Un poco de recuerdos de la “Poli” de Agua Caliente, en Tijuana


 
Cartaz Lunes, 20 Noviembre, 2017 12:00 PM

Prosiguiendo con esta ocasional vez que escribo; la generación 1964-67, de la “Poli”, realmente festejamos graduarnos.

Para clase de Educación física todavía nos tocó la amplia y lujosa cancha de tenis del Casino. En el complejo estaba la Secundaria Nocturna, también la Escuela Técnica  24, donde había sido el hotel; la Vocacional (la “Voca”, enfocada en matemáticas, física y química, hoy trasladada a Otay, como Tecnológico) y la Preparatoria Federal.

Por cierto, dentro del Centro Escolar Agua Caliente había un cuartel con un pequeño destacamento de tropas apostado. Por abajo pasaba el pequeño túnel de servicio, que en el siglo pasado servía al Casino para que los empleados llevaran sábanas o ropa de lavandería, así como trastes sin ser vistos ni toparse con los huéspedes, y que de ningún modo llegó hasta San Diego, como fantasiosamente exageran. Su existencia me consta porque, como una aventura, tres compañeros y yo nos metimos y recorrimos un tramo hasta topar con una reja, donde detrás estaba un soldado de guardia (que parecía dormido de aburrido y ni nos vio), por lo que nos devolvimos.

La Zona Río aún era lecho de río, con “yonques” y la famosa “cartolandia”. Por “la línea” hubo un parquecito que fue quitado al hacer la Puerta México que se inundaba en sus primeros años (derribada hace solo unos años); además, tras la garita hecha por el gobierno de México, los norteamericanos también construyeron la suya (e igualmente demolida) por San Ysidro, ya que no había nada en Otay.

¡Caramba!, hasta había lotes baldíos en el Bulevar Agua Caliente. Playas de Tijuana, con la Plaza de Toros como atractivo, era un reciente fraccionamiento, sin llenarse todavía de gente de CDMX. Al otro extremo, la zona de La Mesa era hacia donde crecía la ciudad. Ir por terracería al despoblado Cerro Colorado era una excusión. Ni soñar un Bulevar Insurgentes, Mariano Matamoros, Otay, menos Santa Fe ni Valle de las Palmas; no había Cecut ni Las Torres.

Tampoco había en varias colonias red de agua, por lo que este vital líquido se llevaba en camiones cisterna o “pipas”.

El segundo aeropuerto (ya no el del Bulevar cerca del Casino) por donde hoy están las instalaciones de la Fuerza Aérea, Federal de Caminos y Hacienda, en el conjunto 70-76, tenía unos 15 años recibiendo vuelos con aviones todavía de hélices, que hacían cinco a siete horas para volar al sur. Cuando iba en segundo de secundaria, en 1965, para ser preciso, ocurrió un evento que, bendito sea Dios, no pasó a más; un avión turbohélice modelo Bristol Britannia -en aquellas épocas muy grande y sofisticado-, de la aerolínea Aeronaves de México, tras despegar en ruta a México, DF; tuvo problemas para retraer el tren de aterrizaje, entonces, mientras la tripulación intentaba resolver la falla y gastaba el combustible (dado que los aviones cargan grandes cantidades), se pasó horas sobrevolando la ciudad y la noticia se empezó a reportar por radio, desde el aeropuerto. La experta tripulación, mis respetos, logró aterrizar de panzazo, felizmente sin ni una sola pérdida. Los fotógrafos del periódico El heraldo -hoy desaparecido- tomaron un sinnúmero de fotos que se publicaron por todo el país e internacionalmente, claro, fue la plática de días enteros.

Los primeros aviones jet modelo DC-8 empezaron a llegar a Tijuana, un año después. Las maquiladoras apenas empezaban en esas épocas, varias se conocían por ser “golondrinas” (las instalaban solo por temporadas y se las llevaban) y no se consideraban serias. Había iniciado la guerra de Vietnam; así como las primeras discotecas.

Cuando platicamos entre alumnos de varias generaciones, casi todos recordamos con aprecio a la profesora de inglés Margarita Ruiz, le decíamos “la bicicleta” porque caminaba rápido, quien -como papá- había trabajado 30 años antes en las elegantes tiendas del fabuloso Casino de Agua Caliente, igual que el señor Kurt Honold (conocido de mi abuelito que cuando se veían, aprovechaban para poder conversar en alemán), donde iban clientes elegantes, estrellas de Hollywood; y en ocasiones -no a diario como lo cuentan quienes no saben a ciencia cierta- gánsteres, y campeones de deporte. Y donde, en efecto, se filmaron películas de Hollywood. Amablemente. Continuará.

 

José Luis Haupt Gómez

Tijuana, B. C.

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