Hartazgo social

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Sortilegioz Lunes, 29 Enero, 2018 12:00 PM

Francisco Vega de Lamadrid, el gobernador del Estado, nada más no entiende que ya tiene cansada a la población bajacaliforniana. Mayormente adonde se presenta hay manifestación. En distintas dimensiones, no necesariamente violenta, ruidosa o con consigna, pero la hay.

De hecho pocas veces se le ve en espacios abiertos o actos masivos. Sus salidas son controladas, acude a taquerías cuando menos personas están presentes, a restaurantes de comida china con afición controlada, y mayormente sus reuniones son o en Estados Unidos, o en otros estados de la República Mexicana, particularmente en Baja California Sur, donde tiene inversiones, socios y amigos. De ahí en fuera todo lo demás es acto público con asistentes seleccionados para acompañarle.

No se le ve presentando o inaugurando justas deportivas, aunque acude con regularidad a juegos de los Águilas de Mexicali, lo hace de manera discreta y nunca tomando el micrófono, ya le abuchearon en una ocasión. Las corridas de toros escasean en el Estado y evita otras celebraciones públicas.

No es de gratis esta actitud. En enero de 2017, Vega perdió toda credibilidad cuando más de 40 mil personas se manifestaron en Mexicali cuando pretendió ejercer la Ley del Agua que sus diputados le habían aprobado semanas atrás. El coro de “¡Fuera Kiko!” expresado por esa multitud aún cala en la conciencia del Estado. Tanto que llevó al gobernador a recular en la Ley y pedir al Congreso que se la aprobó, derogarla en lo inmediato, y por supuesto, así sucedió.

De ahí en adelante el panorama en Baja California se le complicó. Le siguieron las Asociaciones Público Privadas que ha realizado hasta crecer a miles de millones de pesos la deuda del Estado y por más de 37 años. Antes había dejado de pagar a la Universidad Autónoma de Baja California, e incluso a la Beca Progreso. Se desentendió de la seguridad, y la inversión llega en automático, mientras manipula el Congreso del Estado a su antojo.

La sombra de la corrupción está presente en sus ex colaboradores y en los compañeros de gabinete actuales. Mucha sospecha y poca capacidad. Por ejemplo, Miguel Ángel Bujanda ha sido mencionado en el PAN y fuera de ese partido como quien, junto a Roberto Karlo López, llevan la agenda privada del gobernador. Bujanda pasó de ser un humilde adherente, a un próspero y rico funcionario, y su ascenso en la jerarquía gubernamental ha sido igual de rápido. De ser el secretario privado, pasó a coordinar a todo el gabinete, secretarios y secretarias, oficial mayor y procuradora, a todos, los coordina un joven inexperto. Enorme diferencia por ejemplo, con el caso de Chihuahua, donde el gobernador Javier Corral nombró su coordinador de gabinete a un ex presidente nacional del PAN y ex legislador federal, Gustavo Madero.

Pero Vega no sabe de eso. La mayoría de su equipo en el gobierno son amigos, compadres, íntimos, socios, sin importar la capacidad, el compromiso o la necesidad que tiene la administración pública bajacaliforniana de ver un crecimiento en la capa intelectual de sus funcionarios.

En términos generales, la credibilidad del gobernador ha disminuido considerablemente, es en la República Mexicana, uno de los gobernadores con menos popularidad y con más señalamientos.

Por eso no fue extraño que las manifestaciones de inconformidad contra el gobernador, transitaran de las calles a las organizaciones. El miércoles 24 de enero fue invitado, más por protocolo que por otra cosa, a la toma de compromiso de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) Tijuana, donde Gilberto Fimbres fue reelecto. El gobernador vio audiencia trajeada, micrófono y estrado y agarró monte. Le pidieron que hablara cinco minutos, pero como es, se extendió en la plática que versó sobre lo que podría ser su Informe de Gobierno, el cual no ha dado, pues se ha auto obligado a no hacer actos cerrados con público y solo concentrarse en las calles, volanteando panfletos que resumen sus “logros” en trípticos.

Cuando los empresarios y las pocas empresarias (de hecho el consejo de Coparmex Tijuana tiene solamente una mujer) se cansaron de escuchar reflexiones y acciones de un gobernador que no ven en la realidad de un Estado, intentaron aprovechar un respiro del discursante para aplaudir y que se bajara del estrado, pero no funcionó. De hecho Vega hasta se sintió acompañado y continuó con su diatriba.

El servicio del desayuno estaba en la mesa, y los miembros y simpatizantes de Coparmex se manifestaron en ese contexto. Tomaron los cubiertos y comenzaron a golpear los vasos dispuestos. El sonido tal, se entiende, es para que las personas reunidas en una celebración guarden silencio. En este caso, lo que querían era que el gobernador se callara. Que terminara de decir lo que no los convence y se bajara del lugar para continuar con la ceremonia que los había reunido ahí esa mañana y que no tenía que ver precisamente con escuchar al primer panista del Estado.

Sorprendido por la manifestación tempranera, Vega todavía pidió respeto y agradeció el aplauso. Ya cansados los empresarios, continuaron con su inconformidad utilizando la vajilla hasta que finalmente el mandatario entendió, terminó y se fue.

Ahora sí que hay abucheos en plazas y estadios, gritos en las calles, pero cubiertos chocando vasos a manera de protesta, es algo nuevo. El hartazgo frente al Gobierno del Estado ya se refleja en todos los sectores. Francisco Vega ha logrado reunir a la mayoría de los sectores en una manifestación en su contra.

El hartazgo social en Baja California se ve, se escucha, se percibe y se vive, en cada vez más espacios, públicos y cerrados. La falta de credibilidad y la desconfianza que ha generado el gobierno a su alrededor, se está desbordando.

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