“Aeromulas” de la heroína

Foto: Tomada de Internet
 
Edición Impresa Lunes, 6 Noviembre, 2017 12:00 PM

Mujeres, madres de familia, pobres, se convierten en “correo humano” de traficantes del derivado del opio. Son detenidas con la droga en dobles fondos de maletas, adherida al cuerpo, en el calzado, o en la vagina. Alrededor del 70 por ciento de los aseguramientos y causas penales contra traficantes de “chiva” en vuelos comerciales del país se registra en Baja California. Las transportadoras de heroína purgan en promedio condenas de 10 años de prisión. Tres hermanas apresadas a finales de 2015 fueron extrañamente absueltas

Apenas bajó del avión, fue recibida por el viento gélido de enero en la frontera. Pasó por su maleta al área de equipajes y caminó apresurada hacia la salida. La delgada dama, de tez blanca -como su nombre- llamó la atención por su falda amplia a rayas en tonos negros y grises, su chalina negra y su maleta multicolor, pero sobre todo, por su peculiar forma de caminar. Daba pasos cortos y abiertos.

Un policía federal de vigilancia en la terminal aérea le flanqueó el frente y le informó a la mujer que deseaba hacerle unas preguntas. Ella agachó la mirada, y esquiva, intentó continuar su marcha como si no hubiese escuchado al agente. El uniformado repitió la indicación y la aludida accedió. Aunque nerviosa, la señora se mostró cooperativa y platicadora. Se identificó con su credencial del Issstecali.

“¿Cómo se llama? ¿Qué edad tiene? ¿A qué parte se dirige? ¿De dónde proviene? ¿Cuánto le costó su pasaje?”, bombardeaba el oficial. “Tengo 42 años, vivo en San Luis Río Colorado y vengo de la Ciudad de México. Fui al velorio de una amiga. El esposo de ella me avisó y fue por mí al aeropuerto”, respondía doña Blanca. “¿Cómo se llama el esposo de su amiga? ¿Cómo se contactó con usted? ¿De qué forma la recogió en esa ciudad?”, continuó la cadena de cuestionamientos.

La mujer trastabilló. “Bueno, en realidad me enteré que mi amiga murió, a través de Facebook. Tenía cáncer. No me acuerdo el nombre del viudo. Un amigo envió a otro amigo suyo por mí, y me llevó al hotel”. No pudo continuar con su contestación. La garganta se le cerró. Sus ojos enrojecieron y estaban húmedos. Se mostraba visiblemente temblorosa, y su voz se quebró al decir: “Ayúdeme oficial, me encuentro en una situación económica y sentimental muy difícil. Mis dos hijos más chicos están estudiando y no tengo trabajo”.

“¿Trae Usted alguna sustancia ilícita?”, inquirió el agente con la misma sospecha razonable que había motivado la intercepción. “Sí. Traigo droga oculta debajo de la ropa, entre mis piernas”, contestó derrumbándose la mujer. Con el clásico “acompáñenos” y la lectura de la cartilla de derechos, los policías la llevaron hasta la agencia del Ministerio Público federal para que resolvieran su situación.

 

En las instalaciones de la Procuraduría General de la República de Mexicali, personal femenino acompañó a la señora al sanitario, donde ella se extrajo, de entre la pantaleta y un shorts de licra, un paquete envuelto en cinta canela, y lo depositó en un sobre amarillo que le habían proporcionado. El paquete contenía un kilo 500 gramos de una sustancia pastosa de color café oscuro, con las características de la heroína. Un dictamen pericial en química forense confirmó que se trataba del enervante.

Por esos hechos, desde hace nueve meses, Blanca se encuentra privada de su libertad en una prisión estatal, a disposición de las autoridades judiciales del Nuevo Sistema de Justicia Penal. Primero, un Juez de Control le dictó auto de vinculación a proceso, y luego el magistrado de un Tribunal Unitario confirmó el fallo. Está en prisión preventiva por su probable responsabilidad en delitos contra la salud, en la modalidad de transporte de clorhidrato de diacetil morfina, mejor conocido como heroína.

De no probar su inocencia, a la dama le espera una sentencia condenatoria mínima de 10 años, o máxima de hasta 25 años de prisión. Y de cien hasta 500 días multa. Es lo que establece y sanciona el Código Penal Federal a quienes produzcan, transporten, trafiquen, comercien, suministren aun gratuitamente o prescriba alguno de los narcóticos señalados en un catálogo, entre ellos la heroína, prohibidos por la Ley General de Salud mexicana.

 

70% de casos en BC

Blanca es solo una de las llamadas “mulas”, utilizadas por el narcotráfico para transportar droga a bordo de vuelos comerciales, de un punto geográfico a otro. Las hay, moviendo marihuana, cocaína, metanfetamina, codeína y desde luego la popular  heroína, droga que está causando estragos en la salud de los estadounidenses, según han declarado autoridades de ese país.

Son decenas de hombres y mujeres los que, durante la última década, han caído descubiertos transportando el opiáceo a través de las terminales aéreas de Baja California,  cercanas a la frontera con la Unión Americana, el Aeropuerto Internacional “Abelardo L. Rodríguez” en Tijuana y el “Roberto Sánchez Taboada”, en Mexicali. También llegan en avionetas particulares con aterrizajes clandestinos en Ensenada y Tecate.

Otras tantas “mulas”, por lo general del sexo masculino, transportan la droga vía terrestre, oculta en las enormes llantas o dobles fondos acondicionados de tractocamiones con remolques de carga. En el tanque del combustible o la parte del motor de otro tipo de vehículos. En autobuses de viajeros, o vía marítima en lanchas rápidas o barcos de gran calado por el Mar de Cortés.

Foto: Tomada de Internet.- “Se presume inocente, mientras no se declare su responsabilidad por la autoridad judicial. Art.13, CNPP”

En el caso de las mujeres, como Blanca, es frecuente -para las autoridades- descubrir su función como “mulas” en vuelos comerciales que arriban a esta frontera. También se les descubre, con menos asiduidad, en el aeropuerto de Chihuahua, y aún más escasas ocasiones en las terminales de Sonora y Sinaloa. Extraños los aseguramientos de esta droga en Tamaulipas y Coahuila, donde habrá uno o dos procesos.

ZETA tuvo acceso a 95 expedientes o causas penales instruidas en Juzgados federales del país en contra de personas vinculadas a diversas modalidades delictivas relacionadas con la heroína. El resultado es impresionante. En 66 de los casos, conocen tribunales del Décimo Quinto Circuito del Consejo de la Judicatura Federal (CJF), con residencia en Baja California, que incluye municipios limítrofes en el Estado de Sonora, como San Luis Río Colorado.

La investigación se redujo a la modalidad de transporte, y más aún, se focalizó a los pasajeros de ambos sexos que arriban a los dos aeropuertos señalados, con énfasis en la situación de las mujeres.

 

Perfil de las traficantes

Las “aeromulas” son indistintamente hombres y mujeres. Las cifras están muy parejas, son 51 por ciento las mujeres traficantes de heroína en los aviones, por un 49% de los varones. Así se desprende de los datos obtenidos por este Semanario en diez sentencias definitivas y en otros catorce asuntos, aún bajo proceso penal en activo, por tratarse de hechos ocurridos en el último año. En nueve casos las sentencias fueron condenatorias. Y en una, absolutoria para tres imputadas en una sola causa criminal.

Las mujeres involucradas tienen entre 22 y 45 años de edad, aunque la mayoría ronda los 40 años. Pertenecen a un nivel socioeconómico medio-bajo, con mezquinos ingresos, un nivel educativo promedio de secundaria y con una actividad laboral como empleadas o comerciantes. En algunos casos desempleadas. Muchas de ellas manifestaron ser jefas de familia, con hijos aún dependientes de ellas.

Aunque en la generalidad de los casos no aceptan su responsabilidad, cuando lo hacen, las féminas no delatan a sus contratistas. Ni siquiera saben a qué organización criminal atienden. Autoridades nacionales y norteamericanas sospechan del Cártel de Sinaloa. Las hoy prisioneras se convirtieron en “correos humanos” a cambio de dinero, transportando la heroína de cuatro maneras primordiales:

– Adherida en fajas o simulando ser parte de su cuerpo.

– En las plantillas, suela o tacón de su calzado.

– Mochilas o maletas acondicionadas con doble fondo o forro.

– En el interior de la vagina.

La Policía Federal y el Ejército Mexicano, y ocasionalmente elementos de seguridad privada de los aeropuertos, desenmascaran a las traficantes por su manifiesto nerviosismo. También tiene que ver el estigma de la ciudad o región de procedencia y los aviones que aterrizan de esos lugares.

A base de repetición de acciones, se conoce que las ciudades que entrañan un riesgo para el trasiego de heroína en esta modalidad son: Acapulco, Guerrero; Morelia y Uruapan, Michoacán; Guadalajara, Jalisco; Tepic, Nayarit; Culiacán y Los Mochis, Sinaloa. Y de manera estelar, la Ciudad de México.

Las técnicas para el aseguramiento más utilizadas por los agentes del orden en las terminales aéreas de Tijuana y Mexicali son:

– Perfilación emocional del pasajero.

– Rayos X.

– Pitazo (denuncia anónima).

– Perro adiestrado en la detección de drogas y explosivos.

 

Pretextos y sentencias

Ante el Ministerio Público, el 99% de los detenidos dice ser ajeno a los hechos imputados. La lista de excusas de hombres y mujeres aprehendidos con heroína dentro de su radio de acción es extensa.

María Luisa “N” arribó a Tijuana en un vuelo de Volaris procedente de Guerrero. Al pasar su maleta por el aparato de Rayos X, la pantalla marcó un cuadro de color naranja. Se descubría un compartimiento secreto donde había 2 kilos 140 gramos de droga. Se trataba de heroína y de codeína. En su defensa, la mujer dijo a sus captores: “La maleta no es mía, me la prestaron en Acapulco para viajar para acá”. A ella corresponde la pena más alta, pues al tratarse del transporte de dos drogas diferentes, en concurso de delitos, fue sentenciada a 15 años de prisión. Todas y todos los demás condenados en los últimos tiempos recibieron la mínima sanción de 10 años de cárcel.

En otro hecho, dos mujeres y dos hombres fueron apresados en la terminal aérea “Abelardo L. Rodríguez” por llevar adheridos al vientre, dentro de calcetines, paquetes que contenían siete kilogramos del referido enervante.  Las mujeres se dijeron sorprendidas porque a ellas les ofrecieron una propina en su natal Uruapan para llevar dinero a una “comadre” en Estados Unidos. “Creí que era dinero, nunca imaginé que fuera ‘chiva’”, expresó Alicia “N”.

Gloria “N” es una pasajera de 44 años que llegó junto con su hija al aeropuerto de Mexicali en un vuelo de Aeroméxico, procedente de la Ciudad de México, con escala en Guadalajara. Un sargento y un soldado de Caballería la interceptaron para interrogarla. Del susto, olvidó o negó intencionalmente su domicilio.

Fue trasladada a una oficina, donde, voluntariamente, entregó un envoltorio diseñado con látex amarillo que transportaba en la vagina. Había 550 gramos de heroína en el bulto. La señora declaró que al salir de la Capital del país, durante la escala en la “Perla Tapatía”, subieron al avión dos mujeres que se sentaron a ambos lados de ella. En un momento dado “una de ellas dijo sentirse mal y me pidió que la acompañara al baño. Ahí me obligó a guardarme el paquete en la vagina, amenazándome que le haría daño a mi hija si me negaba y que me estarían vigilando”.

Otra pasajera que transportaba diacetil morfina en importante cantidad dentro de su cavidad genital, negó la posesión. “Me encerraron en un cuarto privado de la Policía Federal en el que fui auscultada y me dijeron que traía droga, lo cual no es verdad. Me quitaron mi teléfono celular y me amenazaron con quitarme a mis hijos, torturándome psicológicamente”, acusa.

Los hombres detenidos también ofrecieron argumentos:

Joel, que llevaba 739 gramos de heroína en las plantillas de su calzado, expresó: “Estos tenis me los regalaron en el aeropuerto de Uruapan. Los sentí raros, pero no los revisé”. Raymundo, con dos kilogramos del mismo enervante escondidos en una mochila: “Yo no traía la droga. Me la hubieran detectado en el aeropuerto de Guadalajara”. Mientras que Edgardo adujo que en Culiacán, unos sujetos le aseguraron ser de la “maña” y, si no transportaba 402 gramos de heroína que le hallaron en sus zapatos, lo matarían a él o a alguno de sus familiares. Y Sidronio, procedente de Ciudad de México, declaró: “Compré la maleta en el aeropuerto capitalino, pero no sabía que traía droga”.

 

Misteriosa liberación

El 13 de diciembre de 2015 ocurrió un caso sin precedentes. Tres hermanas de origen guerrerense aterrizaron en Tijuana a bordo de un avión de Volaris. Habían salido del aeropuerto de Acapulco. Muy decididas, las tres colocaron paquetes encintados con heroína, dentro de condones, al interior de sus genitales y se dejaron venir a la frontera. Dos kilos del opiáceo bien repartidos.

Eran las 10:20 am cuando los agentes federales destinados a las revisiones aleatorias en el área de Reclamo de Equipaje vieron llegar a las tres morenas. Una de ellas gesticulaba y se doblaba de dolor abdominal. Uno de los policías le preguntó si necesitaba auxilio médico. Una de las fraternas respondió por la afligida, “le duele entre la cadera y el vientre”. La alerta de la experiencia se encendió en el oficial de guardia y comentó la situación con sus compañeros.

Apoyaron a la mujer en su traslado a la oficina de la corporación en la unidad aeroportuaria. Los malestares iban en aumento. Ante una serie de preguntas, una de las chicas confesó que las tres llevaban envoltorios con droga en la vagina y, mortificada, intercedió por su hermana, pues “temía por su salud y su vida”. En un cuarto privado, una suboficial supervisó la extracción de los paquetes de cada una de las imputadas “por voluntad propia”.

El protocolo que se sigue de manera regular por los federales terminó con la entrega del servicio y la cadena de custodia ante el Ministerio Público de la Federación. Las mujeres fueron internadas en el Centro de Reinserción Social Femenil de Tijuana, donde un juez de Distrito las procesó penalmente por delitos contra la salud, en la modalidad de transporte de heroína, el 20 de diciembre de 2015. El auto fue confirmado en apelación por un Tribunal Unitario.

Tuvieron defensores particulares y promovieron un juicio de amparo indirecto contra la resolución que las mantenía privadas de su libertad. El 31 de mayo de 2016, el magistrado de circuito les concedió la protección de la justicia federal y ordenó al tribunal y juzgador responsables:

  1. Dejen insubsistente el acto reclamado (auto de formal prisión).
  2. Dicte una nueva resolución en la que revoquen el auto de bien presas dictado a las quejosas, y en su lugar, decrete auto de libertad por falta de elementos para procesar sin las reservas de Ley; y,
  3. Dicte su inmediata y absoluta libertad.

¿Qué fue lo que sucedió? El magistrado amparista argumentó que los oficiales de la Policía Federal no cumplieron con las formalidades del procedimiento “a fin de salvaguardar la integridad física y vida de las incriminadas, al momento de la extracción, que dicen los aprehensores traían en la vagina.

“En efecto, se pasó por alto que toda intervención corporal está prohibida, salvo que se cuente con el consentimiento del afectado y para el caso de ordenar su práctica, se debe atender a la falta de peligro para la salud del presunto, además de que dicha intervención corporal debió ser practicada por un perito especializado (médico) y personal de investigación, respetando la dignidad e intimidad de la persona; todo ello y ante la presencia de una emergencia médica en un centro de salud u hospital cercano que garantizara el menor riesgo a la salud de las involucradas. Cuanto más que se había supuesto que las encausadas traían la droga en la vagina”.

El magistrado consultó Google y añadió a su sentencia de amparo la transcripción de un artículo publicado el 13 de junio de 2014, en la versión digital del diario La Nación, de Argentina, que se titula “Cómo es el proceso por el que pasan las ‘mulas’ para expulsar la droga” (localizable en el hipervínculo http://www.lanacion.com.ar/1699049-como-es-el-proceso-por-el-que-pasan-las-mulas-para-expulsar-la-droga).

La mujer policía negó haber auscultado las partes íntimas de las imputadas. Tampoco el parte de novedades lo informaba ni admitía de esa manera. Parecía un asunto como el de las demás detenidas en casos similares, con métodos de investigación parecidos y que siguen en prisión, unas condenadas, otras procesadas.

Pero las hermanas de Acapulco fueron dejadas en libertad, durante los careos remataron: “La oficial de la Policía Federal hizo que nos desnudáramos, se puso unos guantes y nos revisó la vagina sin que nos encontrara nada”.  Y ahora se pueden jactar de que son las únicas “aeromulas” exoneradas en muy extrañas circunstancias.

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