¿A quién le sirve el pacifismo?


 
Cartaz Lunes, 13 Febrero, 2017 12:00 PM

“El poder político de la burguesía, hablando propiamente, es la violencia organizada de la clase capitalista, para la opresión de la clase obrera”. (Carlos Marx, del libro “El Capital”)

 

¿Qué significa el pacifismo en política? El pacifismo no es más que atar de pies y manos, y amordazar al pueblo.

Es el pacifismo una herramienta que encadena a las masas populares. Es la ideología reaccionaria burguesa trasplantada a las masas, pero que florece y echa raíces, principalmente entre la pequeña burguesía.

El pacifismo es completamente pernicioso en la lucha contra los opresores. Un pueblo maniatado está incapacitado para arremeter con audacia contra sus enemigos y derrotarlos.

Los del partido Morena, del charlatán Andrés Manuel López Orador “AMLO”, son enemigos del proletariado y de las masas misérrimas. Sus gritos de “No a la violencia, no a la violencia”, aullidos que son magnificados por los altavoces (tv, radio, etcétera) de la burguesía, tratan de mantener en la sumisión a los pobres.

Preconizar “No a la violencia”, cuando la dictadura, el enemigo burgués se encuentra armado hasta los dientes, es un crimen.

Es AMLO un verdadero agente de la reacción burguesa. Para este merolico no hay mejor sociedad que la actual sociedad burguesa. La cual, él asegura, remozará una vez que se apoltrone en el poder.

Un pueblo esclavizado jamás se ha liberado de sus explotadores a través de la lucha pacífica. Nunca.

Los pacifistas monacales deben de ser expulsados de toda lucha democrática y revolucionaria. Ellos con sus prédicas franciscanas hincan de rodillas a las masas para que los mastines militares-policíacos arremetan a mansalva.

Son los pacifistas unos miserables que tratan a todo trance de sofocar la lucha, de apaciguar los ánimos exaltados. De atenazar el descontento popular.

Sus alaridos de “provocación”, de “infiltrados”, “vándalos”, etcétera, etcétera, son epítetos que utilizan para denigrar a los mejores hijos del pueblo, con esos adjetivos peyorativos tratan de que las masas atrasadas no sigan a los valerosos que no se someten.

Los verdaderos provocadores o infiltrados son ellos, los malditos pacifistas, quienes le colocan una camisa de fuerza al Movimiento. Son los pacifistas (más bien decir sofocadores) verdaderos agentes de la burguesía en el seno del movimiento popular.

Los más violentos, los peores torturadores y asesinos se encuentran en el gobierno. Son los mastines policíaco-militares sanguinarias fieras.

Gandhi, Luther King, Mandela y otros despreciables pacifistas son puestos como ejemplo por la reacción internacional que aconseja a los pueblos seguir sus pasos para liberarse de sus opresores. Ésa es la razón por la cual todos los todopoderosos ricachones almibaran a esos esperpentos. Son Gandhi, Mandela, etcétera, etcétera, íconos sagrados de la burguesía.

¡Al diablo con Gandhi y demás estranguladores del descontento popular!

La burguesía reaccionaria los pone de ejemplo a nivel internacional porque ellos fueron el “rostro humano” del colonialismo. Estos miserables apaciguadores le sacaron las castañas del fuego al imperialismo anglo-norteamericano.

El pacifismo reaccionario ata a las masas y ahoga las insurrecciones populares. El pacifismo, como el que actualmente sermonea el “amoroso” y reaccionario López Obrador, no debe tener cabida en el movimiento revolucionario. El pacifismo debe ser aplastado.

Solo la violencia revolucionaria libera a los pueblos.

“La violencia crea más violencia”, predican los explotadores. Tratando de asustar a las masas atrasadas. La verdad –y la historia lo ha comprobado– es que pueblo que no se insurrecciona es pueblo que permanece sometido.

Para los pacifistas las grandes enseñanzas de Morelos, de Ricardo Flores Magón, de Emiliano Zapata, de Lucio Cabañas son enseñanzas obsoletas las cuales no encajan en la actual sociedad “moderna”. Y como una vaca que rumia, repiten y repiten “la violencia crea más violencia”.

Para los revolucionarios de la clase obrera está claro como la luz del mediodía, solo la violencia revolucionaria libera a los pueblos. Solamente la violencia revolucionaria de millones de obreros esclavizados y de masas pobres puede oponerse a la violencia reaccionaria.

Solo a través de la violencia revolucionaria es posible aplastar a los capitalistas que explotan a la clase trabajadora.

La conclusión es manifiesta: Si el movimiento revolucionario no quita de en medio a López Obrador y a su Partido morena y a otros de igual pelaje, la lucha de liberación no avanzará.

AMLO es un estorbo ad hoc, una muralla para proteger a la burguesía explotadora.

Deber de todo verdadero patriota, hombre democrático revolucionario, es aplastar al charlatán López Obrador y compinches e incendiar sus reaccionarias cuevas partidistas. No hacerlo es permitir que este repugnante ex priista siga con su reaccionaria labor de atar de pies y manos a la clase proletaria para que los verdugos asesten el hachazo sobre seguro.

Mil veces sean malditos los pacifistas monacales. Mil veces malditos sean los del Partido morena y cofrades. Contra la violencia reaccionaria, la violencia revolucionaria.

 

Javier Antuna

Tijuana, B. C.

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