El tequila de Hank puso de buenas a Beltrones

FOTOS: Isai Lara
 
Cuentahiloz Lunes, 18 Abril, 2016 01:00 PM

Ya con unas copas encima -pocos, si no es que nadie salió sobrio esa noche del 12 de abril-, Manlio Fabio Beltrones Rivera, líder nacional del Partido Revolucionario Institucional, terminó de dar un discurso priista de ánimo presidencial. Al terminar escupió estas palabras ante las 300 personas reunidas en la azotea del Edificio Cosmopolitan, propiedad de David Saúl Guakil, construida encima del noveno piso. Con el envase de vidrio en mano, Beltrones pronunció: “Y luego dicen que el tequila de Hank no hace daño, a mí me pone de buenas. ¡Salud!”. Y la respuesta de sus simpatizantes fue el eco ahogado de su última palabra.

En lugar de cena, fue un bacanal. Excesos. Las botellas secas de vaciadas y no de vacías, y las botanas junto a la comida quedaron casi intactas sobre las mesas de manteles blancos. Las pocas mujeres, sobre arregladas y risueñas, se perdieron entre los bríos priistas que se dejaron marear con licor y risas.

En la mesa principal: Chris López, Jorge Astiazarán, René Mendívil, César Moreno, Carlos Mora, Humberto Jaramillo -presidente del CCE-, Miguel Ángel Badiola -titular de CANIRAC-, entre otros empresarios.

Los ricos entre los ricos ahí presentes: Ignacio Fimbres, Rafael Carrillo Barrón, Jorge Kuri, José Galicot y Salomón Cohen.

Entre las peticiones de Beltrones estuvo el no sentar en su mesa ni a Hank ni a Bustamante, quienes libran una pelea pública por el casino Arenia (clausurado por el gobierno municipal) pero, a versión del ex presidente municipal de Tijuana, por órdenes del zar de los casinos, ambos ahí presentes.

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Carlos Bustamante y Enrique Pelayo, ex alcaldes de Tijuana y Ensenada, en una mesa. Al extremo y al fondo, Jorge Hank Rhon con su escolta Antonio Vera Palestina, condenado por el asesinato de Héctor Félix Miranda -cofundador de ZETA-, Mario Madrigal, entre otros.

Fernanda Padilla, hermana del ex secretario del Ayuntamiento, Bernardo Padilla, hoy candidato a diputado (por cierto ausente), estuvo en la mesa de los empresarios.

Beltrones tomó el micrófono y caminó entre las mesas.

No podían faltar las  exuberantes botellas rojas de Hank, en forma de pene, distribuidas junto a caballitos de tequila por casi todas las mesas, a los invitados de la mesa principal, su trago a cada uno.

“Hoy que vengo a Tijuana y veo campañas, no me imagino a un presidente municipal que simplemente en tres años esté pensando si asalta o tira concreto hidráulico en algún lugar”, expresaría Manlio Fabio.

Frente a los empresarios, Beltrones quiso convencer del bienestar en el que México no está: “Aunque la sensación de algunos sea distinta”, dijo, se está en la oportunidad “de construir ese avance de prosperidad y constancia”.

Hasta tropezando con sus palabras, el dirigente nacional del PRI remató: “Hay algo que quizá no ha cambiado y es una cultura en ciertos lugares, de la negación, y eso a veces nos hace a nosotros retroceder”.

No importó la altura y que fuera al aire libre la liturgia, el olor de los embriagados políticos era más fuerte que el perfume de las mujeres que desesperadas, pedían fotos con el líder nacional.

Entonado, Beltrones declaró a los siete vientos: “Cómo poder negar que esta ciudad tiene un crecimiento espectacular y ha creado sus propias oportunidades”. Pues no, cómo negarlo frente a los dos últimos -pero peleados- alcaldes priistas.

“Y luego dicen que el tequila de Hank no hace daño…”.

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