Meade no fue implacable

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Destacados Miércoles, 21 Febrero, 2018 02:24 PM

La mejor forma de predicar es con el ejemplo. La congruencia en una persona también es una buena manera de vender una postura, sea política, ideológica, social: la coherencia entre lo que ha sido, lo que es y lo que promete ser.

En tiempos de transparencia y acceso a la información, aun cuando muy limitados en la rendición de cuentas, los mexicanos y particularmente en este sexenio encabezado por Enrique Peña Nieto en la presidencia de la república, tenemos forma y fondo para enterarnos un poco de las acciones de quienes manejan presupuesto, supervisan el gasto y reparten el dinero público.

Por eso cuando José Antonio Meade, el candidato del PRI a la Presidencia de la República (ciertamente auspiciado por otros partidos) dijo en su discurso de toma de posesión como tal, “seré implacable en el combate a la corrupción”, la premisa está de no creerse mucho. Vaya, en el pasado inmediato Meade colaboró (y representa desde el priismo) a una administración federal que quizá pase a la historia contemporánea como una de las más corruptas, y en ningún momento se le vio alzar la mano para la denuncia, aún cuando estuvo en posiciones que pudo hacerlo.

Implacable hubiese sido que como Secretario de Desarrollo Social (cargo en el que Meade tomó posesión en agosto de 2105 inmediato a la salida de Rosario Robles Berlanga) y al tener en sus manos los documentos de entrega recepción de la Secretaría, y la respectiva auditoría que todo funcionario que se precie de ser profesional solicita al llegar a ocupar el cargo de otro, se enterara de los desvíos de recursos y actuara en consecuencia denunciando el hecho. Eso hubiese sido implacable.

Pero no fue así. El hoy candidato del PRI a ocupar la silla del águila despachó trece meses en la SEDESOL, de agosto de 2015 a septiembre de 2016, y en ningún momento alertó sobre los desvíos que la Auditoría Superior de la Federación sí descubrió al realizar auditorías a las cuentas públicas de esa Secretaría (y de todo el gobierno federal) sobre lo ejercido en los años 2014 y 2015.

Como lo publicó el periódico de la Ciudad de México, Reforma, en esta ocasión la ASF encontró desvíos de recursos económicos por mil 311 millones de pesos en dos secretarías encabezadas en su momento por Rosario Robles, una la de SEDESOL donde la sucedería Meade, y la otra la SEDATU que sigue bajo la tutela de la ex perredista. No se trata de cinco pesos, ni de cientos de miles, está refiriendo la Auditoría Superior que son más de mil millones de pesos desviados con convenios fuera de la Ley de Adquisiciones, Arrendamientos y Servicios del Sector Público, signados por la dependencia con empresas privadas que a su vez esparcieron el dinero en universidades y empresas fantasma.

Resulta difícil creer que quien después sería Secretario de Hacienda y Crédito Público, y por lo tanto un experto en la fiscalización de los dineros, no percibiera los desvíos de quien lo antecedió; Meade no fue implacable cuando tuvo la oportunidad de serlo con Rosario Robles.

Pero ese no fue el único caso que tuvo el ahora abanderado tricolor a la presidencia de la república para demostrar ser implacable en el combate a la corrupción y la inseguridad. Como Secretario de Hacienda y Crédito Público, José Antonio Meade estuvo catorce meses, de agosto de 2016 a noviembre de 2017, durante ese tiempo en México se investigó al capo más notorio en el país hasta el momento de su extradición en enero de 2017, Joaquín Guzmán Loera “El Chapo”. Lapso en el que, de acuerdo a los resultados, la unidad de inteligencia financiera de la Secretaría de Hacienda, que también investiga el lavado de dinero, no hizo su parte para indagar sobre la pública fortuna del capo en México, producto de la venta de drogas ilícitas y otras actividades del crimen organizado.

Vaya, en México en el tiempo que estuvo preso “El Chapo”, y Meade fue titular de la SHCP no le fue iniciada investigación alguna por lavado de dinero y otros delitos financieros, para dar con la riqueza de más de mil millones de dólares que en varias ocasiones publicó la revista Forbes, que el capo tenía. De hecho, a excepción de las casas con pasadizos en el sótano que le fueron confiscadas después de su huida por Culiacán la segunda vez que lo detuvieron, a Guzmán Loera en México no se le aseguró ni una cuenta de banco, ni dinero en efectivo, ni ranchos, ni naves, ni nada.

En los Estados Unidos, donde el departamento del tesoro sí colabora con las corporaciones de procuración e investigación criminal y de narcóticos, han establecido no solamente la cantidad de droga que habría traficado hacia aquel país el narcotraficante mexicano, sino el dinero que por ello obtuvo. Estiman que “El Chapo” en toda su vida delictiva logró amasar más de 21 mil millones de dólares, dinero ilícito tras el cual van las fiscalías con juicios pendientes contra Guzmán en la Unión Americana.

En México nada, ni la PGR ni la Secretaría de Hacienda, pudieron iniciarle una investigación por delitos financieros al capo sinaloense, cuestión que sí ocurrió en el pasado cuando en 2001 y 2009, la unidad de inteligencia financiera de la SHCP inició investigaciones sobre hijos de capos, entre ellos el hijo de Sandra Ávila Beltrán, el hijo de Amado Carrillo “El señor de los cielos”, y la hija de Juan José Esparragosa “El Azul”.

El candidato del PRI también fue Secretario de Hacienda en los periodos en que dos ex gobernadores -además amigos suyos- dejaron el poder para convertirse en prófugos de la justicia, precisamente por malos manejos de los dineros públicos y corrupción. Se trata del veracruzano Javier Duarte de Ochoa y del chihuahuense César Duarte Jáquez.

José Meade tomó posesión de la SHCP en septiembre de 2016, unos pocos meses después que con la venia de esa institución entonces titulada por Luis Videgaray, el gobierno de Chihuahua a cargo de César Duarte, desviara 250 millones de pesos a la campaña del PRI como lo ha denunciado y probado el Gobernador de aquel estado Javier Corral, investigación por la cual más de quince personas están en prisión. Sin embargo, una vez más, Meade no vio el desvío de dinero público desde la posición que tomó. Tuvo la oportunidad y no fue implacable como ahora lo promete.

Los desvíos de recursos de Javier Duarte y de César Duarte se cuentan por miles de millones de pesos (mil 400 y mil 200, respectivamente y en unas cuantas investigaciones), y están enmarcados en los delitos de peculado, de enriquecimiento ilícito y de operaciones con recursos de procedencia ilícita, como ha quedado demostrado no solo en las auditorías estatales, y en los procesos que se les siguen, también en la Auditoría Superior de la Federación, la misma que señaló los desvíos de Rosario Robles publicados por Reforma. Pero de ninguno de tales desvíos, aún siendo Secretario de Hacienda, se dio cuenta Meade. Ni los denunció, ni los alertó, ni los persiguió. No fue implacable. Lo cual resulta sospechoso dado que desde hacienda se emprendió un terrorismo fiscal hacia empresas y empresarios no afines al gobierno, pero no quisieron hacer lo mismo contra los gobernadores corruptos.

Así que no, Meade no ha sido implacable en el combate a la corrupción, por decir lo menos ha sido omiso, volteó a otro lado, o de plano fue deficiente como Secretario, al no darse cuenta de lo que sí observó la auditoría superior, y en los estados de Veracruz y Chihuahua, donde sus amigos los Duartes desviaron miles de millones de pesos, que provenían de la Secretaría de Hacienda, la cual debe supervisar el uso de los recursos con los tantos requisitos que establece para entregarlos.

Ante la omisión de quien fue Secretario de Hacienda, le corresponde ahora a la Auditoría Superior de la Federación ser implacable, si los ex secretarios y ex gobernadores (y algunos gobernadores), no subsanan las observaciones de desvíos de recursos, o no reintegran lo distraído, lo que procede es fincar responsabilidades contra los servidores públicos responsables, promover sanciones administrativas o presentar denuncias penales cuando se encuentren –como parece son los casos- conductas dolosas.

Así que no, José Antonio Meade ni ha predicado con el ejemplo ni ha sido consistente en su desarrollo como funcionario público en lo que respecta al combate a la corrupción, pues no la ha combatido; no hay elementos para presumir ya no digamos asegurar, que fue implacable como ahora promete lo será. Lo que sí queda claro es que formó parte integral, al ser titular de tres secretarías, del gobierno más corrupto de la historia reciente de México.

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