La dignidad del pueblo


 
Cartaz Lunes, 12 Junio, 2017 12:00 PM

El Boston Tea Party, inicio de la lucha, nos muestra un pueblo que desea vivir en libertad y justicia, que considera su fe y su porvenir como lo más valioso y precioso de su lucha existencial. La guerra de 1776, de los colonos de las Trece Colonias, fue un modelo de la lucha por la libertad, donde no faltó el heroísmo, la constancia, el sacrificio ni la ayuda de Dios. También demostraron que la guerra por la libertad no resolvía todo.

Arrastrados por los problemas militares y por los juegos políticos, los ganadores instituyeron un sistema novedoso: político, administrativo, legislativo y judicial; hasta llegar a ser unos gobernantes con visión, fe y moralidad. Grecia es a Europa, lo que Europa es al Mundo. Estados Unidos es la suma de ambas, utópicamente hablando, como dice H. Kissinger: “La realidad siempre se impone con el poder a la utopía”.

Cuando los mexicanos nos habíamos acostumbrado a sobrevivir con las “cuentas alegres” contadas por nuestros gobernantes, se presenta un millonario autoritario, jactancioso, fanfarrón y dictador, Trump (me recuerda al ruso Nikita Khrushchev), que tiene los tres poderes: el poder económico, el poder político y el poder religioso, entendiendo su hipocresía como su única religión.

Muchos creen que nada se puede hacer contra un poder tan fuerte. Somos testigos del rechazo ciudadano al gobierno estatal. Gracias a ellos, el pueblo recobra el sentido de su dignidad, luchando por esos derechos sin los cuales no hay hombres ni ciudadanos. El pueblo protestó solo frente a los autoritarios, contaron con sus propias razones y fuerzas, y Dios los ayudó. No hubo partidos políticos.

La historia enseña. Veo la dignidad del pueblo cubano, las luchas y guerras del pueblo de Vietnam, vencedor ante Francia y Estados Unidos, resistiendo a los opresores de “primer mundo”. La dignidad enaltece, satisface y deja ver el problema en su exacta dimensión. No viajar a Estados Unidos, no comprar, no pagar por “cruzar”. Todo tiene un costo, la dignidad enaltece. “La soberanía nacional reside en el pueblo.

 

Rubén Refugio Hernández Soto

Ensenada, B.C.

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