Espiritualidad

Foto: Internet
 
Opinionez Lunes, 19 Febrero, 2018 12:00 PM

Algunas personas repiten sin saber, durante la misa: “yo no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanar mi alma”. Cuando debe decirse: “para sanarme”.

La razón es porque no se salva solo el alma, sino toda la persona: espíritu encarnado. Algunos esposos se refieren a sus mujeres diciéndoles cariñosamente: mi alma. Otras personas llaman a los malvados: desalmados.

Para la inteligencia, los libros, la cultura, etc.; para el cuerpo, las comidas; para el corazón, el amor y el cariño; y para el alma, la espiritualidad.

Conocedores y maestros de espiritualidad: Jesucristo, los apóstoles, la Santísima Virgen María, los santos padres del siglo I al VIII (Patrística), los monjes del desierto; san Francisco de Asís, santo Domingo de Guzmán, Tomás de Kempis, el agustino; san Ignacio de Loyola, san Francisco Xavier, san Alfonso María de Ligorio, san Francisco de Sales; santo Tomás de Aquino, santa Teresa del Niño Jesús, santa Teresa de Jesús.

Uno de los tesoros de la espiritualidad es y ha sido “La Imitación de Cristo”, de santo Tomás de Kempis, religioso alemán. Uno sin experiencia puede confundir la “gimnasia con la magnesia”, porque continuamente el autor se refiere a los “ejercicios” y no precisamente musculares o del gimnasio. Kempis se refiere a los ejercicios del espíritu o del alma.

La forma más práctica y certera de conocer la vida espiritual, en esencia y verdad, es acercarse a algún director espiritual, como los sacerdotes del seminario diocesano; así como pedir asesoría a los padres franciscanos, dominicos, misioneros del Espíritu Santo, jesuitas, redentoristas o alguna orden religiosa cuyo fundador sea santo o siervo de Dios, beato, que tenga claro el camino de espiritualidad.

En la Iglesia hemos perdido los famosos “ejercicios de cuaresma” y muchísimas personas demandan y necesitan de la Iglesia, descubrir y manejar su vida espiritual.

De visita en el Santuario Mariano de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, en Cuba, no deja uno de admirarse hasta el alma por los regalos que la gente sencilla deja a los pies de la Virgen María. Si Ernest Hemingway le regaló su medalla de Premio Nobel de Literatura 1954, entre los muchos regalos, a Nuestra Señora, también destacan varias tesis doctorales en ciencias, elaboradas por jóvenes de Baja California Sur, en La Paz, y llevados con gratitud a la Virgen. Ejemplo de humildad de que la razón y la fe se complementan.

 

Germán Orozco Mora reside en Mexicali. Correo: saeta87@gmail.com

Comentarios

comentarios

Notas relacionadas

Tipo de Cambio