La neurosis del PAN contagió al Congreso de la Unión

Foto: Tomada de Internet.- Fricciones entre Cordero y Anaya.
 
Zoom Político Lunes, 11 Septiembre, 2017 12:00 PM

Los conflictos entre dos grupos al interior de Partido Acción Nacional viciaron primeramente a la Cámara de Senadores, con gritos y fracturas; luego, al proceso de selección de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, que por primera vez en su historia no se pudo instalar como lo marca le ley.

Todo se remonta al 31 de agosto, cuando los senadores del PRI, Partido Verde, Morena, PRD y PT respaldaron la propuesta del coordinador de los senadores priistas, para que Ernesto Cordero, ex secretario de Hacienda durante la presidencia de Felipe Calderón, se convirtiera, por segunda ocasión, en presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Senadores.

En una negociación encabezada por el priista Emilio Gamboa Patrón, éste cedió la presidencia de la Mesa al panista, de modo que él encabezara la Junta de Coordinación Política.

Cordero únicamente consiguió cuatro de los 38 votos de senadores que conforman la bancada del PAN. Pues su nombramiento desató la furia particularmente de los Senadores, identificados con el grupo de Ricardo Anaya, dirigente nacional del partido y aspirante a la candidatura a la Presidencia de la República.

Entonces esta historia comenzó antes. La última semana de agosto, El Universal publicó una investigación, donde exhiben un incremento al patrimonio de la familia de Anaya a la par de su carrera política.

Se trató de un recuento de los últimos 14 años, donde los suegros de Anaya (Donino Martínez Diez y Maribel Natalia) instalaron un “imperio inmobiliario” de la mano de los puestos públicos del panista, pasando de cuatro a 17 empresas en sus manos; y de seis inmuebles, con valor de 21.9 millones de pesos, a 33 valuados en 308 millones de pesos.

Anaya negó la versión del enriquecimiento, sin presentar pruebas, alegando que se trataba de un acto del PRI-gobierno por debilitar su oposición a la propuesta enviada por el Presidente, Enrique Peña Nieto, para que el primer Fiscal General, por los próximos nueve años, sea el actual titular de la PGR, Raúl Cervantes Andrade. A esa propuesta, los panista lo llamaron el intento del “pase automático”.

Volviendo. El mismo día que Cordero fue apoyado -junto a los otros integrantes de la Mesa Directiva- por las demás bancadas, frente a todos, los propios panistas tildaron a Cordero y quienes votaron por él, Roberto Gil Zuarth, Javier Lozano, Salvador Vega y Jorge Luis Lavalle, como traidores.

Al día siguiente, el primero de septiembre, la dirigencia del PAN desconoció a Ernesto Cordero como presidente de la Cámara de Senadores y adelantó que dará trámite para sancionarlo, junto a los otros cuatro legisladores que “coinciden con los intereses del PRI-gobierno”.

El argumento de Anaya, según lo dijo, es porque Cordero fue convertido en Presidente a cambio de que él y su grupo de cuatro senadores apoyaran el “pase automático” del fiscal. Lo cual, los panistas corderistas se negaron.

Por su lado, los cinco senadores acusados de ser “tapetes del PRI”, acusaron a Anaya de montar una “cortina de humo” para evadir los señalamientos al patrimonio de su familia.

Gamboa Patrón dijo ante los medios que el Senado no se encontraba en crisis, sino en un partido político. Aun así, la disputa contagió a la Cámara de Diputados en donde los panistas, aliados con el PRD y Movimiento Ciudadano, se negaron a instalar la Mesa Directiva siempre y cuando el Senado no eliminara el artículo transitorio que contenía el “pase automático”.

La “resistencia” de los anayistas en la cámara baja hizo que el nombramiento se pospusiera, contraviniendo la ley orgánica del Congreso.

Y así las aspiraciones de Anaya se fueron desmoronando en un partido que se observa dividido y sin liderazgo, rumbo a la elección presidencial.

Finalmente, luego de que el coordinador parlamentario del PRI, César Camacho, anunciara que por disposición de la Presidencia de la República, el “pase directo” para Cervantes Andrade se eliminaría; la Mesa Directiva en San Lázaro quedó instalada, asumiendo como presidente al priista Jorge Carlos Ramírez Marín.

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