Spotlight (Segunda y última parte)


 
Opinionez Lunes, 28 Marzo, 2016 12:00 PM
  1. Los sacerdotes que están en esta perversión pederasta, calculan sus objetivos y selecciona a sus víctimas y aquí cuidado con sus hijos e hijas. Escogen a sus presas en familias en crisis, funcionariales, desintegradas, planifican el crimen en familias sin padre, con madres o padres muy ocupados, divorciados, enfermos, alcohólicos, drogadictos, con una situación de carencias afectivas que sin resistencia o restricciones los arrollan física, mental y espiritualmente. Al grado que muchas víctimas se suicidan y pocos sobreviven al asesinato de miles de almas.
  2. Este sector que viola con la sotana y el crucifijo por sus ligas al sistema del poder político, nunca se le ha castigado ejemplarmente. El establishment seguirá protegiendo estos abusos criminales desde las altas esferas como si nada pasara. Y en esto los partidos, la Suprema Corte de Justicia, los gobernadores, los jueces, los ministerios públicos, los líderes de todos los colores por no perder votos o elecciones, cobardemente callan este complicado tema como si hubiera santidad en esa red criminal de pederastia: pecan de acción y de omisión.
  3. Y no solo se debe mirar a las iglesias de todo el espectro, sino también al sector educativo de todos los niveles, pues ahí también hay un gran tema de abusos y podredumbre, silencio, protección impunidad y continuidad. Quizás en el acoso laboral tengan más defensa las mujeres por su edad. ¿Pero con los niños, quién los defiende si los padres por su condición social desprotegida la ley y las autoridades y la sociedad los abandonaron?
  4. Los sacerdotes, en particular los enfermos y la iglesia como ente político de control social que es, saben que se mueven en una sociedad en crisis, en shock, desestabilizada, atribulada por los golpes de la pobreza, desigualdad y miseria moral del sistema político, educativo y de justicia. Saben que se mueven en una sociedad desorganizada, desinformada, agachada, deprimida, obesa para reaccionar, que se deja que la atropellen sin rebelarse masivamente hasta hoy.
  5. Pero la lección es que los padres de familia, las organizaciones de derechos humanos, los medios de comunicación, el sistema de justicia y por presión y movilización social, la misma jerarquía clerical de manera auto-crítica u obligada, deberían tomar en cuenta que debemos de  asimilar esta realidad dolorosa, con la demanda de un cambio profundo. Ser preventivos en este tema, los legisladores deben de resolver castigar estos hechos que son pan de cada día en nuestra comunidad con leyes draconianas a ese 6% o quizás más de criminales con crucifijo en una mano y su enfermedad destructiva de vidas en la otra.
  6. Claro que hay un sector del clero consciente, progresista, responsable, escrupuloso, comprometido y consecuente que trabaja desde adentro por rectificar esta red de delincuencia organizada y protegida, pero es débil, por desgracia es minoría que no incide aún en reducir a cero, los abusos sin nombre y en nombre de Dios.

 

M.C. Héctor Ramón González Cuéllar es Académico del Instituto Tecnológico de Tijuana

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