Sounds of music

Foto: Cortesía/Un clásico muy diferente
 
Espectáculoz Lunes, 21 Noviembre, 2016 12:00 PM

Junto a estupendas propuestas de teatro musical en Broadway que exploran otros géneros como el rap -en el caso del éxito rotundo de “Hamilton”- o incluso el rock con “American Idiot”, de Green Day, siempre es grato volver a lo clásico. Sobre todo cuando se trata de regresar a “The Sound of Music”, de Rogers y Hammerstein, en su 50 aniversario.

Esto es lo que Broadway San Diego ofrece hasta el domingo 19 de noviembre, gracias a la gira nacional que por estos días ha llegado al Teatro Civic como parte de la temporada 2016-2017.

Dirigida por Jack O’Brien, se recrea espléndidamente la historia de la familia Von Trapp y la novicia María, que es enviada a cuidar a los siete hijos de un capitán de la naval que ha quedado viudo, ama su país, Austria, y repudia la llegada del III Reich.

De pronto el contexto se siente contemporáneo y en gran medida hay que aplaudir el trabajo en dirección por enriquecer con sutilezas el enrarecido ambiente que provoca la oleada del nazismo en Europa y los efectos en una familia que es emblemática en la medida en que su caso fue verídico.

De vuelta al musical, con un elenco integrado por las voces más selectas, todo se vuelve armonía desde el convento hasta la casa de los Von Trapp al pie de la montaña. Es de admirarse el trabajo de escenografía de Douglas Schmidt, lo mismo se debe decir del vestuario de Jane Greenwood, entre tantos aspectos técnicos que permiten adentrarse en la obra.

Los temas son ya inmortales: “My Favorite Things”, “Do Re Mi”, “The Lonely Goatherd”, “Climb Every Mountain”, “The Sound of Music”, “So Long, Farewell” resuenan con voces perfectamente armonizadas de los niños al lado de Kerstin Anderson, una María simplemente perfecta, y de Ben Davis como el capitán Von Trapp.

También quedan muy en la memoria las participaciones de Melody Betts en el rol de la madre superiora, Teri Hansen como la baronesa Elsa Schraeder, Merwin Foard como el Tío Max y el joven Austin Colby como el pretendiente de la hija mayor de la familia.

En el fondo tenemos una vez más la prueba del arte como puerta de salida para las crisis existenciales que no solo sacan al individuo de su centro; también son capaces de desarrollarse en el seno de una sociedad hasta corromperla, como sucedió con Alemania en la antesala de la Segunda Guerra Mundial.

Al final, la sensación de que el pasado no quedó del todo resuelto se vuelve latente, aun con la música que trasciende en esta magnífica puesta en escena, tan distinta a todas las versiones que seguramente todos hemos visto alguna vez.

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