Seguridad pública

Foto: Internet/Hace falta equipo de alta tecnología para combatir el crimen
 
Opinionez Lunes, 4 Septiembre, 2017 12:00 PM

En días pasados, Javier Armando Baylón Grecco presentó en la facultad de Derecho de la UABC, la tesis “Nuevo paradigma policial en Baja California”, para obtener el grado de Doctor en Derecho. Trabajo que vale la pena analizar y que sería conveniente que los cuadros de mando, de los diferentes cuerpos policiacos, dedicaran unas horas a su estudio, dado las dificultades que plantea el mantenimiento de la seguridad pública en Baja California, “buscando un cambio de paradigma policial para ser más efectivo en la prestación del servicio público del Estado”.

En un escrito anterior, señalábamos la necesidad de la especialización y reestructuración de los cuerpos policíacos, incluso en nuestra ponencia. Al igual que el doctor Baylón Grecco, opinábamos sobre la conveniencia de reestructurar las policías con base en la función reactiva, preventiva e investigadora frente al delito.

La modernidad, decíamos, obliga a utilizar estrategias diversas a las que hoy se emplean: policía uniformado, preventivo, encubierto (policía secreto), de barrio, infiltrado (implica actuar dentro de las bandas y cárteles, pasando como delincuente; incluso, colaborando en delitos de poca monta para ganarse la confianza del crimen organizado y obtener la información necesaria para combatirlo), todo esto a la previa reforma constitucional y legal, el control de un juez y el estricto respeto a los derechos humanos.

Esto es una nueva visión de lo que debe ser el actuar de la Policía. Para implementar estas estrategias modernas, como el delito controlado, requieren modificar sus principios de acción, con objeto de obtener información de lo que acontece en el mundo del crimen y poder actuar en consecuencia.

Debemos de cuidar que nuestro Estado no se convierta en uno policíaco, autoritario y violador de garantías, pero también debemos de estar al pendiente de que no suceda lo que pasa en otros Estados de la República, donde las mafias criminales detentan el poder político y ejercen el gobierno en diversas entidades, haciendo frecuente la comisión de extorsiones (venta de piso), homicidios, lesiones, secuestros, desapariciones de personas, etc.

Sabemos que se hace un esfuerzo muy importante, encaminado al combate del delito y que el cuerpo de inteligencia de cada una de las policías, con pocos recursos, hace esfuerzos inusitados, pero estos desgraciadamente no son suficientes, si damos cuenta de que no contamos con helicóptero ni cámaras de vigilancia, tan necesarios para estas tareas. Además, las fuerzas policíacas deben estar estrechamente vinculadas con la ciudadanía y obrar en contra de la corrupción que prolija la impunidad.

Es cierto que hace falta equipo de alta tecnología para combatir el crimen, como también de armamento y unidades móviles, pero es también indispensable cambiar la percepción que se tiene respecto a la autoridad policiaca y esto se logra mediante la expulsión y el ejercicio de la acción penal, en contra de los cuadros de mando y de los policías en general que hayan violado las leyes en perjuicio de la ciudadanía.

Reclutar policías, prepararlos y mantenerlos ajenos a la corrupción, no solo es costoso, hablando en términos de dinero, debe ser un esfuerzo constante y multiplicador, pero para eso se necesita pasar a un Estado social, democrático y de derecho, porque entendemos que gran parte de la inseguridad es culpa de los gobernantes que, manteniendo el Estado de cosas, se convierten en cómplices o incluso, participan de las enormes ganancias que produce la criminalidad.

Resulta un ideal difícil de alcanzar, pero necesario. La vinculación entre la academia y los combatientes del delito representa un esfuerzo común de integración entre los operadores del sistema y quienes conocen sus avances teóricos, doctrinales, en el combate al delito.

Nota: Sabemos que ocupar un cargo en un cuerpo policíaco es estar en el centro del huracán, sujeto a constantes críticas que los mismos grupos delictivos alientan y si a eso agregamos los intereses político-partidistas, la tarea se vuelve difícil y compleja. Un reto de cada día para el licenciado Daniel de la Rosa y para Alonso Ulises Méndez que, a mi juicio, hasta la fecha se encuentran realizando un buen esfuerzo.

 

Arnoldo Castilla es abogado y catedrático de la UABC

 

 

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