La Iglesia y el narcotráfico

Foto: Internet/Obispo Salvador Rangel
 
Opinionez Lunes, 12 Febrero, 2018 12:00 PM

No pienses en sobornar al Señor, porque él no recibirá tus dones,

ni confíes en la ofrenda de cosas mal habidas, porque el Señor

es un juez que no se deja impresionar por apariencias.

Eclesiástico 35, 1-15

 

En la biblioteca de don Jesús Blancornelas, o del Semanario ZETA, debe haber un libro con el título “El narcotráfico: una preocupación pastoral de la Iglesia”, editado por la Conferencia del Episcopado Latinoamericano (Celam).

Los obispos de América Latina, desde Argentina hasta México y el Caribe, han escrito muchas cartas pastorales sobre el crimen del narcotráfico. Documentos que no son una lista de individuos o grupos criminales que se dedican al cultivo, producción y distribución de mariguana hasta fentanilo.

Los obispos no mencionan a empresarios, políticos, jueces, abogados, maestros, periodistas, sacerdotes, familias o casos particulares.

Los pastores de la Iglesia, los obispos, arzobispos y cardenales, abordan el tema del narcotráfico como un reto pastoral; como es el problema de las migraciones, el hambre en el mundo, la destrucción de la familia, la violencia y muchos temas.

Hace unos años, visitando en Zacatecas y Durango, la ruta de los mártires mexicanos (Cristiada), de paso en la terminal de camiones, me sorprendió ver El Sol de Durango, con ésta de ocho columnas: “Todo mundo sabe dónde está el Chapo, menos la autoridad: dice Arzobispo”. Era don Héctor González, el Arzobispo de Durango que declaraba esto a la prensa, afirmando que el fugado de Puente Grande, se había casado y merodeaba por Tayoltita, Durango. Más o menos.

Se imagina usted al candidato panista Vicente Fox diciéndole narcotraficante a Manlio Fabio Beltrones.

No, no se trata de eso en el magisterio de la Iglesia, se trata de cartas pastorales escritas por grandes obispos y arzobispos, prudentes pastores católicos que denuncian, desde 1968, el pecado social del narcotráfico. Más de cincuenta años de enseñanzas pastorales, que suben y bajan de la gente humilde, del campo, de los agricultores, campesinos, pobres que son obligados o seducidos por el crimen organizado para “trabajar” con ellos, cambiando los cultivos de trigo, maíz, legumbres, por el “rentable negocio de” la amapola, mariguana, etcétera.

Foto: Internet/Juan Jesús Posadas Ocampo

Son pobres que al verse privados de oportunidades de trabajo, emigran; ocurre también que estos, al quedarse en sus tierras fértiles y no encontrar apoyo en tantas instituciones corruptas, mentirosas y mal administradas, terminan obstaculizados.

Entre la espada de la corrupción y la pared del narcotráfico, se ven sometidos al crimen organizado. Risueño el indio y luego dándole maracas.

En estos días, la revista Proceso publicó precisamente una entrevista con el valiente obispo de dos diócesis guerrerenses, Chilapa-Chilpancingo-Tlapa; un franciscano que trabajó en Palestina en la promoción de la justicia y la paz; al renunciar el obispo titular de Tlapa por presiones del crimen organizado, el obispo franciscano asumió por lo pronto ambas diócesis.

Es admirable su labor de acercarse, como expresa Proceso, a los mismísimos criminales para pedirles que dejen de asesinar a tantas personas de la sociedad civil, a tantos inocentes y que abandonen ese estilo de vida que está acabando con sus propias familias y la sociedad.

El obispo franciscano de Chilapa-Chilpancingo ha recibido amargas críticas del Gobernador de Guerrero, porque al Obispo le consta que en el crimen organizado están coludidos policías, desde municipales hasta ministeriales, y el Ejército.

El valiente Obispo sabe que su vida corre peligro, pero no se acobardan, como buen pastor, ni el cinismo del Gobernador y sus policías, ni el acercarse a los criminales o miembros de la mafia para que vayan abandonando una vida que no se identifica con la fe que pregonan San Judas Tadeo, la Virgen de Guadalupe o el Sagrado Corazón de Jesús.

En sus cartas pastorales sobre el narcotráfico, los obispos lamentan que millones de campesinos sean inducidos u obligados a trabajar para el crimen organizado, pero con la complacencia u omisión de, no hoy, sino desde hace medio siglo, de las autoridades municipales, estatales y federales.

Antes de su muerte, el señor Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, en una homilía de 1993, enfáticamente dijo que el narcotráfico es un crimen contra el hombre y Dios, porque el mandamiento de No Matarás es vigente y fuertemente violado.

Ese fue el año del crimen del Cardenal Posadas, un 24 de mayo a mediodía, en pleno aeropuerto de Guadalajara. En ese 1993, Juan Pablo II fue el primer Papa que utilizó la palabra “mafia” en una homilía en Sicilia, Italia. Año en que asesinaron al padre Puglisi, beatificado recientemente por el Papa Francisco.

 

Germán Orozco Mora reside en Mexicali. Correo: saeta87@gmail.com

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