La muerte de Stalin

Foto: Internet
 
Cinemazcopio Sábado, 31 Marzo, 2018 12:00 PM

En 1953, Stalin murió repentinamente, y como buen dictador, estaba rodeado de políticos de quinta cuyas ambiciones superaban con creces su intelecto.

Esta película satírica de Armando Iannucci se concentra justamente en las postrimerías del deceso del tiránico mandatario ruso cuando sus posibles sucesores, Georgy Malenkov (Jeffrey Tambor), Nikita Khrushchev (Steve Buscemi), y Lavrentiy Beria (Simon Russell Beale) utilizaron toda clase de artimañas, sedientos de reconocimiento, olvidándose por completo de un país que ante todo necesitaba un gobierno.

En una época donde las pequeñas mentes peleaban por todo el poder -cualquier similitud con el presente claro que es intencional-, esta cinta es una locura llena de razón, con un sentido de humor ácido que funciona, y unos diálogos que uno teme que pudieron haber sido extirpados de la realidad política.

Y para complicar las cosas aún más, están Svetlana (Andrea Riseborough) y Vasily (Rupert Friend), los hijos del cruel dictador que ahora desconocen su destino lleno de incertidumbre tras la muerte de quien gobernó con la violencia y la corrupción.

De carácter universal, como se evidencia por lo que aquí ha sido expuesto, este filme tiene motivos de sobra para existir y eso lo entendemos al ver cómo ninguno de sus allegados parece estar a la altura del conflicto.

Krushchev es un lío en sí mismo, Malenkov no sabe hacer nada más que contradecirse a cada momento, y Beria solo mastica el concepto de “uso excesivo de la fuerza”.

Y hacia la recta final entendemos que el problema no es el presente inmediato luego de la muerte de Stalin, sino el futuro de un pueblo que queda en manos todavía peores. O al menos esa es la sospecha.

Basado en la novela gráfica de Thierry Robin y Fabien Nury, este largometraje acaso falla cuando el ritmo de tanta torpeza parece excesivo y exige una concentración inhumana. Demasiado qué pedir para quienes, a final de cuentas, se dejan seducir sobre todo por la actuación de un brillante Buscemi que aquí parece estar en su mejor momento.

En pocas palabras, véanla, es una película muy recomendable, digna de recordar, vaya. *** y media.

Punto final.- Después de “La chica danesa”, “Tomb Raider”… ¿en serio, Alicia Vikander?

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