José Inez García Zárate y las políticas del asesinato

Foto: Internet/Zárate mató sin que haya consecuencia para sus acciones
 
Opinionez Lunes, 11 Diciembre, 2017 12:00 PM

¿Las ciudades suntuarias promueven el crimen?

El 1 de julio de 2015, Kathryn Steinle, una joven de 32 años estaba caminando en un área turística de San Francisco cuando fue asesinada por José Inez García Zárate, un ciudadano mexicano que se encontraba en los Estados Unidos de manera irregular. Disparó el arma que mató a Steinle; el juicio se enfocó en su intención. Zárate dijo que el asesinato ocurrió porque accidentalmente disparó un arma que “encontró” en la calle. El repulsivo Zárate había estado dentro de y fuera de los Estados Unidos desde el año 1991. Él tiene siete condenas por crímenes diversos y ha sido deportado cinco veces. El 30 de noviembre, un juzgado de San Francisco lo exoneró del asesinato, pero fue condenado por posesión ilegal de arma, una sentencia que tiene una penalidad máxima de tres años en la cárcel.

Con la exoneración de García Zárate, la pregunta sobre las “ciudades santuarios” se vuelve a plantear en los Estados Unidos. Mientras que el término de “ciudad santuario” no tiene una definición universal -debido al hecho que éstas tienen políticas que difieren- por regla general, la idea de una “ciudad santuario” es que limita su cooperación por la ejecución del gobierno federal con respecto a la ley migratoria. ¿Por qué hacen esto? Los que apoyen esta iniciativa -y esto incluye a muchos policías- argumentan que, cuando residentes de ciudades no temen ser deportados por la policía, son más propensos a tener buenas relaciones con ella. La idea no es de crear una “zona libre de ley migratoria” para promover migración ilegal, sino crear “espacios seguros”, donde migrantes que siguen las leyes pueden acercarse a los gobiernos de su ciudad, y más importantemente, a las fuerzas policíacas, sin temor de ser deportados. Cabe destacar que estas ciudades santuarios sí denuncian algunos criminales a las autoridades federales, pero no todos.

Pero el asesinato de Kate Steinle, en San Francisco, naturalmente plantea la pregunta sobre si el homicidio hubiera sido fuera de la “ciudad santuario”, habría existido una condena; más todavía, si el criminal hubiera sido deportado desde un inicio, esta joven estaría viva. Para la familia de Steinle, la respuesta es sí estaría viva hoy, ya que la política de “ciudad santuario” de San Francisco resultó en la liberación de Zárate en la primavera de 2015, cuando fue detenido sobre otros cargos. Mató a Steinle dos meses después.

Una tragedia nunca hace una buena política y la extensa investigación sobre “ciudades santuarios” cuenta otra historia. Es interesante notar que a pesar de la pasión que este tema inspira en el debate migratorio de América del Norte, ningún estudio oficial ha demostrado o sugiere que “ciudades santuarios” tengan tasas más altas de crimen violento o no violento. El 12 de julio, en Las Vegas, el secretario de Justicia, Jeff Sessions, argumentó que un estudio de la Universidad de California, en Riverside, “demostró” que “ciudades santuarios” tienen tasas de crimen más altas. El problema de Sessions es que no está diciendo la verdad. Los responsables del estudio enfatizaron que su investigación no encontró eso -de hecho, no existe correlación estadísticamente significativa entre ser “ciudad santuario” y tener un aumento en la tasa de crimen violento o no violento.

Esto no para a los oponentes de ciudades santuarios, así como Trump, para que reclamen que las ciudades santuarios son refugios de homicidios y violencia. Lo más triste del homicidio de Steinle es que fue explotado por gente que no debería usarlo para estos fines. Después de su sentencia, el abogado de Zárate, Francisco Ugarte, comentó que la condena leve fue “un día de vindicación para los demás migrantes”. Yo no estoy de acuerdo. Zárate mató sin que haya consecuencia para sus acciones. Los que quieren atacar las ciudades santuarios seguirán usando la muerte de Steinle para difamar a los migrantes y lo más triste de la historia es el hecho que la familia Steinle perdió a su querida hija.

 

Andrew S.E. Erickson es un orgulloso ex residente de Tijuana, ex diplomático de los Estados Unidos, con Maestría del Colegio Nacional de Guerra, y un fuerte creyente de la importancia de las buenas relaciones entre mexicanos y estadounidenses.

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