo político a la familia de Aburto? ¿Quién le ordenó a Manlio interrogar a Aburto? ¿Qué le dijo éste? Son muchas las interrogantes.

Luis Donaldo, amigo, 24 años han pasado y aún nos duele tu partida. Para nosotros, tus amigos, la herida sigue abierta.

 

Amador Rodríguez Lozano, es tijuanense. Ha sido dos veces diputado federal y senador de la República por Baja California; fue también ministro de Justicia en Chiapas. Actualmente es consultor político electoral independiente y vive en Tijuana. Correo:[email protected]

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