Templo cívico. México: su pasado, presente y futuro (Vigésima novena parte)


 
Cartaz Lunes, 18 Diciembre, 2017 12:00 PM

Simultáneamente a la publicación del libro, Madero inició la búsqueda de un personaje que destacara para invitarlo a presidir una agrupación política independiente que pensaba formar. Encontrar a ese hombre era importantísimo, pues Madero reconocía su falta de renombre para ocupar el cargo. Ninguno de los individuos aceptó. El periodista Victoriano Agüero manifestó el sentimiento general al decir que no veía la utilidad de lanzarse a la lucha en un México donde solo se palpaba “servilismo y miedo”, y agregó: “Ya no tengo fe en nuestros hombres ni en nuestro país”. Trabajo sin esperanza, solamente por llenar una obligación, precisó.

Sin desanimarse, Madero continúo buscando, y en mayo de 1909 logró fundar en la Ciudad de México un centro anti reeleccionista. Solo anunció que el organismo perseguía la “gradual realización del principio del sufragio efectivo y no la reelección”, y que limitaría su lucha al terreno político porque consideraba criminal lanzar al país a una revuelta armada.

Para presidir el centro, Madero reclutaba un astuto político porfirista, el licenciado Emilio Vázquez Gómez, el cual le había retirado su simpatía al dictador. Poco después de fundado el centro, Madero inició una serie de giras políticas y llamaba la atención que el personaje anduviera acompañado por su esposa, doña Sara. Aun así, el éxito estaba lejos de ser calificado de “clamoroso”. En Orizaba, Veracruz, Mérida y otros lugares, el público que se reunía era escaso al punto que las autoridades dejaban en paz al agitador. Solo a fines de año, en Guadalajara, Madero fue aclamado por más de cinco mil personas. De Chihuahua pasó a Coahuila, con un mayor éxito, y a otras partes donde ya los mítines se veían más concurridos y las autoridades comenzaron a aplicar breves arrestos a uno que otro de los que consideraban “revoltosos”. Más que las prédicas de Madero, las reuniones se vieron favorecidas por el exilio del general Reyes en Europa, y sus partidarios, que eran muchos, empezaron a afiliarse en masa al maderismo.

Madero se vio en la posibilidad de avanzar solo y decidió transformar el centro en partido y participar en la elección con candidatos a la vicepresidencia y la presidencia.

La convención constitutiva del partido anti reeleccionista inició sus trabajos en la Ciudad de México, el 15 de abril de 1910. Madero, el único que tenía tiempo y dinero para la campaña, resultó electo como candidato presidencial y por sugerencia de él mismo, el doctor Francisco Vázquez Gómez fue designado para la vicepresidencia.

Madero siempre acompañado de Sara inició su campaña electoral el 5 de mayo, con una manifestación en el Distrito Federal a la que acudieron unas siete mil personas. Pasó por segunda vez a Guadalajara donde reunió 10 mil y luego se trasladó a Puebla para ser aclamado por 25 mil almas que lo vitorearon y así aumentó su popularidad; de nuevo en Ciudad de México, 30 mil personas lo ovacionaron. El gobierno comenzó a preocuparse por la enorme popularidad que había logrado Madero, ya que sus partidarios habían igualado a su héroe con las figuras de Hidalgo y Juárez.

El 7 de junio de 1910, Madero fue detenido en Monterrey, en plena campaña electoral, y trasladado a San Luis Potosí; con su rival bajo arresto, el Congreso reeligió a Díaz para un nuevo sexenio.

Madero comprendió que para llegar al poder por la vía democrática, evidenciaba que solo por medio de las armas podía llevar a un verdadero cambio. En octubre de ese mismo año, tras lograr escapar de la cárcel, Madero huyó a Estados Unidos, y desde su exilio en San Antonio, Texas, hizo público el programa político llamado “Plan de San Luis”, en alusión a San Luis Potosí, donde fue fechado el documento, pese a hallarse ya en el país vecino.

Madero declaró fraudulentas e ilegítimas a la reelección de Díaz, convocaba a una revolución para el 20 de noviembre próximo. El prócer invirtió grandes cantidades importantes de su fortuna y la de su hermano Gustavo para refaccionar a varios de sus correligionarios que necesitaban adquirir armas.

Continuará.

 

Guillermo Zavala

Tijuana, B.C.

 

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