Antonio Gamoneda en la poesía de los años terribles

Fotos: Enrique Mendoza
 
Cultura Lunes, 6 Febrero, 2017 12:15 PM

“Ciertamente la poesía, tanto el creador de la poesía como incluso para el lector, tiene una fuerza de liberación transitoria, no definitiva, pero el sufrimiento se convierte en un objeto de arte que es el poema cuya materia son las palabras, y el arte proporciona un placer”, refiere a ZETA el ganador del Premio Cervantes 2006

Candidato natural en los últimos años al Premio Nobel de Literatura, Antonio Gamoneda Lobón es el gran poeta hispanoparlante que a sus 85 años continúa escribiendo y viajando.

Ganador del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2006 y Premio Cervantes 2006, Gamoneda entregó a Vaso Roto Ediciones en 2016 “La prisión transparente” cuyo poemario vio la luz luego de aproximadamente 40 versiones:

“Yo no doy por terminado ningún poema mío, de todo lo que he dicho. El poema es un organismo vivo porque corresponde a la vida; yo no soy el mismo ni el número de mis células siquiera es el mismo, ni las cerebrales ni las otras, la historia es otra y el contexto humano es otro, se han muerto éstos, han venido a la vida éstos, estoy en otro momento, el poema también”, refirió Antonio Gamoneda en entrevista con Semanario ZETA en una mañana de diciembre en Guadalajara tras más de una década de no visitar México.

El poeta asturiano (Oviedo, 30 de mayo de 1931) recordó que el olvido gira en su obra previa incluso posterior considerando las memorias que prepara relacionadas también con “La prisión transparente”:

“Hay un libro mío, el segundo libro de mis memorias que estoy trabajando en él, se va a titular ‘Atravesando el olvido’, yendo a través del olvido hacia el pasado; incluso, en otro momento hay ya una expresión mía que creo que se recoge en ‘La prisión transparente’, en el cual el editor recoge una frase mía que dice algo así como ‘el recuerdo pertenece al olvido / y el olvido perfecciona al recuerdo’, esto tiene la significación que tiene en términos poéticos no la significación usual”, agregó Gamoneda con un tono de voz pausado para posteriormente rememorar su infancia o los años terribles.

 

“Un lenguaje que no era el lenguaje que hablaban las personas mayores”

La infancia de Antonio Gamoneda vivida durante la Guerra Civil española (1936-1939) fue fundamental en su vocación de poeta al descubrir un lenguaje diferente al de la vida diaria.

Mientras cierra los ojos al hablar, Antonio Gamoneda trae a sus 85 años su niñez:

Antonio Gamoneda

“Fueron tiempos históricamente para España muy difíciles y también para mí aunque no fuera plenamente consciente; fallecido mi padre (Antonio Gamoneda), mi madre (Amelia Lobón), tratando de curar su asma, nos trasladamos en el año 1934 a León, un clima muy distinto al de Asturias, mi Asturias natal, y pensando que si le venía bien pues a ver si mejoraba y luego regresáramos a Asturias, ése era el pensamiento de mi madre, pero apareció la Guerra Civil.

“La Guerra Civil modificó de manera cruel todas las vidas y también la nuestra porque fue cortada toda comunicación entre Asturias y León, Asturias era republicana y León era de los militares sublevados, y allí nos quedamos en la absoluta pobreza; pero, claro, mi madre tuvo que empezar a trabajar con una maquinita pequeña de bordar, aunque no estaba la vida para mucho bordar; ¿y qué ha ocurrido? Que han pasado 80 años y, bueno, allá estoy”.

— ¿Había libros en su entorno familiar cuando era niño durante la Guerra Civil?

“Al menos en mi casa no había libros; España en aquel momento, sobre todo después de que los militares se sublevan, pues las ediciones eran un sueño, no el sueño más necesario pero eran un sueño que no se cumplía nunca.

“Mi relación con la escritura fue a través del único libro que mi madre había trasladado de la biblioteca de mi padre a León, era un libro de poesía titulado ‘Otra más alta vida’ y el autor era mi padre y, claro, en 1936 yo tenía cinco años y yo quería aprender a leer, pero las escuelas estaban cerradas precisamente por la represión de los sublevados sobre los maestros de toda España, y en León, por lo tanto.

“Entonces, yo levanté el libro y preguntando a quien podía fui aprendiendo las letras. Pero, claro, ocurrió un hecho muy particular: y es que al mismo tiempo que yo conocí los signos de la escritura conocí también la influencia de un lenguaje que no era el lenguaje que hablaban las personas mayores en sus relaciones de cada día, sino que era un lenguaje que además poseía unas condiciones muy especiales en el cual las cosas no se decían como en la conversación y que además llevaba consigo ese lenguaje una condición musical infaltable; yo de todo esto me di cuenta muy elementalmente, pero me di cuenta, y yo creo que eso me dejó marcado”.

—Al descubrir que el lenguaje de la poesía no era el mismo que el cotidiano, ¿cómo empezó a escribir?

“Además, estaba, en cierto modo, la inquietud que me proporcionaba el hecho de que mi padre hubiera sido poeta; mi madre a veces me hablaba de ello, claro; total que desde entonces yo tuve conmigo un discurso hacia la poesía, inicialmente la lectura pero sí muy pronto, poco más que un niño todavía, pues empecé a intentar construir poemas sencillos.

“El primer poema que pudiera llamarse poema, pues quizá a los 13 años, posiblemente, intenté construir algún poema, no conservo nada de eso, claro; pero no hace mucho, habían pasado 70 años, y yo tenía un amigo muy querido, yo le había regalado un libro, ese libro que no era mío en el sentido de ser yo autor del libro, se lo dediqué y ahí también hay un soneto escrito en la página, no está bien hecho, no lo sabía y me lo enseñó ese amigo hace un año o dos. El poema más antiguo mío y que se ha publicado es de 1947, es el primero que figura en mi ‘Poesía reunida’, en mi poesía total; tenía 16 años”.

— ¿Qué era lo que le llamaba la atención en sus primeras lecturas de poesía?

“Era la rítmica de la poesía la que más me hechizó”.

 

Cuando los años terribles

La poesía de Antonio Gamoneda ocupa un lugar imprescindible en la historia de la literatura universal. Autor de “Descripción de la mentira” (Provincia, 1977; Abada, 2003), “Lápidas” (Abada, 1987), “Libro del frío” (Siruela, 1992), “El cuerpo de los símbolos” (Huerga y Fierro Editores, 1997), “Arden las pérdidas” (Tusquets, 2003), “Cecilia y otros poemas” (Fondo de Cultura Económica/Universidad de Alcalá, 2007), entre otros, en la obra de Antonio Gamoneda vive el horror y sublimación de la Guerra Civil española y el franquismo.

— ¿Por qué en “El cuerpo de los símbolos” refiere que la “experiencia estética era inseparable del sufrimiento”?

“Porque históricamente fue así; yo nací y fui niño en esos años terribles de España y después me acompañó la pobreza, me acompañó también la amenaza de los dictadores españoles; yo, cuando ya fui siendo un muchacho un poco mayor, pues lógicamente lo que correspondía hacer era estar de alguna manera en una forma de resistencia ante el régimen opresor; claro, todo esto es una historia dura; y sin embargo yo estoy en la creación de unos objetos estéticos que son inseparables, es lo que tengo en la vida, son las dos cosas, y no puedo hacer compartimentos tanto para ellos, ni quiero. La poesía ahora de la vida no tiene interés; a mí la poesía como ornamento no me interesa”.

—En su obra en general pulula el horror de la Guerra Civil y el franquismo…

“Sí, sin duda; no para mí solo, claro, para todos los españoles, eran años en que el crimen, la violencia, el asesinato de todas las noches, bueno, de los campos de batalla, es decir, los pistoleros del franquismo iban recorriendo y sacaban a los hombres por la madrugada y, claro, ¿qué ocurre? Ocurre que esto realmente se constituyó en una normalidad, el crimen era normal, entonces históricamente mi infancia podría resumirse en eso: un chiquillo que vivió la visión, incluso muy real, del crimen constituido en una normalidad, así fue; claro, todo eso condiciona ya no mi escritura sino mi pensamiento, hasta mis 85 años”.

— ¿Por qué la poesía es capaz de sublimar incluso el horror de las guerras habidas y por haber?

“Ciertamente la poesía, tanto el creador de la poesía como incluso para el lector, tiene una fuerza de liberación transitoria, no definitiva, pero el sufrimiento se convierte en un objeto de arte que es el poema cuya materia son las palabras, y el arte proporciona un placer.

“Entonces, es paradójico, pero es cierto que acudiendo incluso a los poemas más desoladores de la historia de la poesía, por ejemplo, a las coplas de Jorge Manrique a la muerte de su padre; el tema cuajado en la tristeza, incluso en el horror, se transfigura no en una cosa buena y benéfica, pero se incorpora al cuerpo en un objeto de arte nuevo.

“Esto no es privativo de la poesía, está en todas las artes porque, claro, en el resto de las zonas literarias ocurre otro tanto, la narración horrible se escribe para construir una forma de escritura que proporciona placer; o en la escultura, sea religiosa o no, hay representaciones del sufrimiento más atroz; por ejemplo, en la escultura religiosa dedicada a las representaciones de la Pasión de Cristo, pero, sin embargo, nos acercamos a ellos como a un objeto bello que nos va a proporcionar algo que es bueno para nosotros, nos va a reconfortar de alguna manera, no va a volatilizar el hecho horrible pero lo va a configurar en otro orden, en orden estético.

“Bueno, esto no es nada nuevo, ya Aristóteles, por ejemplo, al hablar de la tragedia decía que ‘no debe buscarse en la tragedia otro placer sino aquel que le es propio al estar ligada a los hechos terribles’”.

 

“La poesía es otro lenguaje”

Antonio Gamoneda es la voz a la que hay que recurrir al hablar de poesía. Así llega el momento de preguntarle:

— ¿Ha llegado Usted a alguna conclusión sobre qué es la poesía?

“Todavía no lo ha dicho nadie, qué es la poesía, pero sí hay magníficas aproximaciones; por ejemplo, San Juan de la Cruz, pues una de las aproximaciones más fuertes, más luminosas, aunque él no lo sabía, lo dijo tan bien, es cuando habla de un no saber sabiendo, nos está hablando de otra forma de conocimiento, de otra forma de pensamiento; la poesía es otro lenguaje y a su vez es otro pensamiento, que a su vez es otro conocimiento, que no podemos poner en términos de igualdad con el lenguaje, el pensamiento y el conocimiento que usamos para la vida, la ciencia, para la convivencia; es vida, es convivencia, es ciencia, pero lo es en otro espacio”.

— ¿Por qué cuando lee uno su poesía no se percibe un español tal como el de la vida cotidiana de España sino que pareciera un castellano universal?

“Yo no tengo pretensiones de hablar una lengua de manera especialmente universal o amplia, pero la voluntad selectiva de uso de la palabra con una semántica y posibilidad de representación y de significación que no son las mismas que existen en el lenguaje coloquial de todos los días, quizá es esa capitulación de la palabra que le proporciona esas dimensiones que me está diciendo, por lo menos las sugiere”.

— ¿Cuál sería el debate que Usted propone en cuanto a la poesía contemporánea?

“Sí, algo tengo que decir, creo que he interpretado la pregunta: Creo que en la poesía contemporánea, y al hablar así hablo de la segunda mitad del siglo XX hasta acá y no solo en España sino también fuera de nuestra lengua, hay una voluntad de que la poesía se ocupe de temas sociales y políticos; creo que hay un error en eso, porque la poesía indirectamente sí puede hacer algo en el terreno social y político, pero muy indirectamente; quizá importante, pero indirecto.

“Directamente la poesía no puede modificar las estructuras sociales ni actuar sobre nada de esto, y tiene además el inconveniente de que los poetas que se inclinan a hacer un discurso de tipo social y político, utilizan el mismo realismo que se utiliza en artículos periodísticos, el manifiesto, el mitin; ¿por qué? Porque están saliéndose de la poesía que tiene su lenguaje otro, tiene sus funciones otras. Esta inclinación de ocuparse temáticamente de estos aspectos y a recoger el mismo lenguaje con que la vida diaria se trata en estos aspectos daña la calidad de la poesía.

“Ahora bien, ¿significa esto que la poesía tiene que desentenderse de los aspectos sociales y políticos? No. Si la poesía no tiene que ver íntimamente con la vida, no interesa. Entonces, lo que la poesía puede hacer, ocupándose con cualquier lenguaje, con cualquier tema, cualquier cosa, aunque esté hablando de un árbol esa poesía está intensificando la sensibilidad tanto de quien la está creando como de quien la va a recibir y esa intensificación de la sensibilidad es al mismo tiempo una intensificación de la conciencia”.

“Entonces, un ser humano con una sensibilidad y una conciencia intensificada está, por decirlo así, en mejor situación, más inclinado a actuar sobre los problemas objetivos de la vida: sobre el crimen, la opresión, la dictadura, las democracias falsificadas, las presiones económicas, la pobreza; pero hay zonas que temáticamente ir a ella es un error, porque ya está ocupada por la propia actividad ciudadana y política, como dije antes, por el artículo periodístico, por el manifiesto, por el discurso, ¡hasta por el público si me apuras!”.

—Finalmente, ¿prepara actualmente una nueva edición de su “Esta luz / Poesía reunida” (Galaxia Gutenberg, 2004)?

“Sí, yo tengo mi libro de ‘Poesía reunida’ lleno de anotaciones marginales que modifican, para otra edición, el poema. Tengo que incorporar tres o cuatro libros, pero ya llevo más años de la cuenta de retraso en darle al editor la obra actualizada, voy muy retrasado; me doy cuenta de que mi vida también está llena en zonas en las que no queda mucho tiempo, y ese trabajo está quedando; a ver si un día me decido y pongo en marcha todo esto”.

— ¿En 2017?

“No lo puedo asegurar”.

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