Harvey Weinstein contrató investigadores para rastrear y detener publicaciones en su contra por abuso y acoso sexual

Foto: Tomada de Internet
 
Espectáculoz Martes, 7 Noviembre, 2017 02:02 PM

“El ejército de espías de Harvey Weinstein” es el título del reportaje publicado ayer lunes 6 de noviembre en The New Yorker, donde Ronan Farrow da a conocer que el productor acusado por más de sesenta mujeres por abuso y acoso sexual, contrató investigadores privados para rastrear la información de los casos y evitar que se hicieran públicos. Su estrategia empezó en otoño del año pasado e incluyó relacionarse con Kroll, “una de las compañías de inteligencia corporativa más grandes del mundo, y Black Cube, una empresa dirigida en gran parte por ex oficiales del Mossad y otras agencias de inteligencia israelíes”.

Fue a través de identidades falsas que dos empleados de Black Cube -uno usó como señuelo ser defensor de derechos femeninos- tuvieron reuniones con la actriz Rose McGowan -quien lo acusa de violación- para extraerle información que les ayudaría a detener los artículos de New York Times y The New Yorker que a principios de octubre destaparon el comportamiento de abuso y acoso sexual que Weinstein mantuvo por tres décadas y cómo su posición de poder en Hollywood lo ayudó estar impune.

“El mismo agente, utilizando una identidad falsa diferente e implicando que tenía una acusación contra Weinstein, se reunió dos veces con un periodista para averiguar qué mujeres estaban hablando con la prensa. En otros casos, los periodistas dirigidos por Weinstein o los investigadores privados entrevistaron a mujeres e informaron los detalles”, describe el texto donde se explica que en la mayoría de las investigaciones los agentes privados fueron contratados mediante bufetes de abodagos para “evitar la divulgación de la información, incluso en el tribunal”, amparados en el privilegio abogado-cliente.

Farrow también da a conocer que el abogado David Boies, ubicado por su labor de igualdad matrimonial en el Tribunal Supremo de Estados Unidos, firmó el contrato en el que la empresa Black Cube se compromete a “tratar de descubrir información que detendría la publicación de una historia del Times sobre los abusos de Weinstein”. Irónicamente, de forma paralela, la misma firma representaba al medio ante una caso de difamación que no consideró como “un conflicto de interés” dadas las disposiciones contractuales de cada hecho e, incluso, le declaró al periodista que aconsejó a Weinstein al hacerle ver “que la historia no se podía detener con amenazas o influencias y que la única manera de detener la historia era convencer al Times de que no había violación”.

Por otra parte, describió como problemático cualquier “esfuerzo por perfilar y socavar a los reporteros, en el Times y en otros lugares”, ya que Farrow registró que Weinstein se valió de Denise Doyle Chambers y Pamela Lubell, dos de sus ex empleados, para identificar a víctimas y testigos de sus actos, que pudieran hacer declaraciones contra él. El primero no aceptó hablar con el periodista, pero Lubell le dijo que la manipularon para participar en ello, diciéndole que la lista de nombres que le solicitaron era para fuentes cruciales en lo que sería un “libro divertido sobre los viejos tiempos, el apogeo, de Miramax”, empresa que Weinstein co-fundó.

A unas semanas de colaborar con esa parte, Lubell fue informada de que frenarían el supuesto proyecto y se le solicitó, junto a Doyle, que llamara a ciertas actrices de la lista en una dinámica en la que Weinstein también participó y que ella denominó como “intensa” y mientras que las actrices  describen los contactos como “atemorizantes”.

Si bien David Boies, hoy ve su participación como “un error”, ya que asegura “no deberíamos haber contratado y pagado a los investigadores que no seleccionamos ni dirigimos”, Farrow rastreó que su fima, Boies Schiller Flexner, facturó 600 mil dólares -los 100 mil iniciales mediante Black Cube- pero los datos no especifican el monto que realmente se pagó y, al existir varios contratos, dio con uno firmado el 11 de julio pasado, en el que detallan que los “objetivos principales” eran “proporcionar inteligencia que ayude a los esfuerzos del cliente para detener completamente la publicación de un nuevo artículo negativo en un periódico líder de Nueva York” y “Obtener contenido adicional de un libro que se está escribiendo actualmente e incluye información negativa y perjudicial sobre el cliente”, al que se referían en correos electrónicos como “el cliente final” y “el Sr.X”, ya que si usaban su nombre “se enojaría muchísimo”.

Tres fuentes que el periodista contactó al recabar información para “El ejército de espías de Harvey Weinstein”, le confirmaron que el artículo mencionado en el contrato era el que Jodi Kantor y Megan Twohey publicaron el 5 de octubre en The New York Times bajo el nombre “Harvey Weinstein pagó para silenciar denuncias por acoso sexual durante décadas”, mientras que el libro es “Brave”, memorias que la actriz Rose McGowan publicará el 30 de enero próximo con el sello californiano HarperOne.

 

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