El Camino Real de las Californias


 
Cartaz Lunes, 25 Abril, 2016 12:00 PM

Vox populi, vox Dei

En esta otra ocasional vez que les escribo, lo hago como una participación de cultura e interés público. Como tijuanense, bajacaliforniano, mexicano, con la bondad de tener carrera, haber sido catedrático, y hoy además intérprete y traductor de español e inglés por la Judicatura del Estado, esta última actividad generosamente me permite ir a conferencias o congresos y ponencias, de diversas índoles.

Precisamente realizando esta labor de interpretación acabo de estar en Tecate los recientes días 12 y 13 de abril en curso, donde está su Centro Comunitario, con un Museo Kumiai y Casa de la Cultura, en donde se llevó a cabo una reunión de una asociación civil, denominada CAREM, en que hubo participantes de  Baja California Sur, Baja California y (Alta) California, EU.

Con ciudadanos universitarios y delegados de secretarías de EU y México, catedráticos e investigadores, entre ellos antropólogos, arqueólogos, historiadores, etnógrafos, geógrafos, lingüistas e investigadores de otras disciplinas afines para promover el estudio desde Los Cabos, al sur de la península, hasta San Francisco, California y desde las costas del Pacífico al Mar de Cortés (o Golfo de California), hasta por Arizona-Sonora. Más aún para la preservación y conservación de los tesoros –como pinturas rupestres de hace miles de años de los antepasados kumiai, paipai, cochimíes que aún sobreviven– que tenemos en nuestra propia patria chica (como al sur del país las pirámides de Uxmal, Teotihuacán o Monte Albán) por mencionar tan solo un detalle.

Don Hernán Cortés llegó desde la mar para explorar en 1527. Luego para 1697 se asentaron definitivamente los frailes jesuitas en Loreto y un siglo después en 1769 Fray Junípero Serra y los misioneros franciscanos llegaron a San Miguel en Alta California (hoy San Diego), bajando por nuestras hoy Tijuana y Ensenada hasta La Paz o yendo a San Francisco y Oregón. Los investigadores, historiadores, arqueólogos y otros conferencistas expusieron y explicaron que, una vez establecidos se comunicaban principalmente en barcos de vela, pero –interesantísimo– por tierra a base de usar guías indígenas fueron llevados por los caminos, veredas y senderos que ellos conocían desde tiempos inmemoriales por una ruta que siguieron, para no morirse de sed y deshidratación, obedeciendo y buscando los riachuelos, vergeles u oasis que hubiera, y (en base a las usanzas de España renacentista y colonial de Nueva España) se le ha llamado el Camino Real de las Californias.

Para mí fue muy interesante, ilustrativa y entretenida la información histórica, arqueológica, costumbrista, étnica y más, aunada al interés por estudiar y que se conozca de estos tesoros y –muy importante– enfatizando los expositores participantes por que se protejan, dado que en Baja California y más aún en Tijuana, tanta gente viene y ha venido de fuera sin conocer, al buscar primeramente el sustento y la supervivencia laboral y económica –y en ocasiones sin devolverle cariño a nuestro terruño– que penosamente han dañado e incluso derruido algunos.
Ojalá más ciudadanos y grupos cívicos, aunados con académicos o servidores públicos se interesen por conocer, promover, cuidar y proteger el acervo de los tesoros ambientales, de biodiversidad, flora y fauna, en especies marinas, acuáticas, silvestres, o como los comunales de restos de misiones, rancherías y de cultura en arte rupestre de las sobrevivientes comunidades auténticas de kumiai y otras, en fin, que tenemos en nuestra propia casa en la península y su continuidad al norte de la frontera.

En el trabajo que hacen por el proyecto buscan incluso reconocimiento de la Unesco, como agencia de las Naciones Unidas, para que el Camino Real de las Californias se nos acredite como patrimonio natural y cultural.

Bien lo vale. Amablemente.

 

José Luis Haupt Gómez

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