Anti-credo para sobrevivir 2018


 
En Zerio Lunes, 11 Diciembre, 2017 12:00 PM

No creo en un solo partido todopoderoso, creador del hambre y la miseria, de todo lo risible y lo corruptible.

No creo en un solo señor presidente, hijo único del PRI, nacido del destape, antes de todos los votos.

Dedazo de dedazo, sin nada de luz.

Transa verdadera de transa verdadera, engendrado, no creado, consustancial al PRI, por quien fue hecho, y que por todos los priistas, y para el colmo de nuestros males, llegó al gobierno, y que por obra del tricolor, primero se encarnó en la gubernatura y se hizo jefe, y dizque por nuestra causa no quiere desprenderse de Los Pinos.

Se enriqueció y fue alardeado, saldrá del país al tercer día y estará sentado disfrutando su atraco, y de nuevo vendrá otro a robar a vivos y muertos, y su corruptela no tendrá fin.

No creo en el Congreso de facto, señor y dador de venias, que procede del PRI y sus partiditos hechizos, que con el PRI recibe una misma adoración y gloria de los acarreados, y que robó por los priistas.

No creo en la Suprema Corte que es una, farsa, servidora lista para avalar un proceso electoral oscuro.

Confieso que hay un solo voto para el perdón de los dedazos, espero el fin de más de lo mismo y la vida en un México distinto. Así sea.

Autor: Un lector harto.

 

Visión divina

Estaba Kim Jon-un hablando con Dios y le pregunta:

¿Cómo estará Corea del Norte dentro de cinco años?

“Estará todo destruido por las bombas enviadas por Estados Unidos”.

Kim Jon-un se sentó… y lloró.

También estaba Donald Trump hablando con Dios y le pregunta:

¿Cómo estará Estados Unidos dentro de cinco años?

“Estará totalmente contaminada por las bombas químicas enviadas por sus enemigos”.

Trump se sentó… y lloró.

Luego estaba José Antonio Meade hablando con Dios y le pregunta:

¿Cómo estará México dentro de cinco años si soy electo Presidente o gana el PRI la Presidencia de la República?

Entonces Dios se sentó…  y lloró.

Autor: Otro mexicano hasta el gorro.

 

La huida

Dos locos escapan de una clínica psiquiátrica. En su huida llegan a una estación de tren y suben contentos por su buena suerte; Resulta que aquel tren llevaba una compañía de la Marina y, al ver tanto militar, uno loco dice al otro:

Oye,  esto no es un tren, ¡esto es un barco!

“Vamos a tirarnos al agua antes de que zarpe”, propone el otro.

Así el primero se tira. El que está aún en el tren le pregunta cómo está el agua, y desde el suelo del andén viene la respuesta:

“¡Tírate por el otro lado, que por aquí hay muchas rocas!”.

Autor: Un tercer loco que no escapó, pero espera noticias de sus amigos.

 

Regiomontano en la ambulancia

Estaba un regiomontano en su casa y le da un ataque cardíaco, avisan a la ambulancia, lo montan en la camilla, lo suben a la unidad y en el camino el médico ordena a su ayudante:

“¡Rápido, póngale la mascarilla!”

De inmediato el regio refuta: “No, por favor, ¡póngame la más baratilla!”.

Autor: Residente de Santa Fe Primera Sección.

 

En qué trabajas

¿En qué trabajas?

“Soy director general de una empresa de importación y exportación”.

— ¡Qué puesto más importante!
“¡Y exportante!”.

Autor: Universitario.

Novio mecánico

¡Papá, papá! Ayer salí con mi nuevo novio mecánico y me dijo algo que no entiendo. Que tengo un lindo chasis y dos bellos amortiguadores, aparte de dos fabulosas defensas.

“Dile a tu novio, que si abre el capo y mide el aceite del motor, ¡le rompo el tubo del escape!”.

Autor: Hija soltera.

 

Vaya emergencia

Los pasajeros de un vuelo de la compañía Delta, procedente de Seattle con destino a Nueva York, se llevaron tremendo susto cuando ¡EN ZERIO! los baños del avión en el que viajaban de plano dejaron de funcionar.

Al ver que no podían aguantarse más, las aeromozas pasaron la información a la cabina y así se tomó la decisión de hacer un aterrizaje forzoso en Billings, Montana. Lo malo es que el aeropuerto no tenía espacio disponible por lo que tuvo que mandar la nave a la zona de carga. Ahí los viajeros en aprietos pudieron descender y encontrar alivio.

Y es que el vuelo de Nueva York a Seattle dura en promedio seis horas.

 

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