Hugo Hiriart, Medalla Bellas Artes

Fotos: Enrique Mendoza Hernández
 
Cultura Lunes, 11 Septiembre, 2017 12:15 PM

El escritor mexicano fue distinguido en el Palacio de Bellas Artes. Su libro más reciente es “El juego del arte” (Tusquets, 2015). Prepara una novela policíaca y otra sobre su abuelo en la Revolución Mexicana. “No hay ninguna gran obra literaria por la trama, la trama es una ingeniosidad, una cosa superficial; la densidad está en los personajes”, sostiene el autor. “El problema no es el narcotráfico; el problema es la corrupción infinita”, advierte en entrevista con ZETA

Por su destacada y extensa trayectoria, Hugo Hiriart fue distinguido con la Medalla Bellas Artes el 30 de agosto de 2017, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

Con la sorna y lucidez que lo caracterizan, Hugo Hiriart (Ciudad de México, 28 de abril de 1942), expresó a ZETA respecto a su reconocimiento que llega precisamente en el año en que festeja 75 años de vida:

“Yo soy un perro ya muy viejo, ya he pasado por esto desde que escribía de jovencito, cuando entré a escribir en Excélsior y publiqué mi primera novela ‘Galaor’, fue la primera entrega del Premio Villaurrutia después del 68”.

Apenas tenía 30 años cuando recibió precisamente el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores, por eso, luego de una fructífera y reconocida trayectoria que incluye dramaturgia, novela, ensayo y dirección de teatro, valora:

“Me siento como un ferrocarrilero que ha trabajado 60 años y la empresa me ha dado un reloj de oro”, manifestó con su característico tono de voz pausado.

 

“Así empecé y ya no paré”

Leer o escuchar a Hugo Hiriart es ser testigo de una cátedra. En entrevista con ZETA, el escritor confesó cómo creó su primera obra de teatro, “La ginecomaquia”, cuando tenía 30 años de edad:

“Yo trabajaba en la Presidencia de analista, que es lo más bajo que hay, acababa de publicar ‘Galaor’ (1972), solo trabajaba en la mañana, salí de ahí y me iba a alguna cantina, en esa época bebía muchísimo, me ponía a beber toda la tarde, me sentía solo; entonces, para componer eso, le dije a mi hermana que juntara a unas cuatro amigas y que montáramos una obra, ensayábamos en el comedor de su casa, hacíamos a un lado la mesa, era una obra muy chiquita que no teníamos productor, nadie nos daba dinero.

“Entonces hicimos una obra que no tuviera escenografía, que no tuviera vestuario, que el vestuario se lo pudieran hacer las mismas actrices y que tuviera una iluminación cenital; yo no sabía, era la primera obra que hacía y nunca había estudiado eso. La hicimos y no se llenó ni el estreno, la estrenamos en el Teatro Orientación, con poco público, a veces no iba nadie a la función”.

Obviamente “La ginecomaquia” alude a la “La gatomaquia”…

“El título se lo puso mi maestro y amiguísimo mío, Francisco Libori, él sí era fantástico, chistoso; me dijo: ‘mira, si está ‘La gatomaquia’ de Lope, ¿por qué no le pones ‘La ginecomaquia’?, que es la guerra de las mujeres’; le dije ‘ah, está bien’, le puse así.

“La obra era chiquita y muy pobre, la vio el director del Festival de Caracas, que era entonces el mejor festival que había en Latinoamérica, fuimos allá, iban grupos de todo el mundo, de Polonia, Inglaterra, Argentina, de muchos lados; y la verdad es que no nos fue mal, en medio de todos esos grupos pedantes, solemnes, estaba mi grupito, pero no nos fue mal, así empecé y ya no paré, porque me gustó mucho, porque si uno se pone a hacer teatro es muy rápida la adicción, y a vivir en ese universo.

“En el teatro se empieza a ensayar, se conoce más a los demás, generalmente, y luego se los empieza a conocer mejor y se empieza a formar una especie de familia temporal que dura mientras dura la obra, que puede ser dos o tres meses de ensayos y dos o tres meses de funciones, y luego se desintegra esa familia y se integra otra, y así.

“La verdad es que a uno le salen las obras, no las prevé uno, se van haciendo solas, uno hace una escena y luego otra, luego otra, luego las va juntando, luego las separa y las junta de otro modo, y así se va integrando la obra; uno no escribe como quiere, uno escribe como medianamente puede, como le sale; entonces, no hay planes, es puro resultado”.

¿Cómo es que las obras “se van haciendo solas”?

A mí no me gustó nunca escribir obras de teatro, me gustó hacerlas, o sea, hacer la obra y montarla; por ejemplo, ‘La ginecomaquia’ tenía dos escenas y empecé a ensayar, y de acuerdo a lo que yo veía añadía otra y otra, que es muy buen procedimiento.

“Todos los grandes dramaturgos, y también los no tan grandes, pero sobre todo los grandes dramaturgos han trabajado en el teatro: Molière era empresario y actor, todos los trágicos griegos ellos mismos montaban sus obras, Shakespeare era actor y empresario, Ibsen era director de un teatro, Becker también era director de un teatro.

“No puede una persona llegar a su casa, sentarse en la mesa, en su estudio o comedor y ponerse a escribir una obra de teatro, le queda mal, queda bien cuando uno está pensando en el actor, en la luz que va a haber, se queda pensando ya en la escena y qué actor la va a hacer; entonces, los que quieran escribir teatro yo les aconsejaría hacer teatro para que les pueda quedar bien”.

Foto: Cortesía

“No hay ninguna gran obra literaria por la trama”

Después de su primera novela “Galaor” y su primera obra de teatro “La ginecomaquia”, Hugo Hiriart ha cosechado distinciones como las becas Guggenheim (1983) y Woodrow Wilson (1988); Premio de la Asociación Mexicana de Críticos por “La ginecomaquia” (1980), Premio Nacional de Literatura Juan Ruiz de Alarcón (2000), Premio Nacional de Ciencias y Artes (2009), hasta la Medalla Bellas Artes en 2017, entre otros.

¿Por qué para usted no es tan importante la trama?

“No hay ninguna gran obra literaria por la trama, la trama es una ingeniosidad, una cosa superficial; la densidad está en los personajes; lo que te hace pensar no es la trama, la trama siempre es artificial, los personajes no; o sea, Lady Macbeth es algo que puedes pensar, ¿cómo se hizo criminal Macbeth?, Macbeth se hace criminal por una cosa que revela lo profundamente que entendía Shakespeare a los seres humanos, por qué una bruja le dice ‘tú vas a ser rey’, y él, que nunca se le había ocurrido nada de eso, no se le podía ir el pensamiento porque le generó una ilusión; ese tipo de cosas en la trama no se pueden hacer, es en la gente, en los personajes.

“Eurípides es un gran autor por las mujeres que creó; nadie en el teatro, ni Shakespeare, creó tantas mujeres tan interesantes, tan humanas, como él, nadie; Eurípides es un repertorio de mujeres apasionadas, contradictorias”.

¿Usted tuvo claro desde “La ginecomaquia” o “Galaor” que “no hay ninguna gran obra literaria por la trama”?

“No, claro que no. En el arte, pensar no sirve de mucho, es decir, el escritor o el pintor se mueve en una especie de niebla en la que intuye cosas, en esas cosas que intuye él debe aprender muchas cosas, pero yo pienso que la principal es ‘qué es lo que yo sé hacer bien, qué es lo que me sale bien cuando estoy escribiendo’; cuando aprendes eso, puedes reproducirlo y puedes mejorar más en el camino; si no sabes ni qué te sale bien ni qué no te sale, no sabes a dónde te mueves.

“Ahora, el escribir no es cuestión de pensar ‘y aquí ya Galaor se va a hacer’, no; sino es de llegar a algo que sea legítimamente tuyo, ésa es toda la cosa; si tú escribes cuento, cuando el cuento es totalmente tuyo, más lejos no puedes llegar, entonces es tuyo, tú lo escribes, y tú no puedes determinar si eso tiene calidad o no. Un escritor nunca va a saber si lo que escribió tiene mérito grande o no, está en la niebla”.

¿Pero en qué momento de su trayectoria como creador descubrió que en su escritura la trama no era tan importante como los personajes?

“Fue ya muy tarde. Casi al final, recientemente digamos, relativamente reciente, no ayer, hace qué sé yo, hace diez años o más. Nadie escribe un libro así: ‘la trama es más importante’. Los peores libros que se escriben se hacen pensando. El artista es alguien que intuye, que tiene imaginación viva y dice: ‘esto sí, esto no’; no sabe por qué”.

 

El juego del arte

El título más reciente de Hugo Hiriart es “El juego del arte” (Tusquets, 2015) donde también refleja su erudición. Se trata de una reedición del título de ensayos contenidos en “Los dientes eran el piano”, publicado en 1999.

El autor contó a ZETA que los ensayos sobre arte y artistas, imaginación o belleza, originalmente fueron escritos mucho antes de que escribiera sus primeras obras de teatro y novelas:

“Yo hacía ensayos, que es lo que vendía. Yo entré a escribir en el Excélsior de Julio Scherer en 1967, y ya no he parado de escribir artículos; pero yo muy de pronto me di cuenta que uno ponía muchas ganas de escribir un artículo, pero ya no servía para nada cuatro días después, porque si el artículo es coyuntural, muere con la coyuntura; entonces dije: ‘yo no quiero eso, yo voy a escribir lo mejor que pueda los artículos pensando en un libro, que los voy a juntar después’. Entonces así fue, y seguí dale y dale, así he hecho muchos libros, que su origen fueron artículos de periodistas, eso hacía en primer lugar, nunca he dejado de hacerlo; luego hacía novelas, y en tercer lugar hacía obras de teatro”.

Uno de los temas que ha ocupado su labor ensayística es la imaginación incluida en “El juego del arte”, ¿por qué?

“Hay dos libros míos que tratan sobre la imaginación; uno es ‘El juego del arte’, que es la imaginación y el arte; ahora, la estética es una disciplina montada en una versión de la imaginación interesante, porque el arte se hace y se aprecia a través de la imaginación.

“Y el otro es ‘Acerca de la naturaleza de los sueños’, porque la imaginación es la que hace los sueños y tú ni cuenta te das, porque el sueño no lo haces tú, el sueño se forma dentro de ti por la imaginación, está hecho con tus recuerdos, si no tuvieras recuerdos no podrías soñar, quizá serían invenciones muy elementales”.

En “El juego del arte” afirma que “el surrealismo caracteriza a nuestra época”…

“Bueno, porque el surrealismo fue un movimiento de conferirle valor a lo irracional, a lo inexplicable, eso en el Siglo XIX no habría podido suceder, porque la gente del Siglo XIX era gente muy racional, y en el Siglo XX empezó a surgir cosas a favor de lo primitivo, lo inacabado, el arte de los niños, el arte de los locos, y entonces ahí se coloca el surrealismo; cuando digo ‘caracteriza’ no quiero decir que sea lo único, sino que es donde se ve mejor esto que te digo de lo irracional, de lo primitivo.

“A principios del Siglo XXI hubo una época de oro en el arte, un siglo de oro, una cosa extraordinaria, pero en vez de que se resucitara Grecia y Roma, el arte de los griegos como en el Renacimiento italiano, aquí lo que resucitó fue el arte primitivo, caso del cubismo influido por el arte africano, entonces empezó pintar las máscaras ésas y por ahí se metió.

“Klee fue el primero que descubrió la maravilla del arte de los niños, y así. Los expresionistas eran como salvajes. Te voy a poner un ejemplo: una persona del Siglo XIX veía las danzas de los apaches dando vueltas, bailando toda la noche, entonces un blanco que se besaba las barbas decía ‘mira los salvajes’, con un desdén, casi como decir ‘son animales’. Y la persona del Siglo XX ve a los apaches bailar así, los envidia, dice ‘ojalá yo pudiera entrar en ese entusiasmo’.

 

“El problema no es el narcotráfico, el problema es la corrupción infinita”

En la entrevista con ZETA, Hugo Hiriart también se refirió al narcotráfico, la corrupción, el Estado, el agonizante sexenio de Enrique Peña Nieto y cómo arribó a la Presidencia de la República:

“Si Enrique Peña Nieto llegó a la Presidencia fue por manipuleos de los priistas, por los gobernadores que son por lo general unas bestias espantosas, deshonestas, idiotas, es tremendo el espectáculo de los gobernadores; entonces los gobernadores se juntaron  y seleccionaron a Peña Nieto para Presidente, no se dieron cuenta que no estaba calificado para ser Presidente, que era una persona que no tenía la preparación suficiente para ser Presidente; no sabía nada de historia, no sabía nada de nada, tenía poca experiencia política, toda ahí en el Estado de México”.

Luego lamentó sobre el Estado en la administración de Enrique Peña Nieto, donde prevalecen dos gobiernos:

“El delito que más le afecta a la gente es el cobro de derecho de piso, no solamente le afecta, sino es la demostración de que hay dos gobiernos: un desgobierno que es el gobernador y el Estado, y un gobierno que es el de los narcos, que ése sí lo cumple, porque si no los matan o les queman la tienda; entonces hay más de 250 mil desplazados, ése es el problema. ¿Has oído hablar a un político o al Presidente Enrique Peña Nieto, al procurador, del cobro del derecho de piso? No existe para ellos, y es espeluznante no solamente porque la gente tiene que irse, sino porque es una constante prueba de que no hay gobierno”.

Y lapidó: “Mientras no se combata de frente y con toda energía la corrupción, no se puede detener ni hacer nada con el narcotráfico; el problema no es el narcotráfico, el problema es la corrupción infinita, de los políticos, de los policías, de los financieros”.

 

Las obras que vienen

Finalmente, Hugo Hiriart adelantó a este Semanario sobre sus próximos libros, luego de “El juego del arte” (Tusquets, 2015).

“Yo quiero acabar una novela policíaca que voy avanzando muy despacio y una novela de la Revolución Mexicana basada un poco en la vida de mi abuelo, Mariano Diez de Urdanivia, que estuvo en la Revolución; él era periodista, se hizo periodista cuando andaba en la Revolución, era carrancista. El viejo Becerra Acosta era amigo suyo, de esa época, que también se hizo periodista así, y entonces me contaba cosas; yo quiero hacer una novela rara que empiece con eso y luego vaya a otras cosas. Yo tenía muchas ganas desde hace mucho tiempo de hacer una novela policíaca porque me gusta muchísimo; de hecho yo soy de los que creen que no hay placer literario más grande que empezar a leer una novela policíaca”.

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