Comunidad transexual se impone ante discriminación

Fotos: Jorge Dueñes
 
Edición Impresa Lunes, 11 Diciembre, 2017 12:00 PM

A pesar de no tener sus derechos reconocidos en la Constitución de Baja California, la comunidad trans ha establecido redes de apoyo que les permiten enfrentar obstáculos laborales, educativos y sociales. La titular de la CEDH expresa la importancia de “defender puntualmente los derechos de una población que pretende ser invisibilizada por algunos grupos”

En Baja California, existe un rezago total en el reconocimiento de los derechos de la población LGBTI en la reforma de derechos humanos que sigue sin legislarse en el Estado.

A pesar que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) registra un avance del 90.9 por ciento de armonización en las disposiciones jurídicas a partir de la reforma de derechos humanos para Baja California, la no discriminación por preferencias sexuales en la Constitución local registra una calificación de cero, ya que no se ha reformado el Artículo 7.

Melba Olvera Rodríguez, presidenta de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH), señala: “Nuestro Estado sigue siendo reacio a reconocer los derechos de la población LGBTI, desde la Constitución de Baja California, tenemos pendiente la tarea de la política pública”.

También expresa la importancia de “defender puntualmente los derechos de una población que pretende ser invisibilizada por algunos grupos”.

Y es que el contraste es notorio. Los otros diez artículos que contempla la reforma en Derechos Humanos ya están armonizados al 100 por ciento en la entidad.

No obstante, esto no impidió que la comunidad trans se haya abierto paso entre leyes que no reconocen sus derechos, enredosos trámites como obtener una licencia de manejar, usar el baño de mujeres o hasta tramitar una membresía dentro de una tienda departamental.

A la par de este esfuerzo de la comunidad, está el acompañamiento que ofrece la Clínica Trans en el Centro de Servicios SER en Tijuana, la única que ofrece atención médica y psicológica de manera gratuita a quienes buscan esta transición fuera de Ciudad de México. De entrada, las historias de tres mujeres transgénero que a continuación se presentan, permiten entrever sus procesos de transición, de enfrentamiento o acompañamiento de sus familias, los obstáculos en la vida laboral y escolar, así como sus miedos y anhelos como parte de una comunidad que permanece invisibilizada en la Ley de Baja California.

 

La discriminación laboral, una constante.

“Ser trans es una condición, pero no es lo único que somos”

Frente a una mesa con folletos, Jeanine recibe a los asistentes a la Noche de Remembranza Trans que celebra la Clínica de Servicios SER en el Centro Cultural Tijuana (CECUT) para recordar a las víctimas de crímenes de odio entre la comunidad trans.

Desde hace años, la joven de cabello hasta los hombros y vestido negro colabora con esta asociación civil y se ha convertido, sin planearlo, en una activista de los derechos de la comunidad trans.

“Nos toca hacerlo porque si no hay un impulso, se va a quedar estancado”, dice días después desde un café en la Zona Centro con dos de sus amigas, también activistas.

La nacida en Puerto Vallarta, Jalisco, actualmente tiene un negocio propio de venta de ropa, labor que combina con el trabajo sexual.

“Muchas acudimos al trabajo sexual por tantos obstáculos y falta de educación. Para nosotras es bien difícil encontrar el camino correcto en nuestra propia transición, ahora cuando es el día a día que te están achacando que tienes que ir al baño de hombres, que te tienes que desmaquillar y sujetar el cabello para una identificación, eso es violencia”, señala.

Por simple que parezca, el uso del baño de mujeres es uno de los principales obstáculos que las mujeres y hombres trans enfrentan en sus centros de trabajo o escuelas. “Es un riesgo, en el mejor de los casos se burlan de ti y se salen, pero podemos ser agredidas”.

Sin embargo, el riesgo a una agresión para una persona trans va más allá del baño que utilice. Jeanine maneja sus propios códigos para evitar ser víctima de violencia por su condición.

“Si un hombre me tira un piropo o me invita un trago, siempre le digo de mi condición porque no quiero ser una estadística más. El promedio de una vida de una mujer transgénero es 35 años, así que vivo en un mundo del peor de los casos porque quiero llegar a viejita”.

De cierta forma, la comunidad ha formado sus propias redes de apoyo. Una historia destaca esa noche. Una mujer trans que ofrecía servicios sexuales a través de su número telefónico y en internet, fue citada por un hombre, quien al verla le roció spray de pimienta en la cara, la golpeó y la amenazó de muerte. La razón, ser trans.

“No permitimos que nos falten el respeto o nos den un trato distinto. Si en un restaurante me niegan el servicio o me quieren dar la mesa más alejada, educadamente pido a lo que tengo derecho. Si tengo que hacer un trámite como cambio de placas o licencia de manejar, les explico que soy trans y que si ellos no me pueden atender, entonces le hablen a sus supervisores”.

Sin embargo, esta lucha constante tiene sus límites. “Ya me cansé, ser trans es una condición, pero no es lo único que somos. Ahora estoy enfocada en mis cirugías porque quiero estudiar enfermería, y si no me miro como me quiero ver, me pondría en charola de plata para que me discriminen. Yo me siento una mujer bien chingona, pero siempre voy a ser, antes de ser mujer, una persona trans, aunque solo sea una condición”, resume Jeanine.

 

Salir de Michoacán para ser trans

Después de siete años de trabajo en una maquiladora dedicada a la producción de aparatos médicos, Leslie, con estudios técnicos como mecánica en cómputo, ingresó al trabajo sexual.

Y falta de oportunidades educativas

Una discusión por utilizar el baño de mujeres, después de que un arquitecto de la planta dijera en una reunión con trabajadores que las mujeres trans tenían prohibido el ingreso a los baños de mujeres, le costó su puesto como jefa de línea de producción, al cual había ascendido.

Leslie salió de su casa a los 15 años de edad, en un poblado de Michoacán, para mudarse a Tijuana, donde sabía que podía iniciar su transición, la cual empezó a los 20 años.

“El problema fue cuando regresé diez años después a ver a mi familia. Reuní a mi papá y a mis hermanos y les dije que era mi sueño, mi meta, pudieron entender, pero solo se me quedaban mirando porque para ellos es un tabú, en Michoacán no hay chicas trans”, narra.

Para esa reunión, su mamá fue pieza clave. “Mi papá, por su machismo, me decía que no quería verme, después de siete años que salí de casa, todavía decía que no quería que yo fuera a visitarlos porque la gente se iba a burlar, pero ya tengo una comunicación muy sana con mis papás y hermanos”.

Una de las peores experiencias dentro del trabajo sexual, rememora Leslie, fue el día que un hombre le apuntó con una pistola y la robó, “sé que estoy expuesta, pero es difícil dedicarme a algo más, aunque me gustaría estudiar Administración de Empresas”.

 

La adecuación del nombre legal y la identidad

Teresa es una de las 32 participantes en las mesas de consulta de la Reforma de Derechos Humanos en el aspecto de la diversidad sexual. A diferencia de Leslie y Jeanine, ella inició su transición a los 17 años y con el apoyo de su familia.

Se tituló como licenciada en Economía y actualmente tiene un trabajo estable dentro de su área, pero eso no la he hecho ajena a la discriminación. El primer obstáculo que enfrentó fue el desempleo durante dos años, precisamente porque su nombre legal no coincidía con su apariencia física.

Recuerda cómo al acudir a solicitar empleo, una de las encargadas de una empresa local le sugirió: “Todas ustedes están allá abajo, ¿por qué no vas a buscar trabajo ahí?”, en referencia a la zona de tolerancia para el trabajo sexual.

Sin embargo, una reforma en la Constitución de la Ciudad de México que permitió la adecuación de la identidad legal con la identidad física, a lo que se le conoce como cambio de nombre, sin necesidad de un juicio de amparo, le dio la oportunidad de empatar estos dos aspectos.

“Ya tengo todos los cambios legales en mi acta, identificación, CURP y pasaporte”, dice con una amplia sonrisa. Al realizar este trámite administrativo, las personas trans quedan con registro de sus actas de nacimiento en Ciudad de México, única entidad que reconoce este trámite, por lo que, en sus estados de origen, sus actas de nacimiento originales deben quedar bajo resguardo.

Junto con Jeanine, Teresa fue una de las primeras 40 personas en Baja California que realizó este trámite, que anteriormente costaba entre 5 mil y 10 mil dólares porque se realizaba en tribunales.

Luego de eso, ambas participaron en capacitaciones para brindar atención a la comunidad trans que recibieron en los vocales del Instituto Nacional Electoral (INE).

De igual forma, argumenta cómo en esta lucha por reconocimiento de derechos, está la continuidad de la preparación académica.

“Te cansas de luchar“

“Lo más difícil es continuar con los estudios. La escolaridad promedio de una mujer trans es la secundaria. Si se salieron de su casa por cuestiones de la transexualidad y la familia no acepta, más condiciones económicas, sin trabajo fijo, no hay oportunidades de educación”, comenta como otra labor pendiente.

A pesar de estos aspectos, otras preocupaciones persisten como el miedo a una agresión por su condición trans: “Si a una mujer le puede pasar ser el objetivo de un asalto o violación y la persona te asumió como mujer y que finalmente se dé cuenta de que eres trans, es un factor que puede volver más agresiva a una persona, por eso no salgo de noche usualmente”.

 

100 personas atendidas en clínica trans en Tijuana

Desde su inicio, hace tres años, la Clínica Trans del Centro de Servicios SER ha atendido a cien pacientes que acuden a recibir tratamiento médico y psicológico de manera gratuita. Raymundo González, psicólogo a cargo de este programa dentro de la asociación civil, refiere que a la par de esta atención, pacientes y familiares son invitados a grupos de apoyo para compartir sus experiencias.

“El apoyo familiar es muy importante porque gran parte de la transición tiene que ver con la aceptación de la sociedad, que tenga sentido lo que sientes y cómo expresas tu identidad para los demás. Es necesaria la validación de las otras personas, desde la forma en que se refieren a su nombre, todo lo que implica su imagen y cómo se relacionan en algo tan cotidiano como la familia”, plantea

Sin embargo, hay una diferencia entre hombres y mujeres trans en este aspecto. Según los registros que tiene esta clínica, quienes acuden para su transición a hombres lo hacen casi siempre acompañados de sus familias y desde adolescentes, mientras quienes hacen su transición a mujeres, lo hacen casi siempre sin sus familiares directos y solo acompañadas de amigas.

En resumen, “las personas más estables tanto emocionalmente como hacia su transición, son las personas apoyadas por su familia”, indica el psicólogo.

La Clínica Trans del Centro de Servicios SER se distingue por ser la única en el país, además de la localizada en Ciudad de México. “El primer paso para quien solicita los servicios es agendar una cita con el psicólogo y hacemos una valoración para saber qué tanto conocen del proceso de transición, cuáles son sus expectativas, recursos familiares o de apoyo social o si apenas lo están considerando”, dice González.

Después viene la entrevista con la endocrinóloga, quien cuenta con especialidad en el área por parte de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien recibe al paciente y le solicita dos estudios, uno de la hormona prolactina y un examen general de sangre para entonces iniciar el tratamiento hormonal.

Dentro de los pacientes se distinguen dos grupos de edad, mientas hay adolescentes de 16 a 18 años que van acompañados de sus padres para iniciar por primera vez el tratamiento, también hay una generación mayor que por lo regular han iniciado, a manera de automedicación, su tratamiento hormonal.

Sin embargo, según el especialista, más allá de estos servicios, la clínica ofrece “un lugar seguro para la comunidad, porque históricamente no tenían esta opción”.

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