Mamá, ¿por qué no te divorcias de mi papá?

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Opinionez Lunes, 19 Junio, 2017 12:00 PM

Conzultoría Matrimonial y Familiar

 

 

 

Esta expresión la he oído en varias ocasiones de señoras que viven o vivieron un matrimonio inestable, principalmente generado por la violencia por parte de sus maridos y/o parejas, que trasciende mas allá de la propia pareja, puesto que los hijos se dan cuenta de la misma y, generalmente, es alrededor de los 15 años o más, cuando van entendiendo que la madre está sujeta a la violencia de su padre. Llega un momento donde los hijos ya no pueden soportar que la situación continúe así.

Es importante dejar claro que no por eso los hijos dejen de querer a su padre, quizás ya no tanto como si vivieran en una familia “normal”, lo cual es lógico, ya que, en los casos en donde existe violencia contra la madre, la misma se da en otra medida contra los hijos. Estos lo pueden ver como una cosa natural, dado que es su padre el que manda, ordena, dispone y controla todo en la familia. Quiérase o no, tienen que aguantar porque, por otro lado, están indefensos, no habría dónde irse, aun cuando ha habido casos de hijos valientes que se salen de la casa porque ya no pueden seguir soportando esa clase de vida, lo cual no es deseable, pero sucede y no podemos ocultar lo que es una realidad.

Existen mujeres que soportan una vida de violencia y no solo física, sino emocional, sexual o de cualquier índole, pero no toman la decisión de divorciarse o salirse de casa por razones que temen; primeramente que la violencia física llegue a ser más agresiva y las hieran o lleguen a matarlas; por lo menos, hay testimonios en los medios donde algunas madres fueron ante el ministerio público a presentar una denuncia contra su esposo por violencia física y amenazas de muerte, la autoridad ni caso les hace, mucho menos investigan, y con el tiempo, nos damos cuenta que aparecen asesinadas por los maridos. La autoridad se justifica diciendo que fue por razones sentimentales. En otros casos, porque no están preparadas para un trabajo y poder subsistir o el temor de que le quiten a sus hijos, etc., etc.

Cuando un hijo le pregunta a su mamá por qué no se divorcia de su papá, es porque la ven sufrir, ya sea por las heridas que les dejan, por la depresión o el estado de ánimo en que viven; las ven nerviosas, torpes en sus quehaceres, olvidándoseles muchas cosas. En fin, no es algo que se pueda ocultar en el entorno familiar, y todo eso que viven y perciben también los hijos lo sufren y, en alguna forma, piensan que si la madre se divorcia, se acabaría para ellos estos sufrimientos. Bajo esa tesitura, la madre muchas veces se empodera al contar con el apoyo de sus hijos y toma la decisión correcta, porque se tiene derecho a vivir una vida sana y en armonía, no en un infierno en el que estén atrapados.

La violencia se aprende tanto a ejercerla, como a sufrirla. Los hijos, al ver la violencia en contra de la madre, al principio la aprenden, por ser una forma de vida, un patrón de conducta, hasta que se vuelven conscientes del daño que le hacen a la madre. También, cuando sufren violencia por parte del padre, que no es raro en casos donde la madre es violentada, tenderán a repetir el patrón en su vida adulta, lo cual sería incongruente al tratar que la madre se divorcie por ser violentada. Sin embargo, por desgracia, inconscientemente de adulto podrán ser igual que el padre y no porque deseen serlo, sino por haberlo vivido y haber sido “educados” en el entorno familiar en que crecieron. De aquí la importancia de que los hijos, que son testigos de estos malos tratos, reciban terapia para romper este terrible círculo, como en su momento también la madre, si después decide divorciarse.

Gracias, como siempre, a mis dos que tres lectores por sus comentarios, críticas y consultas al e-mail: bautista46@hotmail.com

 

El Licenciado Roberto Bautista López, reside en Tijuana, B.C.

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