Las célebres portadas de Vicente Rojo

Foto: Cortesía FIL Guadalajara/Bernardo de Niz
 
Cultura Lunes, 5 Marzo, 2018 12:10 PM

Tras más de seis décadas creando la imagen de más de 900 libros, el autor entregó recientemente “Apología del polvo”, con texto de Arnoldo Kraus, publicado por Sexto Piso y la Dirección General de Publicaciones de la Secretaría de Cultura, en 2017. “Yo no hago una portada para hacer una portada bonita, yo lo que quiero es que el lector lea el libro”, expresó a ZETA

Un libro también se identifica, o un lector se acerca a su lectura, por su portada. Ésas son dos de las características de las inconfundibles portadas de libros creadas por el legendario artista Vicente Rojo desde finales de los 50 a la fecha.

Históricas se han convertido incluso portadas diseñadas por Rojo como “Palabras cruzadas” (Era, México, 1961, primera edición) de Elena Poniatowska o “Cien años de soledad” (Sudamericana, Argentina, 1967, segunda edición) de Gabriel García Márquez, por citar solo dos títulos de la literatura latinoamericana cuyas emblemáticas imágenes se deben al artista.

Considerando que, tal como confesó a ZETA, Vicente Rojo empezó a ilustrar libros desde finales de los 50 en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), pasando por editoriales como el Fondo de Cultura Económica (FCE), Joaquín Mortiz y Era, por lo menos durante 60 años se ha dedicado a tal arte, al grado de sumar más de 900 diseños solo de portadas durante su impresionante trayectoria como creador de imágenes de libros, además de las obras que se incluyen en interiores en algunos ejemplares.

De hecho, la portada e interiores más recientes diseñados por Rojo, convergen en “Apología del polvo” (Sexto Piso, Dirección General de Publicaciones de la Secretaría de Cultura, 2017), con texto de Arnoldo Kraus.

Por supuesto, como creador de portadas de libros, Vicente Rojo también tiene su historia, para fortuna de México.

DE LA GUERRA Y LA DICTADURA, O LOS AÑOS SOMBRÍOS

Vicente Rojo Almazán nació el 15 de marzo de 1932 en Barcelona, es decir, la niñez estuvo determinada también por el contexto de la Guerra Civil española (1936-1939) y su adolescencia por el franquismo.

“Desde los cuatro años me ha gustado tener en las manos lápices, papeles, tijeras, pegamento; recortar, pegar, armar. Fue una vocación que yo nunca me he explicado de dónde ni por qué vino, pero que ha estado muy clara y que he mantenido hasta la fecha”, expresó a ZETA Vicente Rojo.

“En mi casa no había ningún ambiente artístico -reveló el contexto familiar durante la guerra-; mi papá era ingeniero, pero exactamente desde los cuatro años quería dibujar un caballo, naturalmente que no me salía bien y a estas alturas tampoco me sale bien un caballo, pero bueno, me he podido entretener en otras cosas”.

Actualmente de 85 años de edad (86 a cumplir el 15 de marzo de 2018), rememoró que cuando tenía 13 años, allá por 1945, inició sus estudios de escultura y cerámica, en un momento y contexto político y social inciertos, bajo la dictadura militar de Francisco Franco:

“En Barcelona, en una época muy difícil, a los trece años entré como aprendiz en el taller de cerámica. Para mí los años de la guerra y posguerra obviamente eran sombríos; es decir, yo no tengo un recuerdo de mis 13 a 17 años donde hubiera luz, todo estaba muy apagado, era muy duro para mí”.

 

“NACÍ DE NUEVO CUANDO LLEGUÉ A MÉXICO”

Como parte de una crucial generación de españoles exiliados en México tras los horrores de la Guerra Civil primero y la dictadura militar del franquismo después, Vicente Rojo llegó a México en 1949:

“México fue una influencia definitiva. Yo nací de nuevo cuando llegué a México, me cambió totalmente el panorama, me parecía un país muy luminoso”.

A diferencia de los años grises de la guerra y el franquismo, en México descubrió la luz: “Venir en realidad a México significó encontrar una luz muy poderosa y sobre todo un conjunto de figuras, de personas, amigos; yo he tenido la suerte de trabajar siempre muy bien acompañado, eso es lo que me ha dado la posibilidad de hacer mi trabajo. La luz que yo descubrí o conocí cuando llegué a México es algo que me sigue iluminando, y ésa ha sido la base para poder hacer mi trabajo”.

Foto: Cortesía FIL de Guadalajara/Paola Villanueva Bidault

Tras sus primeros estudios de cerámica y escultura en Barcelona, fue en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda” donde continuó la profesionalización de su vocación artística.

“Afortunadamente, cuando llegué a México todas las cosas cambiaron para mí, para bien, pues ya pude empezar a trabajar, asistir a ‘La Esmeralda’ a clases particulares de pintura, aprendí tipografía. En fin, ése fue mi desarrollo que he mantenido hasta la fecha”.

Reconoció que sus maestros “son muchísimos”, pero dos fueron determinantes: primero Miguel Prieto en la Oficina de Ediciones del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), y después Fernando Benítez:

“Yo tuve un primer maestro en tipografía que fue Miguel Prieto, y enseguida conocí a quien ha sido mi gran maestro, Fernando Benítez, con él yo compartí 50 años de trabajo, de relación de amistad, de afecto, de cariño, y con él realmente aprendí no solo a conocer, sino a querer a México”.

 

MÁS DE 900 PORTADAS

Aunque cursó sus primeros estudios de cerámica y escultura en Barcelona entre 1946 y 1949, Vicente Rojo reconoció que en México formó una cultura visual determinante en su vocación artística:

“Mi conocimiento de la cultura visual fue cuando yo llegué a México cuando tenía 17 años; aquí fue donde empecé a ver el arte prehispánico, colonial, muralismo, el arte popular que siempre me ha interesado mucho; o sea que mi aprendizaje, mi conocimiento, fue en México.

“Cuando yo llegué a México, comencé a trabajar primero como aprendiz de diseñador gráfico, y al mismo tiempo en la pintura, que es lo que yo había querido desde niño, pero no tenía la edad”.

Rojo rememoró las editoriales donde ilustró portadas de libros desde la década de los 50: “Las primeras portadas eran para la UNAM, en 1954, 1955, para una serie que se llamaba Colección de Arte. Después, desde fines de los 50 empecé con el Fondo de Cultura Económica, luego seguí con Ediciones Era y con Joaquín Mortiz. Entonces, a partir de los 60, yo me fui dedicando más de lleno a mi trabajo como ilustrador, como aprendiz de pintor”.

Aunque diseñó para diversas editoriales, la mayoría de las portadas de libros fueron creadas para el catálogo de Ediciones Era.

“Hice como 700 portadas para Era, de otros editores otras 200 más, pero eso no se guarda; yo nunca he guardado las cosas que hago de diseño, excepto las cosas que me interesan mucho; por ejemplo, me pasé veinte años diseñando un suplemento semanal, pero no podía guardar eso; las pinturas van saliendo, pero también están en una bodega, claro”.

Cuando Vicente Rojo diseñó, por ejemplo, la portada de “Palabras cruzadas” (Era, 1961, primera edición), tenía 29 años, igual que la autora del libro, Elena Poniatowska; pero ése era solo el inicio de cientos de portadas para Era, editorial que cofundó en 1960; el artista recordó incluso cómo lo buscaban diversos editores o cómo era el procedimiento para crear la imagen principal del libro:

“Primero, los editores me informaban de lo que era el libro, en algunos casos he tenido la suerte de leer los originales; lo que hicimos en Era, por ejemplo, yo lo conocía muy bien, y luego hacía mi propuesta, que además yo creo que nunca hice dos propuestas para una portada, yo sabía lo que quería hacer y lo hacía. En aquel momento había mucha gente que me respetaba, que me quería, pues en Ediciones Era hice como 700 portadas, en Joaquín Mortiz como 80 o 100, con mucho trabajo”.

 

“YO LO QUE QUIERO ES QUE LECTOR LEA EL LIBRO”

Autor fundamental en la llamada Generación de la Ruptura, Vicente Rojo evocó en entrevista con este Semanario cómo dividió su tiempo entre el diseño gráfico, la pintura y la escultura; por supuesto, también reveló algunos detalles sobre el proceso de creación de una obra:

“Comencé a pintar en 1958, en el 58 hice mi primera exposición, se vendió algo; mi carrera como pintor empezaba muy bien porque en mi primera exposición se vendieron seis o siete cuadros, sorprendentemente porque nadie me conocía; en la segunda se vendieron cuatro, en la otra se vendieron dos. Entonces, yo iba brillantemente hacia arriba, cada vez se vendían unos cuadros. Nadie se ha dedicado exclusivamente al diseño gráfico; yo tuve la suerte de poder dividir mi tiempo en parte diseño gráfico y en parte pintura, y desde los últimos años me he dedicado a la pintura y a la escultura”.

 ¿Cómo es el proceso de creación de la portada de un libro?

“Cuando yo hice las portadas de Era conocía muy bien los libros; pero cuando trabajé con Joaquín Mortiz el editor me contaba generalmente la novela o cuentos; era lo más bonito de Joaquín Díez-Canedo como editor fantástico que me los contaba críticamente; me decía: ‘mira, esto se trata de esto, pero yo creo que hacia la mitad de la novela baja un poco’. Díez-Canedo era muy chistoso, muy bonita manera de contar, teníamos mucha amistad y él me contaba. O sea, yo siempre he sabido qué era el libro que iba a hacer una portada”.

¿Primero tiene que leer el libro, necesariamente?

“Sí, tengo que leerlo o estar muy bien enterado de lo que es, si no, no se puede, uno tiene que leer los textos para ver qué es lo que tiene en las manos”.

¿Las portadas pueden leerse independientemente al texto?

“No, las portadas tienen que estar ligadas al texto. Según mi manera de hacerlo, una portada tiene que sugerir un interés por el libro, que no esté delatando lo que hay en el libro”.

¿Qué busca lograr al crear un diseño para la portada de un libro, a diferencia de uno para interiores?

“Si es portada, sugerir muy suavemente lo que es el libro, es decir, yo creo que una portada no debe intervenir para nada en el contenido real, en la historia real, pero sí dar una serie de ilusión que uno se hace cuando hace una portada, acercar un libro a un lector. O sea, yo no hago una portada para hacer una portada bonita, yo lo que quiero es que el lector lea el libro”.

 

LAS FIGURAS GEOMÉTRICAS Y LOS DISEÑOS A PULSO

Una característica fundamental que distingue los diseños de portadas de Vicente Rojo es, por supuesto, la geometría.

¿Cuál es su argumento sobre el uso de figuras geométricas que distinguen su obra?, se le cuestionó al artista de origen español nacionalizado mexicano.

“El argumento es muy sencillo: porque las figuras geométricas son las que nos sostienen, sin la geometría no existiría una mesa, no existiría un edificio, no existiría una rueda. O sea, las figuras geométricas son básicas, ya sea un triángulo, un círculo, un cubo, un cilindro, son las que nos acompañan, estamos rodeados de geometría, de ahí viene mi obsesión por ese trabajo.

“Yo siempre pinto todo lo que tengo a mi alrededor, es decir, me inspira lo que está alrededor mío, que incluye geometría, personas, texturas, cine, música, y la geometría forma parte de ese mundo en el que yo trato de moverme”.

Debido a la perfección en el tratamiento de la geometría y el color, incluida la simetría y asimetría en sus diseños gráficos de portadas, se le preguntó sobre el uso de la tecnología y sus diversos paquetes informáticos, respuesta que lo remite irremediablemente a sus orígenes, cuando dibujaba con sus primeros lápices a los cuatro años de edad:

“Yo nunca usé computadora, yo ya me estaba separando del diseño cuando empezaba la computadora y no la manejé, lo digo con envidia porque es un aparato fantástico para un diseñador, pero a mí no me tocó; mis primeros cursos que hice en los 50 todavía eran con los tipos móviles que había inventado Gutenberg; a la fecha todo lo hago a mano, igual que a mis cuatro años”.

 

 

LAS PORTADAS MÁS RECIENTES

Cuatro son las portadas e ilustraciones de interiores más recientes de Vicente Rojo: “Apología del lápiz” (Sexto Piso, Conaculta, 2011), “Apología del libro” (Sexto Piso, Conaculta, 2014)

“Apología de las cosas” (Sexto Piso, 2016) y “Apología del polvo” (Sexto Piso, Dirección General de Publicaciones de la Secretaría de Cultura, 2017), todos con textos de Arnoldo Kraus.

“Por cuarta ocasión se reúnen a conversar los lápices de Arnoldo Kraus y Vicente Rojo. Como en un concierto de improvisación, cada uno de los autores nos habla, con su lenguaje, del polvo -origen del hombre y del universo- a través de sus miradas, sabias y sonrientes. Cada página nos regala un contrapunto gozoso entre la poesía escrita y la poesía gráfica”, refiere Carlos Pellicer López en la obra.

Sobre el trabajo final de “Apología del Polvo”, donde comulgan ilustración y literatura en una misma obra de arte,  Kraus dijo a este Semanario:

“Es un libro muy bello porque las pinturas de Vicente dicen lo que yo no pude decir y algunas de mis palabras se traducen en Vicente pintor. Ahora es la época de los libros tan desechables, tan horriblemente en las computadoras, pues ‘Antología del polvo’ es un libro bonito, las letras son bonitas, el papel es bonito, los dibujos son muy bellos, la pasta dura es bonita; los colores utilizados por Vicente para la portada, contraportada, cuartos de forros, las letras, lo hacen muy bonito. Digamos que el libro es un cuadro muy bonito de palabra y pintura. Entonces, el libro es más que un libro, es un libro objeto”.

Respecto al proceso de creación artística entre la literatura y la pintura, explicó: “Yo le entrego a Vicente un texto, él lo lee, lo interpreta, ve si le atrae, y a partir de eso crea una portada y un interior que danza con las palabras que yo escribo. El proceso es bastante sencillo en el inicio y también en el transcurso, en el transcurso hay modificaciones textuales, menos modificaciones visuales que se van acoplando entre lo que yo escribo y lo que Vicente Rojo pinta, hasta acabar con el libro; hay un diálogo entre Rojo y Kraus a partir de la oferta que yo le lanzo para el libro, hay un diálogo entre las palabras y las pinturas”.

Vicente Rojo también habló con ZETA sobre las diez obras, incluida la portada, contenidas en “Apología del polvo”:

“Escogí la que pudiera funcionar porque la portada tenía que tener letras, pero están hechas todas al mismo tiempo. La editorial ya había formado las páginas, yo ya sabía qué espacios me quedaban a mí y entonces yo hice las que eran necesarias”.

Y en cuanto al proceso de creación de la ilustraciones, comentó: “Varias obras y la portada a veces son las mismas, es decir, es el mismo tema, cada obra tiene que responder al libro; una vez que vamos encontrando nuestros caminos paralelos, que de repente se encuentran, nos vamos poniendo de acuerdo; le digo a Arnoldo ‘voy a hacer esto’, él de alguna manera en el texto menciona las imágenes; tenemos ya un buen sistema de trabajo porque es el cuarto libro de esta serie, tenemos una amistad de años, nos entendemos muy bien, respetamos nuestros trabajos”.

Finalmente, Arnoldo Kraus adelantó que la saga de “Apología…” continuará: “Quedamos tan satisfechos con el cuarto libro que ya tenemos en la cabeza el quinto, sexto, séptimo y el octavo, de momento hay sugerencias. Quedamos muy contentos Vicente y yo de pasar de la amistad a otra forma diferente de amistad que son los libros; y qué mejor que los libros para salvar a este país y a este mundo, con eso me quedo”.

Foto: Cortesía FIL de Guadalajara/Paola Villanueva Bidault

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