Nadie menciona a Dios


 
Cartaz Lunes, 13 Noviembre, 2017 12:00 PM

Si México es o fue tierra católica, es decir, una población con adeptos casi totales al catolicismo, ¿dónde está Dios? Nadie lo menciona, ningún político; tanto ingenieros, como profesionista no hablan o piden algo en nombre de Dios.

Los libros de Isaías y Jeremías hablan mucho del castigo de Yaveh sobre los habitantes de la tierra; un pueblo pecador, desobediente, ateo, masón, que poco o nada necesita de Dios, colma la paciencia del Todopoderoso, y esto ocurre más cuando se está joven o se tienen fuerzas.

Nada tiene que ver con el calentamiento global, con los terremotos de este septiembre, ni los huracanes que afectaron la zona central de América y el Caribe. Con el castigo de Dios, pagan justos por pecadores.

Los terremotos de septiembre son una señal del castigo divino contra un pueblo fuera del camino de Dios. La Sodoma y Gomorra, pero sin fuego. Yaveh es furioso y es voz de castigo y de extinción humana. Yaveh es celoso, sus hijos desobedientes tienen que ser castigados, tarde o temprano, pues no se necesita morir uno para que Dios castigue a su pueblo.

En la Biblia viene todo lo que está pasando, el que lee y la comprende, conoce el porqué de los terremotos, huracanes, pestes, guerras, desigualdad humana y tantos males que agobian al ser humano.

Pasó el terremoto del 19 de septiembre y 7 de septiembre, y aún falta más.

Los tiempos cambian y se hace palpable la escritura de los más de 40 hombres que escribieron la Biblia. El castigo es la paga de la desobediencia bíblica. Yaveh es recio, cumplidor, vengador y sentencioso.

Académicos, sismólogos, antropólogos, poco o nada aciertan al futuro, ante los desastres que vendrá. Donde antes no había temblores, ya los hay. Los escépticos no creen en el Creador y desechan la ley de Dios y lo que está en la Biblia. No sabemos la hora, el día, ni el momento cuando la mano de Dios llegue, ni la fecha en que nos toque morir. Ni tiempo de arrepentirse tendremos. Así pues, ya se manifiesta la ley de Dios, ¿lo cree?

 

Atentamente,
Leopoldo Durán Ramírez
Tijuana, B.C.

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