El horror en el paisaje mexicano

Foto: Cortesía Guillermo Arreola/Casa Lamm
 
Cultura Lunes, 12 Febrero, 2018 12:10 PM

El artista tijuanense Guillermo Arreola expone “Conjuro” en el Centro de Cultura Casa Lamm de la Ciudad de México, en el que recrea espacios donde han ocurrido masacres como Tijuana, Ciudad Juárez, Ayotzinapa, San Fernando: “Elegí esos sitios como una vaga intención de reincorporar lo fantasmal, la marca ya desvanecida de los horrores ahí perpetrados. Los restos humanos que habitaron esos lugares, esos paisajes”, expresó a ZETA el autor

El horror que se impuso en diversos paisajes mexicanos, luego de diversas masacres y otras barbaries acontecidas en el país, sobre todo durante la guerra sinfín de los últimos sexenios, es recreado por Guillermo Arreola.

 

Se trata de la muestra “Conjuro”, que se exhibe en el Centro de Cultura Casa Lamm de la Ciudad de México, hasta el 28 de febrero, una emblemática exposición plástica de esta cruenta época en la que el artista plástico tijuanense Guillermo Arreola, a través del paisaje, interpreta las masacres y violencia en general de Ciudad Juárez, Tijuana, Ayotzinapa, San Fernando y otras latitudes mexicanas donde pulula el oprobio como un fantasma que no termina de irse.

“Quise incorporar el horror ocurrido en determinados lugares en México. Obviamente se trata de una interpretación pictórica de esos sucesos”, compartió a este Semanario el artista bajacaliforniano.

 

PAISAJE Y HECATOMBE

Fue en 2016 cuando Guillermo Arreola (Tijuana, 1969) emprendió el proyecto de abordar el tema del paisaje y la violencia de México en una misma propuesta discursiva y estética; pero claro, el paisaje idílico de otras épocas y artistas abunda en la historia del arte mexicano:

“Imperaba, sobre todo, un sentido de exaltación de la naturaleza o de cierto idealismo, un gesto reverencial ante lo imponente de lo natural frente a lo humano, como lo hacían pintores como Atl o Nishizawa. Me resulta imposible concebirlos como se hacían antes, ahora encuentro en la posibilidad del paisaje una constante intervención humana, siempre amenazante”, develó el artista, y por supuesto, tenía que resolver cómo pintar el paisaje y la hecatombe en un mismo lienzo:

“Tenía la intención de realizar paisajes de México. Pronto me di cuenta que el planteamiento no podía hacerlo desde una perspectiva tradicional del paisaje, sino a partir de la percepción de que ciertos paisajes, lugares, geografías, han quedado marcados por la intervención y constantes amenazas humanas, sea a través de daño ecológico o por otros sucesos, como son el exterminio de personas. Este último efecto, el del exterminio humano, fue el que elegí para abordar el tema”.

Foto: Cortesía Guillermo Arreola/Casa Lamm

LUGARES TRÁGICOS

Inaugurada el 24 de enero de 2018, en el Salón Elena Lamm del Centro de Cultura Casa Lamm de la Ciudad de México, “Conjuro” está integrada por diez pinturas de mediano y gran formato, donde los títulos también hacen alusión a la tragedia: “Preludio. San Fernando, Tamaulipas” (acrílico sobre madera; 127×99 centímetros; 2017), “Atardecer en Cocula, Guerrero” (acrílico y pastel sobre madera; 168×116 cm; 2017), “Recuerdo de Tijuana” (acrílico y óleo sobre madera; 127×249 cms; 2017), “Huesos. San Fernando. Tamaulipas” (acrílico sobre madera; 130×157 cms; 2017), “Vista diurna de Nochistlán” (acrílico y radiografías intervenidas sobre madera; 82×102 cms; 2017), “La insólita aparición de Antígona en Veracruz” (óleo sobre tela; 150×180 cm; 2017), entre otros.

Antes de abordar los lugares concretos donde han sucedido diversos horrores en los últimos años, Guillermo Arreola manifestó sobre el título de su exposición:

“Conjuro es una palabra que abarca tanto la acepción de acción mágica, como la del ruego, para contrarrestar un mal. También alude a los exorcismos, a expulsar a los demonios mediante su convocación y exposición. Por otro lado, encuentro en esta palabra un sostén descriptivo de lo que puede ser el arte, o en este caso, la pintura: un intento de evidenciar el peso del horror a partir de lo estético en algunas formas de la realidad”.

— Los títulos de las obras aluden a la ciudad o lugar donde han sucedido diversas tragedias, o que son identificados por su violencia. ¿Cómo o por qué elegiste esos lugares para tus obras?

“Si en estos lugares había habido intervención humana de destrucción o se habían llevado a cabo crímenes multitudinarios, masacres, me pregunté cómo reinterpretar lo que allí había ocurrido y si realmente esos sucesos podrían haber modificado esos lugares en su visualización.

“En todo caso, elegí esos sitios como una vaga intención de reincorporar lo fantasmal, la marca ya desvanecida de los horrores ahí perpetrados. Los restos humanos que habitaron esos lugares, esos paisajes. Algo así como visibilizar el daño ya ocurrido, pero sin hacer calcas a partir del hiperrealismo. Por ejemplo, no tener que pintar en rojo un río para hacer saber que allí habían ocurrido muerte o descuartizamientos”.

 

LA ESTÉTICA EN EL HORROR

En los paisajes de “Conjuro”, de Guillermo Arreola, habita el horror impresionantemente por la forma no explícita de llevar al lienzo, el tema de la violencia, sino de una manera sutil, pero impactante.

“Hay en estas obras un conglomerado figurativo de objetos y restos humanos que requirieron de un uso de colores fuertes, pastosos y brillantes, que dieran indicio de la contundencia y la espectacularidad de la destrucción; y en contraste, los verdes o azules de la naturaleza”, declaró el artista.

—“Las obras son una mezcla emocional, onírica, consciente, espontánea, provocativa y hasta accidental”, mencionas sobre la exposición. ¿Cómo es el proceso creativo en una obra, considerando el paisaje y la tragedia en los lugares elegidos previamente?

“En este caso, el proceso se convirtió a momentos en una inmersión en terreno pantanoso, por la indeterminación de pintar y fijar qué imagen a partir de todo lo que vi a través de fotografías periodísticas o por mi propio recuerdo de estos lugares que he conocido en otros tiempos, o por lo soñado, y sin que dejara de haber en ello una identificación de lo que se alude. Era como intentar reconfigurar sangre y cadáveres arrojados a un paisaje y ya convertidos en historia y anécdota y en referente de la impunidad”.

Cuando se le cuestionó al artista qué buscaba lograr en el espectador cuando viera sus obras, expresó: “A lo mucho, incidir sobre un sentido de alerta en su propia capacidad de percepción”.

Asimismo, tras su exhibición en Casa Lamm, manifestó sentirse “satisfecho, y más si tomo en cuenta que se trata de una exposición que se había tenido que posponer por sucesos naturales, pues estaba programada para realizarse unos días después de ocurrido el terremoto (acontecido en la Ciudad de México, el 19 de septiembre de 2017)”.

Concluyó Arreola: “‘Conjuro’ es parte de un proyecto más amplio que incluye un registro videográfico del proceso de realización de estas pinturas. El video sí se realizó, aunque aún no ha tenido proyección pública. Por otra parte, está pendiente la publicación de un pequeño libro a modo de documento, una especie de bitácora en el que se recogen los pormenores del proyecto completo”.

Foto: Cortesía Guillermo Arreola/Casa Lamm

Escriben sobre la obra

En el catálogo virtual disponible en http://www.galeriacasalamm.com.mx/, Alfred Corn y Héctor Iván González reseñan la exposición “Conjuro” de Guillermo Arreola.

Para empezar, Alfred Corn advierte en su texto “Soñar la pintura”:

“Se dice que los ciegos tienen sueños hechos solo con sonidos. Pero quienes poseen el sentido de la vista, sueñan siempre con imágenes, sean monocromas o en varios colores. ¿Será posible soñar desde la pintura? Para Bosch, para Odilon Redon, para Dalí, para Chagall, para Orozco y para Guillermo Arreola, sí. Sus pinturas recientes flotan en un limbo encapotado de asociaciones entre la abstracción y la figuración onírica. Su índole arraiga, tanto en lo desolador como en lo apacible, un espacio mental donde al desastre se le ve con ecuanimidad inquebrantable.

Foto: Cortesía Rogelio Cuéllar

“El sentido gestual y colorístico de Arreola es magistral, las breves y rápidas pinceladas vuelven una y otra vez en pos de una disonante combinación de anaranjados, amarillos y negros, atenuado a veces con una equilibrada tonalidad azul claro. Se propulsan, principalmente, de modo vertical, aunque en una de las obras horizontales se advierte una nube negra invadiendo el espacio pictórico con amenazante energía -un mural abstracto que pudiera representar muchas de las calamidades históricas contemporáneas-. En otras piezas se representan rostros humanos, perros, huesos, un detritus misceláneo como los que se puede encontrar en zonas baldías urbanas”.

De igual modo, en el texto “La belleza inquietante”, Héctor Iván González discurre: “Guillermo Arreola es un artista de muchos registros. Sus lienzos dan muestra de una pintura en constante variación y renovación. Las técnicas y las paletas de color revelan una fuerza creativa exigente consigo misma. Sus cuadros sugieren influencias de Klimt, de Turner y de uno de sus artistas seminales, Francis Bacon. En piezas como ‘Preludio. San Fernando, Tamaulipas’ o ‘Atardecer en Cocula, Guerrero’ se escucha los rasgueos, el friccionar de la espátula en la tela, un papel quebrándose. Sobre todo en ‘Atardecer…’ se percibe, de trasfondo, una danza sinfónica a lo ‘La isla de los muertos’ de Sergei Rachmaninov. Arreola reformula la tragedia y la dota de un hálito de belleza”.

Iván González finaliza: “En la obra plástica de Guillermo Arreola nada se esconde, ni siquiera él mismo. Porque al observar sus texturas, sus trazos y la composición, se percibe la ostentación de su ser. En este hacer radica su complejidad, su mirada y su expresión. El creador de este mundo se ha dejado ir sin ningún miramiento, sin escatimar un ápice de su intimidad. Es inevitable decir que sus lienzos han sido jaspeados con la esencia de un artífice que se inmola innecesariamente para entregarnos una belleza inquietante”.

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