¿Vale la pena?

Foto: Tomada de Internet
 
Opinionez Lunes, 21 Noviembre, 2016 12:00 PM

En el año 2008 la población de Tijuana se redujo temporalmente. La guerra entre las bandas del crimen organizado y la agresividad de éstas en contra de la población en general, dejaron cientos de víctimas mortales y de desaparecidos. Por otra parte, muchos tijuanenses se fueron de la ciudad, buscando escapar de la violencia sin freno. Asimismo, la mala publicidad ahuyentó a inversionistas y visitantes.

Ante esa devastante imagen, para la población quedaban pocas opciones a escoger, como lo era en primer término, ser blanco constante de los delincuentes, viviendo aterrorizados por los asesinatos, los secuestros y los robos con violencia en restaurantes, calles, cajeros y por doquier. Padres y madres de los muertos y desaparecidos recargaban pesadamente sus doloridos codos en las barandillas clamando al menos saber dónde encontrar los restos de los descuartizados, decapitados, o desechos en ácido.

El comercio floreció…. el de drogas, armas, funerarias, florerías, hospitales, escoltas, alarmas, cercos electrificados y autos blindados.

Como si se tratara de un estado de sitio, las autoridades confesaban su incapacidad brindando tan solo “rutas seguras” para ciertos ejecutivos extranjeros o para políticos.

En lugar de construir áreas de esparcimiento público, el gobierno hacía “andadores seguros”, para que los estudiantes y sus aterrorizadas madres pudieran transitar a las escuelas.

Tal como se “vive” en países en medio de la guerra, la población tenía “toque de queda”, autoimpuesto por la ciudadanía, pero recomendado por las corporaciones policíacas y por funcionarios que en corto manifestaban su impotencia para al menos frenar la pesadilla de todos los días y en especial de las noches.

Despreciando los programas preventivos, hubo secretarios de seguridad que retiraron recursos humanos, económicos y hasta por completo la dirección de prevención del delito y participación ciudadana, ofreciendo tan solo su limitada y dictatorial estrategia que consistía en paulatinamente, con una lentitud desesperante para la población, ir poco a poco, por medio de la fuerza radical, pero obviamente sin acompañamiento social para pasar por sobre los derechos humanos, tomar control de determinadas zonas geográficas de la ciudad, a base de mantener atemorizados a los ciudadanos, cambiando tan solo el control del terror; en unas zonas lo tenía la delincuencia organizada y en otras el miedo sembrado por las autoridades, apostando a que esa teoría científica del miedo se combinara con el síndrome de Estocolmo y les asegurara continuidad en el poder que hasta en héroes los podía convertir.

Pero en medio de esa zozobra, había otra opción, poco probable, consistente en que un puñado de ciudadanos lucharan contra la apatía y los titubeos ciudadanos, que sumados a la corrupción y la ineficiencia gubernamental, precisamente habían provocado la terrible realidad que vivían.

Con una decisión que acallaba la voz de la razón propia y de los cercanos advirtiendo el peligro mortal de emprender esa lucha -preguntando si ello valía la pena ante la improbable victoria-, la tenacidad de unos cuantos finalmente se impuso y se logró que se despertara la “voluntad política” y en una inédita unión de la sociedad y el gobierno se desterrara de las corporaciones y de las calles al hampa, recobrándose la paz.

Ocho años después, ahora, en el 2016, por razones que ya ampliamente comentamos en diversos medios, la seguridad en Tijuana se encuentra nuevamente en estado lamentable y una vez más, unos cuantos exigen orden -pero proponiendo soluciones-, sin embargo, la división, la apatía y la falta de solidaridad se presentan principalmente como los primeros enemigos a vencer.

Aun así, sin desfallecer, quienes estamos convencidos de que el trabajo en conjunto es la solución, estamos invirtiendo nuestra salud, tiempo y optimismo en el potencial que tiene la sociedad y en la esperanza de que no seremos víctimas de una corta memoria.

Todo es cuestión de preguntarse una vez más, ¿vale la pena?

 

Alberto Sandoval es Coordinador de Alianza Civil, A.C. Correo: [email protected] Internet: www.AlianzaCivil.Org Facebook: AlianzaCivil Twitter: @AlSandoval

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