Templo cívico. México: su pasado, presente y futuro (Vigésima tercera parte)


 
Cartaz Lunes, 25 Septiembre, 2017 12:00 PM

Los yaquis tomaron las armas contra Díaz para defender su patrimonio. El gobierno de Sonora deseaba sus tierras y mandó agrimensores al Valle del Yaqui para poner mojoneras en las tierras, con la intención de venderlas a los extranjeros. Al jefe yaqui, Cajeme, le confiscaron 80 mil pesos que tenía depositados en el banco, después enviaron hombres armados a arrestarlo y como no lo encontraron, prendieron fuego a su casa y a la de los vecinos. En 1894, de modo repentino les arrebataron las tierras por decreto federal y las traspasaron al General Lorenzo Torres. El gobierno de Díaz era el culpable de las más horribles atrocidades, como masacres masivas y recompensas para todo aquel que matara a un yaqui.

La esclavitud y peonaje en México, la pobreza y la ignorancia, y la postración del pueblo se debía al sistema político del general Díaz. En el tiempo de los españoles, el peón tenía por lo menos su parcela pequeña y una humilde choza, pero con Díaz nada.

El general Díaz, sin ninguna excusa válida y sin otra razón que su ambición personal, inició una serie de revoluciones para dominar poderes gubernamentales del país. Mientras prometía respetar las instituciones progresistas de Juárez y Lerdo. Instituyó un sistema político para beneficio de su propia persona, en el que su capricho era la ley. Díaz fue el sostén principal de la esclavitud.

Félix Díaz, pariente del presidente Díaz, fue el principal enganchador de esclavos. Un claro ejemplo fue que las autoridades estaban involucradas en el manejo y venta de esclavos, así como en la explotación y asesinato de una gran mayoría de la población pobre e indígena de México.

El presidente Benito Juárez era reconocido en México y en el extranjero como uno de los más hábiles y generosos patriotas que propició en el país la libertad política, la prosperidad industrial y adelanto general. Para el general Díaz, a pesar de esos hechos y los ascensos militares obtenidos por Juárez, promovió una serie de rebeliones con el fin de adueñarse del poder supremo del país. Díaz encabezó tres rebeliones contra gobiernos pacíficos, constitutivos y elegidos democráticamente por el pueblo. Durante 9 años, Díaz se portó como un rebelde ordinario, con el apoyo de bandidos, criminales y soldados disgustados con la política antimilitarista de Juárez y que habría sido eficaz y hubiera beneficiado a la Nación, si la Iglesia Católica no hubiera intervenido contra Juárez. Contra la voluntad del pueblo, Díaz usurpó la dirección del gobierno por más de 34 años.

Dado que Díaz fue un gobernante contra la voluntad de su pueblo, privó al pueblo de sus libertades mediante la fuerza militar y la policía que controló las elecciones, la prensa y la libertad de expresión e hizo del gobierno popular una farsa. Mediante la distribución  de los puestos públicos entre los generales, les dio rienda suelta para el pillaje más desenfrenado; con ello aseguró el dominio del ejército. Además, las combinaciones políticas con dignatarios de alta jerarquía en la Iglesia, le permitieron que ésta recuperara su antigua fuerza, de modo que ganó el silencioso apoyo del clero y del Papa. A través de astutas y hábiles promesas de pagar en su totalidad las deudas extranjeras e iniciando a la vez una campaña para otorgar concesiones y favores a extranjeros, especialmente norteamericanos, hizo la paz con el resto del mundo. La fuente más grande que Díaz tuvo para enriquecerse, así como a su familia, fue la confiscación y robo de las tierras del pueblo y el primer paso para someterlo de nuevo a la servidumbre, como esclavos. Sus tierras pasaron a manos de los miembros de la maquinaria gubernamental, entre ellos, extranjeros como William Hearst, los Rockefeller y muchos otros ingleses.

Díaz estimuló el capital extranjero porque éste significaba el apoyo de gobiernos extranjeros y consiguió internacionalizar su gobierno y con ello, a su favor, una de las fuerzas más poderosas que impidió al pueblo mexicano hacerse de armas para derrocar a Díaz. Además, por medio del cuidadoso reparto de puestos públicos, de los contratos y de los privilegios especiales de diversas índoles, Díaz conquistó a los hombres y a los intereses más poderosos que formaron parte clave del sistema político.

Díaz mantuvo gran parte del ejército cerca de los grandes centros de gobierno para reprimir cualquier intento de levantarse en armas. Llamó a afiliar a los trabajadores que se atreviesen a declararse en huelga, a los periodistas que criticaban al Gobierno, a los agricultores y a todo aquel que se resistía a pagar impuestos exorbitantes. En el ejército, los hombres fueron más prisioneros que soldados; la paga y la alimentación fue infame y ningún soldado estaba fuera de la vista y cuidado de un oficial. La proporción estimada de soldados forzados fue de un 95%. También hubo otras policías represoras: las rurales de la federación y las del Estado; conformadas generalmente por los criminales que empleaban sus energías en robar y matar por cuenta del Gobierno.

Continuará.

 

Guillermo Zavala

Tijuana, B.C.

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