Médico confesó asesinato de su novia embarazada, juez lo libera


 
Edición Impresa Lunes, 4 Diciembre, 2017 12:00 PM

Armando Otáñez Merlos fue detenido

en 2014 por el homicidio de su novia

Yissel Carolina, quien estaba

embarazada de él. La PGJE tenía su

confesión, grabaciones que lo

captaban en el sitio y lugar del crimen,

y evidencia en su teléfono celular. De

nada sirvió. Una testigo sorpresa y

alegatos de tortura por manotazos que

recibió de policías ministeriales,

hicieron que un juez y magistrados lo

dejaran en libertad

Yissel fue asesinada y abandonada dentro de un cajón pluvial en Tijuana, donde fue encontrada la mañana del 11 de agosto de 2014. Tenía apenas 19 años de edad. El médico pasante Armando Otáñez Merlos, su novio, y de quien estaba embarazada, confesó el asesinato a detalle; su teléfono celular guardaba evidencia del homicidio, y grabaciones lo ubican en el tiempo y lugar del crimen. Tres años después fue dejado en libertad por un juez.

La decisión del Juez Tercero de lo Penal, Flavio Herrera Robles, fue apelada por la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE). Era uno de los pocos expedientes de homicidio resueltos, pero la sentencia absolutoria del juzgador fue ratificada por magistrados del Tribunal Superior de Justicia del Estado (TSJE).

A pesar de la evidencia aportada por los investigadores, para los encargados de impartir justicia, resultaron más convincentes los comentarios de una mujer que asegura haber estado con el médico pasante en el lapso de los hechos, así como los alegatos de tortura que el médico hizo por un par de manotazos que policías ministeriales le dieron al momento de la detención.

Estos y otros elementos quedaron asentados en documentos avalados en el juzgado y tribunal, de los cuales se elaboró la reconstrucción del homicidio de Yissel, del proceso judicial que enfrentó Armando Otáñez Merlos y cómo fue dejado en libertad.

 

“Estoy embarazada”

El domingo 10 de agosto de 2014, los padres de Yissel Carolina Ordaz Escamilla denunciaron la desaparición de su hija ante la Procuraduría. La imagen de la joven de cabello castaño largo, ojos grandes y sonrisa simétrica se unió a la de tantas otras mujeres reportadas como desaparecidas en Tijuana.

El matrimonio había salido de su hogar la tarde del sábado 9 de agosto, y al regresar, su hija no estaba. Dos días después, la angustia se convirtió en desconsuelo.

Foto: Tomada de Internet.- Yissel Carolina Ordaz Escamilla

Alrededor de las 7:00 horas del 11 de agosto de 2014, un hombre que transitaba sobre la calle Todos Santos, entre las fábricas del Parque Industrial Pacífico, distinguió dos pies descalzos dentro de un cajón pluvial.

Policías municipales se trasladaron al sitio, donde confirmaron que una mujer se encontraba dentro de la abertura entre la banqueta y la calle, por lo que personal de la Procuraduría llegó al sitio para recuperar el cuerpo. Se trataba de Yissel.

El cuerpo estaba acompañado de una carta impresa que aseguraba, se trataba de un suicidio.

Sus padres señalaron a Armando Otáñez Merlos como el principal sospechoso del crimen. Armando y Yissel se hicieron novios cuando él era su profesor, ella tenía 17 años y él 21. Sin embargo, su relación era inestable, terminaban y regresaban al poco tiempo.

Ante los policías ministeriales que lo entrevistaron al inicio de la investigación, el joven que recién había concluido su internado en la clínica del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales del Gobierno y Municipios del Estado de Baja California (Issstecali), ubicada en El Soler, dijo que terminó su relación con Yissel porque era celosa y posesiva.

Amigas y familiares de la joven contaron otra versión. Una de sus amigas de preparatoria recordó que días antes de un evento importante, como su graduación universitaria, “Armando se enojaba con Yissel y ya no la invitaba, pero llevaba a la ex novia”.

Después de casi dos años de relación, el 5 de agosto de 2014, Yissel le dijo a Armando que estaba embarazada de él, ese mismo día se lo contó a dos de sus mejores amigas. A ambas les escribió la noche del 8 de agosto para decirles que al día siguiente Armando pasaría por ella para juntos planear cómo dar la noticia a sus padres. Fue la última vez que supieron de ella.

 

La confesión: “la sujeté fuerte de la cabeza, hacia atrás”

El 13 de agosto, Armando Otáñez Merlos acudió a la Procuraduría para ser entrevistado por agentes de la Policía Ministerial, en relación al homicidio de Yissel. Al día siguiente, con las pruebas recabadas por los agentes, el Juez Tercero de lo Penal, Flavio Herrera Robles, otorgó una orden de aprehensión contra el médico pasante por considerar que existían indicios de responsabilidad en el crimen.

El cajón pluvial donde Yissel fue dejada, a unas calles del motel Edén.

El viernes 15 de agosto por la mañana, Armando Otáñez Merlos fue detenido. La PGJE informó a medios de comunicación que una de las piezas clave en la investigación, había sido el teléfono celular del joven.

A pesar de que había eliminado registro de llamadas y mensajes entre él y Yissel, así como toda su actividad entre sábado y domingo, personal de la Procuraduría encontró que el iPhone de Armando tenía activado el servicio de iCloud, el cual permite la sincronización de dispositivos Apple.

En esta nube de almacenamiento se encontró la carta póstuma que estaba junto al cuerpo de Yissel, la cual había sido escrita desde el iPad de Armando.

Frente a un abogado defensor, Armando Otáñez Merlos confesó el crimen. Confirmó que la tarde del sábado 9 de agosto llegó al domicilio de Yissel, pero dejó su carro a cuadras de distancia para no ser visto por los vecinos.

De acuerdo con su narración, ambos se trasladaron a casa de él, donde pasaron la noche. El domingo 10 de agosto, alrededor de las 10:00 la mañana, llegaron juntos al motel Edén, ubicado sobre el Libramiento Rosas Magallón, cerca de la calle donde fue encontrado el cuerpo de Yissel.

Una vez dentro de la habitación, Yissel y Armando entraron al jacuzzi. El joven describió la forma en que la asesinó: “con dos manos la sujeté fuerte de la cabeza hacia atrás, sumergiéndola en el agua, con la intención de ahogarla, pero Yissel lo único que hacía era como tratar de decirme algo, pero ya no se le alcanzaba a entender porque la sumergía en el agua y cuando vi que ya no se movía, la dejé flotando con el rostro en el agua”.

La confesión sigue. “Me quedé unos minutos sentado en los escalones del jacuzzi, ya que estaba nervioso y asustado por lo que había hecho, pero después pensé que tenía que irme rápido del lugar, por lo que saqué del jacuzzi a Yissel y para confirmar que la había matado, le tomé los signos vitales y ella ya no tenía pulso, ni carotideo, ni radial”.

Armando declaró que pensó entonces en cómo deshacerse del cuerpo. “No podía dejar muerta a Yissel en el cuarto”, por lo que la vistió y la llevó hasta el asiento del copiloto de su carro.

“Para que pensaran que estaba dormida, le puse unos lentes y ligeramente recliné el asiento y le puse el cinturón de seguridad”, continuó el relato en el que precisó, cómo manejó hacia el área del Pacífico, se detuvo en una curva y se sentó sobre el cofre de su carro durante cinco minutos para calmar su nerviosismo, luego volvió a conducir hasta que encontró un cajón pluvial.

Tenía 4 semanas de embarazo

“Una vez que saqué el cuerpo sin vida de Yissel, cargándola, la dejé en el borde de la alcantarilla y después retrocedí girando… me di cuenta que el cuerpo de Yissel se había caído al interior de la alcantarilla, por lo que lo único que hice fue arrojarle el suéter y unas sandalias de playa, después me subí al carro y me fui”, se aprecia en otro extracto de la confesión.

Sin embargo, para el juez Flavio Herrera Robles esta confesión “resulta insuficiente para evidenciar plena y legalmente su participación en estos hechos delictivos” porque “no se encuentra corroborada eficazmente con algún elemento de prueba”.

En realidad, la Procuraduría aportó un vídeo que muestra a Armando y una mujer a bordo de su vehículo en el motel, que además coincide con el lapso en que Yissel fue asesinada, pero una testigo que apareció a un año de iniciado el proceso, asegura ser la mujer que estuvo con él.

 

Una amante, la testigo perfecta

Karla Jannet Vélez aportó un testimonio clave en la liberación de Armando Otáñez Merlos. La mujer rindió su declaración el 10 de agosto de 2015, precisamente un año después del homicidio. Aseguró ante el juez conocer a Armando desde diez años antes y tener una relación de amor con él durante tres años, desde mediados de 2012, hasta que fue detenido, a pesar de que ese lapso es de solo dos años.

“El día que ocurrió el asesinato de la muchacha estuvimos juntos él y yo, que fue el 9 de agosto del año pasado, y me contactó para quedar de ir a cenar al restaurante Giuseppis, y cuando me regresó al lugar donde me recogió; en el transcurso del camino, nos quedamos de ver al día siguiente para ir al hotel que siempre íbamos”, explicó en su relato.

Cuestionada por el ministerio público sobre quién podía confirmar estos hechos, Karla Jannet Vélez respondió que nadie, ya que ella era “más mayor que él” y estaba “juntada” con un hombre que era amigo de los padres de Armando, por lo que mantenían su relación en secreto.

Tampoco pudo recordar su número de teléfono celular que utilizaba Armando para comunicarse con él, desde un teléfono público, para no dejar rastros de sus encuentros; así que tampoco pudo comprobar en el juzgado, que Armando y ella estaban en comunicación.

En cambio, la mujer describió a la perfección la habitación del motel Edén. “Al entrar está el baño, a ladito del baño está el jacuzzi, del otro lado tiene la cama y arriba de la cama, en el techo, tiene una tipo cúpula y arriba de la cabecera tiene un dios Zeus en cerámica, a un lado de la cama está una cajonera con el teléfono y una lámpara”.

Dijo haber estado con Armando desde las 8:00 de la mañana del domingo 10 de agosto, cuando él pasó por ella al restaurante Carl’s Jr., ubicado en la Zona Centro, por un lapso de tres horas en el hotel.

Cuando personal de la Procuraduría acudió al motel Edén, después de la confesión de Armando, el 15 de agosto de 2014, el personal del lugar les entregó copias de las cámaras de seguridad. Ahí se observa que el 10 de agosto ingresó el carro de Armando, una camioneta Mitsubishi, cuatro puertas, de color gris y sin placas de circulación, a las 9:53 horas, y se retiró a las 12:44 de la tarde del mismo día.

Fotos: Tomadas de Internet.- Juez Flavio Herrera Robles / Magistrada Miriam Niebla Arámburo / Magistrada Sonia Beltrán Almada / Magistrado Víctor Fernández Ruiz de Chávez

Las cámaras muestran a Armando y se observa a una mujer que lo acompaña, pero la calidad de la imagen no permite distinguir si se trata de Yissel o de Karla Jannet, alegó la defensa del médico pasante.

Además, Otáñez Merlos no ratificó su declaración ministerial frente al juez. Al contrario, en su confesión acepta haber acudido al motel, pero en compañía de Karla Jannet y añadió haber sido víctima de tortura.

Aseguró que no involucró a la testigo en el inicio del proceso “porque ella vive en un unión libre con un amigo de mi familia y para evitarle problemas, no lo habías querido declarar”, aunque ello le costara su libertad.

Por sí solo, y sin ninguna otra prueba, el dicho de Karla Jannet Vélez resultó convincente para que el juez Flavio Herrera Robles determinara que estuvieron juntos ese día.

 

El juez y el defensor

El 14 de enero de 2017, el Juez Tercero de lo Penal, Flavio Herrera Robles, pronunció la sentencia absolutoria a favor de Armando Otáñez Merlos por los delitos de homicidio calificado con las agravantes de premeditación, alevosía, ventaja, traición y aborto sufrido.

Flavio Herrera Robles es juez penal desde 2007. Sus hermanos Reynaldo y Héctor también son conocidos abogados en Tijuana.

De hecho, en 2016, Héctor Herrera Robles fue designado Juez de Control en Tijuana, pero por motivos de salud renunció al cargo este año. Hasta marzo de 2017, los hermanos Flavio y Héctor cobraban 61 mil 847 pesos al mes, cada uno como jueces, según la plantilla de personal del Poder Judicial.

ZETA solicitó entrevista con el juez Herrera Robles respecto a esta sentencia, pero el Poder Judicial comunicó primero que el juzgador se encontraba en audiencia y horas después informó su incapacidad por motivos de salud, por lo que se reintegraría a sus actividades hasta el lunes 4 de diciembre, ya publicado este reportaje.

Este Semanario también solicitó entrevista con los magistrados Víctor Manuel Fernández Ruiz de Chávez, Sonia Mireya Beltrán Almada y Miriam Niebla Arámburo, quienes integran la Quinta Sala Colegiada en Materia Penal del TSJE, quienes el 7 de julio de este año confirmaron la sentencia definitiva dictada por el Juzgado Tercero de lo Penal que dejó en libertad al médico, pero sus agendas no permitieron el diálogo.

El Poder Judicial confirmó a través de una ficha informativa, el sentido de la sentencia absolutoria, de la cual no se pronunció en cuanto a razonamientos, sino solo en términos cronológicos.

No obstante, a partir de documentos que integraron el caso, ZETA pudo conocer algunos de los razonamientos del juez.

En su sentencia absolutoria, Flavio Herrera Robles determina “insuficiencia probatoria” por parte de la Procuraduría, ya que le “resultan las consideraciones ineficaces para demostrar plenamente su participación en esta conducta ilícita, no evidenciarse su responsabilidad penal y a efecto de no conculcar garantías individuales, es procedente absolver al procesado Armando Otáñez Merlos”.

Sobre la confesión rendida por el médico, si bien fue en presencia de un abogado defensor, el juez determinó, “no se corrobora con otra diligencia probatoria… el Fiscal adscrito no promovió diversos medios de convicción para acreditar en forma fehaciente que fue el procesado quien privó de la vida a la ahora occisa”.

Tampoco aceptó la prueba de la carta póstuma escrita en el iPad del joven, ya que el abogado defensor alegó que la Procuraduría no indicó “cuál fue el procedimiento legal para llegar a dicha conclusión, dejando en total estado de indefensión al acusado, al no hacerle saber la naturaleza de la prueba”.

Armando Otáñez Merlos. Declaraciones contradictorias.

Para el abogado defensor, el órgano investigador no comprobó “quién o quiénes pudieron haber realizado dicho escrito en el aparato celular, propiedad del justiciado, si bien acepta ser propietario del teléfono celular de referencia, niega haber realizado tal carta póstuma”.

Juan Carlos Guerrero Zermeño, ex agente de la Procuraduría General de la República (PGR), detenido y liberado en la década de los noventa por la ejecución de un alto mando de dicha dependencia, fue el encargado de llevar la defensa de Otáñez Merlos.

Entre los casos que este abogado ha litigado, está la defesa y reinstalación de ex agentes ministeriales, detenidos por vínculos con el crimen organizado y liberados en 2012.

Uno de los argumentos que Guerrero Zermeño expuso ante el juez, es que al momento de embalar el teléfono celular de Otáñez Merlos, la autoridad investigadora omitió señalar la hora, día y año en que fue asegurado, así como el lugar y cargo de quién tuvo su custodia, entre otras características.

Además, mediante un peritaje hecho por el especialista en Psicología, Jesús René Valenzuela de la Mora, la defensa alegó que el médico pasante “fue objeto de violencia física y psicológica por sus aprehensores, lo que se traduce que podría estar en prácticas de tortura”.

La alegada tortura se trata de un par de manotazos en la nuca que Otáñez Merlos asegura que policías ministeriales le dieron al momento de su detención, en una primera declaración ante el juez. Avanzado el proceso penal, cambió su versión y aseguró que recibió varios golpes en el cuerpo.

Si de inconsistencias en declaraciones se trata, Otáñez Merlos cayó en otra. Al inicio de su declaración, aseguró que firmó la confesión porque “indebidamente ya no la leí” y luego dijo que lo hizo porque policías ministeriales amenazaron con detener y desaparecer a uno de sus dos hermanos o su padre.

Al momento de la detención, la PGJE indicó que el móvil del homicidio había sido que el joven de ahora 26 años de edad, no quería formar una familia con Yissel ni hacerse cargo del hijo, ya que quería dedicar su vida a la Medicina.

Hoy, Armando Otáñez Merlos, absuelto por un juez y un tribunal, regresó a su vida profesional, mientras que el homicidio de Yissel Carolina Ordaz Escamilla, quien tenía cuatro semanas de embarazo, pasó de ser parte del 10 por ciento de asesinatos resueltos por la Procuraduría en Tijuana, al 90% de casos impunes.

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