La gente y la política

Foto: Internet/Papa San Juan XXIII
 
Opinionez Lunes, 22 Enero, 2018 12:00 PM

“Sigo prefiriendo el Evangelio a los artificios de la política humana”. San Juan XXIII, Papa (1958-1963)

 

Bien a bien, separar a la gente de la política es imposible porque la gente es la que hace la polis, la ciudad. Las personas conforman la comunidad política.

Hablar de la gente es hablar de la polis, lo absurdo es que los políticos se desentienden de la sociedad, esa que paga impuestos, mantiene burocracias y a los políticos mismos. La ciudadanía sostiene a las iglesias y partidos, pero, como planteaba Octavio Paz en “El Ogro Filantrópico”, sobre modelos inhumanos como el antiguo Estado Soviético que acaba por consumir la vida del pueblo sufriente y carente de lo necesario. Esto es lo que hay que salvar desde la política: a la gente.

Buenos oradores que mienten son demagogos, dicen una cosa y hacen otra, hablan de revoluciones que, como expresaba don Samuel Ruiz, que fuera obispo de Chiapas desde 1970: “La Revolución parece que nunca llegó a Chiapas”.

El poeta Octavio Paz, retirado en su mundo de letras, Nobel de Literatura en 1990, fue desempolvado por el “temblor social” de enero de 1994. Retomó su sabiduría política para aportar soluciones. Le acompañó no solo su sabiduría, sino la credibilidad de un hombre difamado por ignorantes, en ambos lados de las corrientes políticas: derecha e izquierda.

Aquella época fue de las mejores en el siglo XX, el siglo en que los rostros del demonio se revelaron en el comunismo y el nazismo. Fueron los tiempos de líderes mundiales como César Chávez, con los campesinos; Luther King, con los derechos civiles; Gandhi, en la India; Nelson Mandela, en Sudáfrica -preso durante 35 años-; asimismo de Vaclav Havel, en Checoslovaquia; Walesa, en Polonia.

Acá, en México, el tiempo de don Luis H. Álvarez, candidato presidencial en 1960; la época de hombres enteros como Heberto Castillo; de Salvador Rosas Magallón, en BC; del Dr. Nava, en San Luis Potosí; cuánta gente edificante e inolvidable para la gente en la política.

Es inmejorable lo que advierte Mahatma Gandhi a la gente ignorante, incluso estudiada, que toma a la religión como ajena a los asuntos políticos; en su obra “Mi Dios” (Gandhi), expresa que quien dice que la religión no tiene qué ver con la política; no sabe ni siquiera qué es la política.

Me llamó la atención cuando un señor obispo reveló cómo otro hermano obispo le había confiado que antes de morir fuera a confesar a don Fernando Gutiérrez Barrios, en pleno hospital; quién sabe qué le habrá confesado, pero el político recibió el sacramento, inolvidable por aquella frase que se le atribuye al detener a los presos políticos: “tú dime qué quieres, encierro, destierro o entierro”.

Quizás don Fernando recordó antes de morir aquellas palabras del libro de Sirácide: “No pienses en sobornar al Señor, porque él no recibirá tus dones, ni confíes en la ofrenda de cosas mal habidas, porque el Señor es un juez que no se deja impresionar por apariencias” (Ecles, 35, 1-15).

Mientras los zares rusos, cristianos católicos, en el siglo XIX vivían en la opulencia, regalándose huevos de Fabergé con valor de miles de dólares; se les fue -como a Herodes “El Grande”- entumeciendo la conciencia; de perplejos pasaron a no escuchar a Dios a través de pensadores cristianos no marxistas como Vladimir Solovyov o Nicolai Berdyaev. Los persiguieron y despreciaron, no los escucharon. Llegó el fin de los zares, su persecución, despojo y muerte a manos de los bolcheviques, la revolución de octubre de 1917.

Como la vida, la política es dinámica, pero tiene un punto de quiebre, unas crisis históricas como las de los zares rusos. La gente tiene su límite.

En nuestros días, en México parece que todo se encamina hacia la ruina, porque el poder político no ha sabido valorar a su pueblo. No hay que dudar que si la nación sobrevive, no es por el Estado Burocrático; creo que los mexicanos estamos sobreviviendo, sí, gracias a Dios, pero también a fenómenos como el de millones de migrantes en Estados Unidos que envían ayuda a sus familias a través de las remesas.

A la multitud de partidos políticos -llamados muchos “la chiquillada”-, ahora los mexicanos tenemos la desgracia de que aparecen los candidatos independientes.

A pesar de todo esto, la democracia es el ideal sistema político.

Tal vez, la gente que paga impuestos, que trabaja, mantiene a la burocracia, a los partidos, no se ha dado cuenta del poder de su voto sumado al de millones de ciudadanos.

A María de las Heras nunca le creyeron que el candidato presidencial, Vicente Fox, ganaría con casi cinco o seis millones de votos de la gente; hubo de publicar su encuesta en Estados Unidos porque en México nadie quiso decir la verdad.

 

Germán Orozco Mora reside en Mexicali. Correo: saeta87@gmail.com

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