Los piropos también son acoso, violencia verbal y sexual

Foto: Internet/Los piropos se han vuelto más atre- vidos, vulgares y en algunos casos hasta violentos
 
Opinionez Lunes, 4 Septiembre, 2017 12:00 PM

Aunque el tiempo haya pasado y que hay mayor información acerca de la violencia, el daño que causa, las consecuencias que origina, los castigos a que se ven sujetos los agresores (criminales, dirían en Estados Unidos), tal parece que no causa mella alguna y sigue en aumento, tanto la violencia física, sexual, emocional, psicológica, escolar, familiar, matrimonial, etc., etc., pareciera que nunca va acabar.

Me enfocaré en una cuestión que ha sido una costumbre en nuestro país, pero que se ha ido desvirtuando y me refiero a los “piropos” que antes tenían un carácter más significativo, de conquista, algunos en verso, otros halagando a la mujer. Sin embargo, al correr de los años, las circunstancias han cambiado en la sociedad.

Algunos de éstos, como la liberación femenina, donde la mujer buscaba más espacios y libertades al mismo nivel que los hombres, dio origen a ciertos cambios, como fue la vestimenta, sustituyendo los vestidos y las faldas para usar pantalones, pero algunas y muchas de ellas, empezaron a usarlos apretados para presumir sus cualidades femeninas, además que resaltaron el busto. Ante ello, los hombre empezaron a dirigirse hacia ellas, ya no con los piropos tradicionales, sino con halagos directos en relación a sus atributos, dichos en forma vulgar y corriente, más atrevidos que dejaron de gustarles a las mujeres al punto de ofenderse y ante un posible reclamo por parte de ellas, los hombres se volvían más atrevidos y en algunos caso violentos, llegando a tocarlas.

Viene todo esto al testimonio que dio una compañera de la maestría, en la clase de Sexualidad y que, al contarlo, temblaba del coraje. Cuando lo publicó en su Facebook, tomé la decisión de hacerlo del conocimiento de todos, por el interés que reviste y cuidarse de ello y denunciarlo ante cualquier policía o autoridad.

Cuenta: “Hace unos días salí con una amiga a caminar al Malecón de Playas de Tijuana, en ese trayecto llegaron a pararse carros en dos ocasiones para preguntar cómo se llama tu amiga, ‘por qué tan enojada’, ‘qué bonita’, etc. En otros momentos, las miradas bastaban para incomodar. En la primera ocasión yo me sentí perdida, no sabía qué contestarle al muchacho que se expresaba como si fuera un súper cumplido que detuviera su carro a preguntar. Llegó un punto en que mi amiga ya no quería sentirse expuesta y mejor nos fuimos a un lugar a comer. Del lugar donde comimos al carro, en tres ocasiones más fuimos acosadas, mientras nos tomábamos una foto y luego, al subir al carro, mi amiga en lugar de esperar a que yo moviera el carro prefirió subirse en la parte de atrás y me dijo “dale” y ya más adelante me paré para que se subiera enfrente.

“A ese punto nos sentimos acosadas. Muchas personas hacen comentarios como ‘qué exageradas’, ‘ignora a la gente y ya’, ‘contéstale una grosería’, pero NO es tan fácil, son detalles cotidianos que vivimos muchas mujeres y realmente sí tienen un impacto, nuestra experiencia de salir tranquilamente a platicar se volvió incómoda. Sentimos que debíamos recortar nuestro recorrido y todavía, entra este reproche en un intento de manipulación con su ‘por qué te enojas’. Por un momento tuve la sensación de que usar un vestido en ese momento no había sido la mejor elección y mi amiga comentaba que ella misma ha llegado a elegir otra ropa porque sabe que caminará y pueden acosarla.

“¿Sentir culpa por vestirme como quiero? No es justo para nadie. Comparto mi experiencia porque el #acoso también es violencia, y sí, tiene un impacto en cómo nos vivimos, es algo tan común, pero no es normal”. ¡Respetemos!

Como siempre, agradezco a mis dos que tres lectores por sus consultas y comentarios al e-mail: bautista46@hotmail.com

El Licenciado Roberto Bautista ejerce su profesión en Tijuana

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