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Cartaz Lunes, 4 Septiembre, 2017 12:00 PM

La existencia es un privilegio. Te tocó ser del placer de la existencia. En medio de millones de posibilidades, te tocó pasar de la esencia a la existencia.

Si tienes fe, dale gracias a Dios que te ama tanto; si no la tienes, dale gracias a la madre naturaleza y respétala.

Si tu madre se hubiera casado con otra persona…otro mejor, peor o semejante, estaría escuchándome otra persona, menos tú.

Pero tú eres único(a) e irrepetible. Sin ti no tiene sentido todo el Universo, el microcosmos y el macrocosmos. Parménides tenía razón: “el hombre es la medida de todas las cosas”. También, el autor de la novela de Gulliver: “el hombre (o ser humano) es un gigante ante los microorganismos y un pigmeo, polvo cósmico ante el Universo”. Pero acuérdate: en el mundo real, el ser humano es la medida de su ideal.

Si ya te tocó existir, ¿por qué te amargas la vida? Vivimos realmente poco tiempo, una tercera parte la pasamos dormidos, otra trabajando y una tercera y última peleando, haciéndonos la existencia imposible.
Acéptate cómo eres y cómo estás. Quien te quiera, que te quiera como eres físicamente, si no, mándalo al diablo, para que no convierta tu vida en un infierno. Sin embargo, también intenta la perfección, porque lo mejor es enemigo de lo peor. Si te mejoras, también lo haces con los tuyos y con tu ambiente.

No sueñes con lo que no puedes llegara ser, sueña con tus posibilidades, con tus potencialidades, tus capacidades y determina firmemente el hacerlas realidad. Hay, por ejemplo, quien sueña con la democracia enajenante, con ser alcalde, gobernador, ser rey, déjalo en su fantasía, tiene derecho, pues aun cuando fuera rey de la tierra, ¿qué es este planeta en comparación con todo el Universo? Algo menos que un átomo. El hombre, en este contexto, no es más que una partícula de polvo cósmico, como dijera el Divino Profeta: “¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si finalmente pierde su espíritu?”

Sé tú mismo (a). Sé original. No imites. Los simios y los niños son los únicos que aprenden por imitación. Por eso, “de la moda lo que acomoda”, como bien dijo la literata Ema Godoy. Es muy real que quien es esclavo de la moda es porque no ha encontrado su propia personalidad.

Sé aquello que pretendes ser. Por eso los filósofos verdaderos insisten en que “todo ser es idéntico a sí mismo”. Tú eres la medida de tu identidad.

No mires los defectos, porque te desanimarás. Mira tus cualidades que son más valiosas. No hay un solo ser inútil si no se lo propone. Todo ser existente tiene una finalidad, una meta por realizar y los medios para obtenerlo. Hay en la naturaleza una profunda teleología. Por eso, la vocación es un conjunto de cualidades o capacidades que tiene un ser humano para realizar su misión, su destino.

Analízate, conócete, verás que hay más cosas positivas en ti. Tus deseos de amar y ser amado (a). Tu físico es una sonrisa. Tu alma renace diariamente. Desarrolla una cualidad y más fácilmente se disimularán tus defectos. Defecto solo es la privación de una cualidad. Las cualidades están en ti, pero no desarrolladas.

Pero ojo, no proyectes en los demás tus propias limitaciones. El marido infiel acusa a su mujer de infidelidad. Vale la pena vivir. Ya estamos en este mundo. “Vale más prender una vela que maldecir la oscuridad”. Cambia pues las actitudes inadecuadas. El pesimismo es la peor de las enfermedades, por ello el cáncer, el sida, la encefalitis equina, etc., no tienen curación, porque son presas del pesimismo. Los enfermos de estos males mueren principalmente de tristeza. Cuando el hilo de la vida se corta, la línea del tiempo ha llegado a su fin. Pero quien sabe vivir dignamente, generalmente sabe morir de la misma forma. La muerte es tan natural como el nacer. Por eso, la actitud ante la vida es tan importante.

El que todo lo ve negro, no debió nacer. No ha aprendido a vivir. Aunque, si bien es cierto, todos tenemos páginas negras en la vida, también recordemos que hay muchísimo de bueno y bello a nuestro alrededor, si no, ¿para quién brillan las estrellas? ¿Para quién canta el ruiseñor y florecen en cada mañana las flores perfumadas y la campiña se viste de color esmeralda y esperanza? ¿Para quién luce el arcoíris sus mejores galas?

Recuerda que todo el Universo no tiene sentido sin ti. Para ti fue creado y es justo y saludable que en las noches claras recuerdes voltear un poco para admirarlo. Las gotas de la lluvia son la esperanza de las espigas de oro que madurarán para el sabroso pan que será para ti y tus hijos.

La diferencia entre el hombre optimista y el pesimista es nada menos que el horizonte que separa el azul del cielo y el verde del mar. El pesimista siente el peso del infinito, le ahoga lo profundo del océano. En cambio, el optimista ve la vida verde-azul. Ha sabido encontrar la hermosura del Autor de la Naturaleza, ha sabido distinguir sus huellas. El optimista nace de la esperanza de alcanzar un bien, una persona, una profesión, un ideal; de abrazar al precioso “más allá”. Un ser humano sin esperanza es un cadáver viviente, la vida para él ha perdido todo sentido, solo le queda la enajenación o el suicidio. Para quien cree en la juventud del espíritu, aun los errores que cometa los toma como una enseñanza y cree firmemente perder una batalla, pero no la guerra por alcanzar sus metas anheladas, que una vez conseguidas, brilla en su corazón la enorme satisfacción del deber cumplido.

 

Lorenzo Hernández M.
Tijuana, B. C.

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