La encrucijada económica de México


 
Negocioz Lunes, 5 Septiembre, 2016 12:00 PM

Dos calificaciones confirman el golpeado escenario económico del país. Durante la semana, Moody’s pasó de estable a negativa la perspectiva sobre la solvencia del sistema bancario mexicano, ante la posibilidad de que los préstamos en riesgo sigan al alza por la débil actividad económica.

Aparejada de una desaceleración económica, la presión fiscal enfrentada por el gobierno puede disminuir su capacidad para auxiliar a la banca en periodos de presión financiera.

En el segundo trimestre de 2016, la economía mexicana tuvo una caída luego de 11 trimestres consecutivos de crecimiento. El decrecimiento fue de 0.2% respecto al registrado entre enero y marzo previos.

Según Moody’s, el Producto Interno Bruto crecerá 2.5% en 2016 y en 2017.  Sin embargo, aun con el crecimiento económico deprimido el crédito aumenta y se espera que la cartera vencida suba el año entrante.

“La combinación de bajos precios del petróleo, el incremento de las tasas de interés, la fuerte depreciación del peso y el crecimiento menor al esperado de Estados Unidos, que es el principal socio comercial de México, han afectado las expectativas de un mejor desempeño económico e inclinaron la balanza de riesgos y oportunidades para el sistema bancario al lado negativo”, cita un despacho de la firma.

En tanto que la otra consideración vino de S&P Global Ratings, que revisó a negativa de estable la perspectiva de las calificaciones de largo plazo de México.

Acotó que la perspectiva de las calificaciones en escala global refleja la posibilidad de que baje la calificación en los próximos 24 meses si el nivel de deuda del gobierno general o la carga de intereses presenta un deterioro superior, aumentado con ello la vulnerabilidad de las finanzas públicas de México ante los shocks adversos.

Un despacho de S&P Global Ratings menciona que la deuda neta del gobierno fue 42% del PIB en 2015, y se espera llegue a 45% en 2016 y se acerque a 48% entre 2018-2019.

Ante tal escenario, el economista Jorge Fonseca expuso que la economía mexicana se ha deteriorado desde la caída del precio del petróleo. Hace dos años la mezcla mexicana del crudo se ubicaba en 90.80 dólares por barril; ahora oscila por debajo de 40 dólares, lo que trajo una presión importante en las finanzas del país, y por ende, la confianza de los inversionistas ha ido en declive.

En tanto que las reservas internacionales de México no son la excepción. Se ubicaron en 196 millones de dólares el 30 de enero de 2015. En 18 meses se contrajeron a 176 mil 348 millones de dólares, a lo anterior se suma la devaluación de la moneda mexicana en un 40% si se toma como referencia agosto de 2014, cuando el dólar estaba en 13.09 pesos por unidad, para cerrar agosto de 2016 en 18.87 pesos.

El consultado recordó que Enrique Peña Nieto tuvo la oportunidad de transformar al país, con los consensos alcanzados en el Congreso de la Unión, lamentablemente la mala implementación y la lenta respuesta ante los cambios de la economía global, el país se encuentra en una encrucijada económica por la contracción del PIB.

“Llega la mención de Moody’s donde modifica la calificación del sistema financiero mexicano de estable a negativo, donde menciona un incremento de exposición de la banca a instrumentos riesgo; en pocas palabras, la agencia calificadora descobija a la banca nacional al hacer un señalamiento de que en una eventualidad del deterioro mayor de algunos de los indicadores antes mencionados, el gobierno se verá imposibilitado para continuar financiando sus operaciones. Por otro lado, S&P Global Ratings puso a revisión la calificación negativa porque la deuda casi llega al 50% del PIB”.

Ambas situaciones, agregó, son el preludio de una inminente recesión, mientras que todas las economías del mundo, prosperan gracias a la confianza de los inversionistas, que a su vez dependen de la confianza de los consumidores.

“Pero cuando las políticas fiscales en una economía como la mexicana son extractivas en lugar de ser distributivas, se sufre una pérdida del poder adquisitivo continuo, se encarece el pago de los compromisos financieros como hipotecas, crédito automotriz y/o tarjeta de crédito, aun si el consumidor cuenta con una fuente de ingresos estable, el consumidor eventualmente contraerá el gasto en búsqueda de hacer frente a sus compromisos adquiridos; es ahí, en esa contracción, donde se origina una “recesión económica”, finalizó Fonseca.

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