Noche de paz


 
Cartaz Lunes, 25 Diciembre, 2017 12:00 PM

Al iniciar la Primera Guerra Mundial (1914-1918), soldados británicos y alemanes que se encontraban en sus respectivas trincheras, separados a una distancia menor de cien metros, en vísperas de Navidad habían sostenido sangrientos combates durante el día en territorio belga.

Era un gélido tiempo invernal, sería la primera Navidad que pasarían en “La Gran Guerra”, lejos de sus seres queridos; fue entonces que ambos bandos comenzaron a cantar villancicos y se aplaudían aunque fueran del enemigo. Y sucedió lo inimaginable: una tregua de paz por ser Navidad. Lo más asombroso fue que todos convivieron en paz y con alegría, compartiendo comidas y bebidas y jugando un partido de futbol. Se manifiesta la bondad del ser humano que todos llevamos en nuestro corazón muchas veces ya endurecido. Se terminó la tregua. Fue hora de regresar a sus respectivas trincheras y… ¡A seguirse matando! Habían vivido unas horas de paz inolvidables para sus vidas. Estuvieron un corto tiempo en el cielo y regresaron de nuevo al infierno de la guerra.

El alto mando de cada contendiente al enterarse de tan grave suceso, según su entender, mandaron fusilar a muchos de ellos por el delito de “traición”.

Desconozco mucho de historia, pero la gran mayoría de las guerras, creo yo, son realizadas por grandes intereses económicos y el afán de tener más poder, ya que invadir un país para despojarlo de sus recursos naturales, robarle su territorio y someter a su población, así lo demuestra.

En la actualidad, tristemente continúan las guerras en muchos países y en muchos hogares. Hago mención de la guerra dentro de muchas familias porque es ella la base de la sociedad. Familias que todavía no hacen una tregua de paz para dialogar y mejorar su relación entre ellos, para perdonarse de corazón sus errores, para vivir en armonía y ayuda mutua.

El próximo tiempo de Navidad, Dios quiera que sea el inicio para que vuelva la paz y el amor verdadero en los hogares y familias que lo necesitan, no solo una tregua de abrazos y saludos hipócritas para que, pasada la Navidad, continúen peleados y odiándose de nuevo.

Todavía es tiempo porque, muy en el fondo de nuestro corazón, somos buenos y generosos; todos cuando nacimos no teníamos maldad de ningún tipo y así fuimos hasta cierta edad de nuestra infancia; pero por diversas razones, como la educación y atención en valores morales por parte de nuestros padres, la influencia de amistades, ambiente social, entre otros factores, nos empezamos a “malear”, pues la tendencia al mal forma parte de nuestra condición humana. Hago hincapié, es tendencia, NO que hayamos nacido malos.

Continuamente, nuestra conciencia moral nos dice: “haz el bien, evita el mal”. Las grandes guerras entre países nacieron de guerras en una familia, después de cien familias, luego mil, un millón, y si suman muchos millones de integrantes de familia, con pocos o ningún valor ético, incluso sin ninguna creencia religiosa, personas que no creen en Dios o no lo toman en cuenta para nada; todas esas personas dieron inicio a las guerras entre países.

Por todo lo anterior, qué importante es la paz y el amor sincero dentro de cada uno de nosotros y en la familia. Tantas guerras se pudieron haber evitado, pero todavía con la ayuda de Dios, se pueden evitar.

Mi querido lector, quise compartir contigo algo de lo mucho que todavía tengo para platicarte; es algo así como el agua de un río que continuamente debe fluir, porque si se estanca, se llega a podrir. Deseo que tengas una muy feliz Navidad en compañía de tus seres queridos y que la paz verdadera del Niño Dios reine en cada uno de sus corazones.

 

Eduardo Velarde Vázquez

Tijuana, B.C.

Diciembre de 2017         

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