Sospecha y omisiones en desaparición de mujer

Foto: Enrique Botello
 
Edición Impresa Lunes, 4 Septiembre, 2017 12:00 PM

En Ensenada, la familia Urías sigue sin conocer el paradero de Claudia Urías Zaiza, quien hace siete meses cruzó la frontera, pero nunca llegó a su destino. La última imagen que se tiene de ella fue la de un hombre desconocido abordando su vehículo. Fuentes internas de la PGJE en Ensenada informaron a ZETA que el caso lo lleva Unidad Antisecuestros en Tijuana

La familia Urías lleva siete meses de angustia e incertidumbre. Cada día ha sido un pesar creciente desde el 19 de febrero, fecha en que una de sus hermanas desapareció. A la desazón de no saber qué fue de ella, se ha agregado el desgaste físico y emocional de realizar las labores de investigación, dado que las autoridades no han hecho lo propio.

Claudia Urías Zaiza, de 39 años de edad, residente de Santa Clarita, California, cruzó la frontera aquel día para después llegar al puerto de Ensenada, donde viven sus familiares y una de sus tres hijas menores de edad. La última imagen que se vio de ella fue la de un hombre desconocido abordando el vehículo de la mujer, y continuar la marcha del mismo prácticamente rodeando la ciudad hasta desaparecer en la salida a Ojos Negros.

Karla trabajaba cuidando niños en una casa en California, pidió permiso para venir de urgencia a Ensenada, por un motivo que hasta la fecha su familia ignora. Saben que ante sus patrones en Estados Unidos tuvo que argumentar que su hija de 11 años estaba enferma, mientras que por otro lado, a su novio “David”, un policía municipal en activo en esta ciudad, le explicó que tenía que venir a pagar un dinero.

Fotos: Cortesía

Al ingresar a la ciudad vía carretera, a bordo de un automóvil Mercedez Benz color blanco, modelo 2004, mismo que le vendieron sus patrones y que estaba pagando en abonos, ella venía hablando por teléfono con su novio, al que le dijo que tenía que ver a una persona, que después le llamaba y que iba apagar el teléfono, incluso “David” le pidió pasar a saludarla rápidamente, pero ella se negó diciéndole que después le explicaría con calma. Todo esto según el decir del hombre.

Las cámaras de video registraron que Karla llegó a la altura de la Plaza Cívica de “Las Tres Cabezas”, frente al Bulevar Costero, eran las 12:42 am de ese domingo. Entonces llega un hombre alto, con gorra, sube al carro y siguen la marcha. Nueve videocámaras diferentes registraron la ruta del vehículo, hasta tomar el Bulevar Pedro Loyola, después tomar el Libramiento Esmeralda, llegar hasta el entronque a la carretera a Ojos Negros, y allí ya perderle la pista al vehículo por falta da cámaras.

En uno de los videos, cuando el Mercedez Benz circula por Pedro Loyola, curiosamente se ve que pasa cerca de una patrulla de la Policía Municipal que estaba estacionada en la acera. Curiosamente es la unidad que traía su novio “David”, quien explicaría después, se encontraba ahí atendiendo el reporte de robo de otro vehículo y que, efectivamente, vio pasar a su novia a bordo del Mercedes, pero pese a su preocupación, no pudo detenerla porque tenía que atender otro reporte, y finalmente no tenía un motivo para justificar el detenimiento del vehículo. En el video se alcanza apreciar que la mujer iba manoteando y a un hombre de copiloto.

Después que el policía “David” informó a la familia sobre la desaparición de la mujer -ignoraban que su hermana estaba en Ensenada- se interpuso una solicitud de localización de persona ante la Procuraduría General de Justicia de Baja California (PGJE) bajo el expediente 0201-2017-03049/RAC, el miércoles 22 de febrero de 2017.

Durante los días 23 y 24 de febrero la familia empezó a subir a las redes sociales fotos de Claudia Urías pidiendo su localización, y dejando varios teléfonos para cualquier aviso sobre su paradero. La mañana del sábado 25 reciben la llamada telefónica de un hombre, “de acento sinaloense”, quien de forma muy agresiva le informó que ellos tenían a Claudia y que “aflojaran” 150 mil pesos, de lo contrario la matarían. Lo primero que les ordenó fue que bajaran todas las pesquisas de las redes sociales.

Fueron llamadas cada 20 minutos por parte de los presuntos secuestradores, negociando el rescate, pues la familia solo pudo reunir 50 mil pesos. Mismos que finalmente acordaron entregar en el Parque Revolución, en el centro de la ciudad. Uno de los cuñados de Claudia llevó al dinero al lugar, pero luego le indicaron que se fuera a otro parque. Vieron que el policía “David” antes circuló por la zona, lo que suscitó el enojo de la familia: “¡¿Qué chingados andas haciendo aquí?, lo primero que dijeron es que no hubiera policías!”.

Finalmente los secuestradores cambiaron de estrategia y ordenaron depositar lo del rescate en una sucursal Coppel. Esa misma tarde se hicieron dos depósitos,  de 25 mil pesos cada uno,  el primero en una tienda Oxxo, y el segundo -de acuerdo a información obtenida por ZETA– en la sucursal Coppel de Juárez y Miramar, a la 1:12 pm, y bajo el folio 93730136131220623, a la cuenta 102006698423.

Luego los maleantes ordenaron: “Tiras el recibo del depósito, te van estar vigilando. Te vas a ir al Bancomer que está entre Juárez y Riveroll, ahí te estacionas, una personas llegará a checar que hayas borrado los números que de los que te estoy marcando y ahí te vamos a entregar a tu cuñada Claudia”. Esperaron por horas y nunca llegaron. Desde entonces perdieron toda comunicación con los supuestos secuestradores, y con ello, de cualquier posibilidad de tener noticias de Claudia.

 

Atando cabos

La familia Urías ha pasado un viacrucis. De entrada ellos mismos han emprendido de la investigación por su lado, solicitando negocio por negocio donde pudieran haber cámaras que captaron el vehículo de su hermana, luego yendo a caminos y terracerías en Ojos Negros, corriendo peligro en varios momentos al encontrarse, por ejemplo, con escenas del delito que ni la autoridad ubica, como un deshuesadero de autos robados rumbo a la sierra, o en barrancos aledaños al rancho “El Tule”, donde les recomendaron que si no iban armados, mejor ni entraran. Todo en la necesidad de encontrar a Claudia, viva o muerta.

Lo anterior se enmarca en la desazón que les provoca el que las autoridades de la PGJE les ate de manos para ellas declarar, ventilar su caso a la prensa o presionar para que se agilice la investigación. Mientras que la autoridad no les informa de ningún avance, ni siquiera tienen seguridad que en realidad estén atendiendo el caso. Mientras tanto, la familia sigue registrando evidencias o hechos que pudieran ayudar a la investigación, pero que las autoridades desestiman o simplemente ignoran.

Otro hecho que mueve a la sospecha se suscitó el 26 de febrero. Un día después que pagaron el rescate, “David”, el policía novio de Claudia, llamó a la familia para decirles que había encontrado el vehículo ubicado en la esquina de calle Séptima y Riveroll, afuera de la vinícola Santo Tomás. Al llegar la familia y los ministeriales se encontraron el carro casi intacto, sin huellas, aparentemente lavado, y apenas “una gotita de sangre” según describieron. Al abrir la cajuela esperaban encontrar ahí a su hermana, ni eso.

“Yo no creo en las casualidades, ‘David’ encontró el carro ahí, en su área de confort de su trabajo, el abrió el carro, lo checó, el carro no tenía ni un rasguño, lavado -el hermano de ‘David’ tiene un carwash-, ya no tenía placas”, narra una de las hermanas. En su desesperación, Eurubiges, madre de Claudia, habría expresado a su yerno “David” que necesitaba algún rastro de su hija, por ejemplo el carro. Y sucede que al día siguiente, él localizó el vehículo.

Otro hecho relevante es que al auto le habían cambiado sus láminas originales de California, por unas de Anapromex. Eso llevó a los ministeriales hasta el dueño de las placas, al que pudieron localizar. “Iban por buen camino, hacia una línea de investigación, cuando los paran, le pasan el caso al agente del Ministerio Público de apellido Arce, quien deja un mes estancada la investigación, que porque no sabía si era un caso de localización, privación o secuestro. Nos traía vuelta y vuelta…”.

A los días siguientes la investigación se remite a la Unidad de Antisecuestros de la PGJE en Tijuana, “dijeron que aquí no son competentes para eso, lo que me cayó de sorpresa, porque los ministeriales de Ensenada nos tenían al tanto de lo que iba pasando, en cierta manera trabajando en conjunto con nosotros, pero los encargados del caso allá en Playas de Tijuana nunca tuvieron comunicación con los de acá”, refieren. Simplemente les indicaron: “Ustedes ya no tienen nada qué hacer en este caso”.

Desde que el caso se remitió a la PGJE ya la información del seguimiento ha sido nula, “ni nos hablan, ni vienen, dicen que no tienen los suficientes recursos para estar yendo y viniendo, no tienen nombres de los agentes que llevan el caso, es un grupo muy cerrado”, narra la madre de Claudia. También les llegaron a decir que si su hija fue llevada a otro estado, “con la pena…,  pero no podemos hacer nada”. Asegura que incluso en las autoridades en Ensenada le confiaron que a los seis meses le darían “carpetazo” al asunto y hasta les recomendaron recurrir a los medios de comunicación o realizar rueda de prensa, “porque si no se mueven ustedes, ahí la cosa ya se estancó”.

 

El silencio de la autoridad

El hermetismo de las autoridades y la desconfianza hacia estas ha hecho atar cabos a los familiares de Claudia. Establecer ellos mismos hasta tres sospechosos. Su novio, el policía “David”, el norteamericano de apellido Howard, con quien estuvo casada y estaba proceso de divorcio y conflicto por la custodia de su hija de 11 años. Y “Euriel”, un taquero de origen sinaloense y padre de otro de sus hijos.

A “David”, el policía municipal, que antes fue elemento de la Policía Estatal Preventiva, lo describen como excesivamente posesivo, que un breve lapso de tiempo le llamaba hasta 20 veces por teléfono, o si se encontraba Claudia en algún café o lugar público, se apostaba con la patrulla para estarla vigilando. Dicen que a raíz que desapareció Claudia, la misma actitud de hostigamiento la ha mantenido con las hermanas y madre de ésta, llamándolas cada vez que aparece alguna mujer muerta, en la promesa que está haciendo todo lo posible por localizar a su familiar, provocando más crisis emocional en ellos.

“David” fue el último que tuvo comunicación con Claudia, la vio a bordo  con su presunto captor y no hizo nada, además, fue el que se encontró el carro y alteró la escena, el que ha estado muy insistente averiguar si se localizaron “unos papeles muy importantes” que estaban en poder de Claudia, aparte de confesar que él le hacía el trabajo sucio al norteamericano Howard.

Howard, con quien la ensenadense se casó -por lo que también en las pesquisas aparece como Claudia Howard- tiene negocios de venta de autos y varios de otros giros, estaba en proceso de divorcio y de custodia de su hija, y es una persona peligrosa y de actividades sospechosas, según revelaron amistades de la mujer. Días antes de la desaparición de Claudia, un 14 de febrero, mandó a estudiar a otro Estado de la Unión Americana a su hijastro -hijo de Claudia- de 17 años. Ese día que fueron a dejar al muchacho al aeropuerto, fue la última vez que la madre de Claudia vio a su hija.

Cuando el norteamericano fue notificado de la desaparición de la mujer y de la extorsión, desestimó el caso: “No, no les den nada, están jugando con ustedes, y no les voy ayudar”. Sin embargo, después fue él mismo quien le confesó crudamente a su pequeña hija: “A tu mamá se la llevaron su novio y dos hombres más”.

En esta historia de confabulación y tortura psicológica, como la describen los familiares de Claudia, entre un tercer hombre, “Euriel”, el taquero de Sinaloa, padre de otra de las hijas de Claudia, quien días antes -según relató a las autoridades una de las niñas- se encontró con la mujer en la taquería Villa, le pidió que regresara con él, Claudia le respondió que no lo haría, pues estaba en buena relación con su actual novio -“David” con quien llevaba cinco meses-, a lo que “Euriel” le respondió: “Te vas arrepentir”.

Nada de esto, consideran madre y hermanas de la desparecida, ha sido considerado por la Policía: “Cómo es posible que nosotros como familia nos exponemos a  muchas cosas para poder tener información, y las autoridades no, teniendo una charola y los conocimientos, por eso optamos por ya definitivamente que detone esto y caiga quien tenga que caer”.

Fuentes internas de la PGJE en Ensenada informaron a ZETA que el caso lo lleva la Unidad Antisecuestros en Tijuana, por lo que se deslindan de proporcionar algún dato. Mientras que otras fuentes en Tijuana confirmaron la investigación “que obra en expediente”, negaron cualquier información por la naturaleza del caso.

La familia de Claudia reprocha que constantemente les han impedido ventilar la tragedia y lo que sospechan alrededor de ella, con el pretexto de que entorpecerían la investigación. Ahora que llevan más de dos meses sin ninguna información más sobre el proceso que lleva el caso, incluso les han respondido que entre menos sepan, mejor.

Lo que quieren es acabar con la angustia e incertidumbre que les está afectando hasta la salud: “Si se vendió la autoridad, si una persona la vio, lo que queremos nosotros es que (Claudia) ya aparezca, como sea que Dios quiera, ¡pero ya! Tratamos de sobrellevar la situación, pero esto todavía no termina…”.

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